La espada del Espíritu, EL CUAL es la Palabra de Dios

 
 
¡Señor, una vez más venimos a Ti! ¡Oh, Señor Jesús! ¡Llénanos contigo! ¡Te amamos! ¡Te necesitamos! ¡Eres tan rico y disfrutable! ¡Sé real para nosotros en este momento! ¡Vivimos tan lejos de Ti, independientes y llenos de satisfacciones propias! ¡Danos un nuevo comienzo hoy! ¡Gracias Señor que eres accesible y eres eficaz! ¡Gracias que eres nuestro todo! ¡Todo te lo entregamos ahora! ¡Te entregamos ahora mismo aún nuestras cosas buenas, aún las revelaciones y la luz que tenemos en la Palabra! ¡Te entregamos nuestra elocuencia y nuestro completo entendimiento para ser llenos de Ti, puramente contigo! ¡Sálvanos de ser independientes de Ti aún en las cosas consideradas buenas! ¡Amén!
Hoy seguimos adelante, compartiendo nuestro disfrute en Efesios 6:17-18, que iniciamos en el artículo El Yelmo de la Salvación y la Espada del EspírituEs crucial que veamos que la frase “el cual” (aquí en masculino) se refiere o concuerda con “Espíritu” y no con “espada”. En algunas versiones en español se usa el neutro «que», el cual es correcto y aceptable pero no tan preciso y que genera el riesgo de confundirnos en cuanto a la concordancia adecuada: Palabra que es Espíritu o palabra que es (directamente) espada. Así que ¿qué nos dice en realidad el apóstol acerca de la Palabra de Dios? ¡Nos dice que la Palabra de Dios es el Espíritu! ¿Cuál es la verdadera conexión de «el cual»? Pues, con Espíritu y no directamente con «espada».

La Palabra de Dios es ciertamente la espada que derrota a Satanás, pero lo es solamente cuando la tomamos, es decir, cuando la recibimos como el Espíritu en nuestro espíritu. Vayamos otra vez a la porción en las Escrituras: “y la espada del Espíritu, el cual es la palabra de Dios.” La frase “el cual” que introduce “la palabra de Dios”, es masculina. Esta frase no es femenina, como “espada” (sustantivo femenino en español). “El cual” modifica a Espíritu y concuerda con “Espíritu”, de ninguna manera con «espada». La Palabra de Dios como el Espíritu es la espada que vence al enemigo. Cuando la Palabra no es el Espíritu en nuestra experiencia y solamente es letra, entonces no es la espada que presenta y describe Pablo en Efesios 6:17.

La espada del Espíritu es el Espíritu como espada para realizar una acción activa, un ataque para obtener la victoria. La Palabra de Dios en Efesios 6:17 es la espada porque es Espíritu. Necesitamos ver que toda la Palabra de Dios es Espíritu; no es un espíritu; no se comporta como el Espíritu o pudiera ser de algún modo el Espíritu… ¡no! La Palabra de Dios es Espíritu. ¡Aleluya! 

¡Hay tanta luz y revelación en esta porción! ¡Qué bueno que tal cosa está revelada en las Escrituras! ¡Tantas veces yo había expresado que la Palabra es la espada, pero hasta estos días mi afirmación era principalmente doctrinal. Había muy poca realidad en ella. Orando estos versículos he visto la naturaleza de la espada: ¡Espíritu! Pablo podía haber expresado simplemente que la Palabra (como texto, como simple letra) es la espada, ¡pero no lo escribió de este modo! Él dijo “la espada del Espíritu” y luego dijo que ese Espíritu es la palabra de Dios. ¡Así y no de manera diferente! Lo que media en la revelación bíblica pura entre “espada” y “palabra” es “Espíritu”. Hemos de recibir y seguir la Palabra de Dios, la revelación divina tal como Dios la expresa. ¡Amén!

¡Señor, nos abrimos a Ti una vez más! ¡Gracias que Tu Palabra es espiritual, y aún más, es Espíritu! ¡Gracias que esta espada está llena de la realidad divina, la sustancia divina! ¡Gracias Señor por Tu revelación maravillosa! ¡Queremos tener luz en Tu Palabra para ser uno contigo y seguirte mediante una visión actual y sólida! ¡Gracias por abrirnos tu Palabra en el ministerio! ¡Amén!

No son los argumentos en la palabra que podemos leer y comprender sólo con nuestra mente, ni son los meros pensamientos los que constituyen la espada. El Espíritu constituye la espada. Los pensamientos y afirmaciones por sí mismas no podrían derrotar a Satanás. Sólo podrá ser derrotado Satanás cuando la Palabra de Dios es real para nosotros, está constituida, labrada en nosotros y cuando la única realidad de la Palabra es el Espíritu para nosotros en nuestra experiencia. Aún compartiendo esta pequeña revelación, invoco el nombre del Señor y siento un gran fluir y me siento repleto del Señor. ¡Hay tanta luz en la Palabra, tanta luz en Efesios y tanta luz en Efesios 6:17-18! ¡Si todos tomáramos un tiempo y leyéramos con oración esta porción, ejercitando nuestro espíritu y abriéndonos al Señor para que Él nos inunde y rebozar de Él…! ¡Sería maravilloso!

