Un sacerdote es alguien especial que tiene ciertas funciones

Entramos al sacerdocio por la redención

La redención

Nadie puede convertirse en sacerdote de Dios por elección o decisión propia. La única puerta de entrada al sacerdocio es la redención. Todos los redimidos pueden -deben- ser sacerdotes de Dios. Es posible que el número de redimidos sea mayor que el número de sacerdotes que están viviendo y funcionando como tal, pero el número de sacerdotes nunca puede ser mayor que el de los redimidos. A Dios le corresponde seleccionarnos, elegirnos, redimirnos, salvarnos y capacitarnos para el sacerdocio. No existe una vía alternativa. El sacerdocio es de Dios, por Dios y para Dios, con nosotros y para nosotros.

Clase intermedia

El único caso en que aparecerá una clase de servidores de Dios, que van a la presencia de Dios, ministran a los hombres y participan en todos los asuntos de la administración divina, que es distinta de otra parte de los creyentes enseñada a depender de los primeros para contactar, recibir y disfrutar a Dios, entonces estamos ante un panorama de degradación de la iglesia. La única manera en que el propósito de Dios se cumplirá es que todos los santos sean sacerdotes activos y apropiados.

Un sacerdote es alguien que sirve a Dios…

  • Cuando disfruta a Dios en Cristo (Ro 1:9; Ga 5:22)
  • Por medio de Cristo como realidad de las ofrendas (1P 2:5)
  • Con Cristo, mediante Cristo, por Cristo (Fil 1:8, Col 1:27-28; 2:9-10).

Un sacerdote es alguien que tiene una relación íntima con Cristo.

  • Disfruta a Cristo (Fil 3:1; Ef 3:8).
  • Vive por Cristo -Cristo es su comida, su vestido y su morada (Jn 6:57b; Ga 3:27; Jn 15:4).

Un sacerdote es alguien que contacta y se mezcla con Dios.

  • Contacta a Dios al mezclarse con Dios (1 Co 6:17)
  • Está absolutamente y completamente mezclado con Dios (Jn 14:20).

Un sacerdote es alguien que está vinculado de manera única con la morada de Dios.