¡La Palabra de Dios es el Espíritu como espada! En todas las Escrituras no existe tal cosa como la letra como espada, al menos no de manera positiva. Si la Palabra es espada para nosotros siendo sólo letra, sólo conocimiento y sólo doctrinas, que hemos entendido mentalmente, sin acudir a Dios en la Palabra y sin ejercitar nuestro espíritu, entonces esa espada en nuestras manos sólo servirá para matarnos a nosotros mismos. No será el enemigo de Dios la víctima, sino los santos, el fluir de Dios, el disfrute de Dios, la edificación del Cuerpo, la preeminencia de Cristo, la compenetración y la economía de Dios.

Sólo la vida de Dios lleva adelante el propósito de Dios y es verdaderamente uno con Dios, pues es Dios, y aparta, aleja, derrota y prevalece sobre el enemigo. Cualquier espada que no esté relacionada con la Palabra tomada, recibida y experimentada como el Espíritu, no tendrá como contendiente y enemigo a Satanás, sino a los amados santos y al Señor. En este caso llegaremos a ser los que, en base a nuestras opiniones y conceptos, enterramos la espada en nuestros hermanos y hermanas. La espada como Espíritu, que es la Palabra de Dios es para ser llenos de Cristo y así seremos verdaderamente uno, no sólo en nuestros espíritus sino en nuestras almas, para la edificación orgánica del Cuerpo de Cristo como morada de Dios, mutua habitación de Dios y los santos, Cuerpo y Novia de Cristo, que llegará a ser finalmente la Nueva Jerusalén en los cielos Nuevos y la tierra nueva por la eternidad.

 
Ref:
Estudio-vida de Efesios y La experiencia de la vida.

Oración al Comienzo del Estudio-Vida de Génesis

Esta es la oración que da comienzo al Estudio-vida de Génesis:
«¡Alabado sea el Señor por la Biblia! ¡Alabado sea el Señor por la vida, la vida divina, la vida eterna, que contiene este libro! ¡Y alabado sea el Señor por habernos brindado la oportunidad de tener un estudio-vida de Su Palabra divina con una congregación tan grande! Si Dios quiere, a partir de hoy, 6 de abril del 1974, continuaremos este estudio-vida que nos llevará por toda la Biblia, libro tras libro, cada fin de semana. Que el Señor nos conceda Su bendita presencia y Su rica unción en todo nuestro estudio»
He regresado desde el mensaje 3 para emplear algún tiempo en esta oración inicial. Quizás suene raro a muchos el hecho de que he orado esta oración, pero lo he hecho y puedo decirles que he disfrutado al Señor, lo he experimentado en la Palabra, he visto, he sido alentado, instruido y corregido; mis conceptos cambiados y mis motivaciones internas en relación con el estudiar la Palabra cambiados también. He notado con gozo que ya no es curiosidad intelectual, sino anhelo del Señor quien es tan dulce y rico; y la revelación bíblica, más que mera narración de hechos, revelación de Cristo.
En la oración encontramos la Biblia, la vida divina, eterna, contenida en las Escrituras y en este libro en particular, y luego tenemos el estudio de la misma. Noten el orden. Para mí ha sido muy revelador. Este estudio-vida es una exposición rigurosamente escritural, pero no es academicista y teológica en principio, aunque también muestra la teología más elevada. El énfasis es el disfrute de la vida divina, Quien es el Señor en nuestro espíritu: disfrutable, divino, eterno, rico y quien es todo para nosotros, nuestra salavación, nuestra luz, nuestro camino, nuestro alimento y sustento… Toda la Verdad tiene que ver con nosotros. Si es algo fuera de nosotros, sencillamente es algo que no es bíblico y según el propósito divino. Hemos de ejercitar nuestro espíritu para contactar con el Señor siempre que nos acerquemos a la Palabra, pues la Palabra recogida y escrita es Espíritu y es vida. Hay quien no se siente muy cómodo con este énfasis, pero desde mi experiencia puedo decir que al ejercitar mi espíritu al acercarme a la Escritura, en cierto sentido ha hecho que la Palabra sea nueva para mí, pues es el Espíritu quien da vida, la letra para nada aprovecha.
Yo he estudiado la Biblia varias veces siguiendo varios métodos, propios y aprendidos y puedo testificar que el Estudio-vida da en el blanco en cuanto a conocer al Señor, quien es la Verdad y quien es vida que da vida. La Verdad no es el compendio de las cosas constatablemente verdaderas, sino una persona maravillosa. Las respuestas necesarias vienen espontáneamente en forma de revelación. Lo comparto y recomiendo, hermanos.
Notas personales del Estudio-Vida de Génesis,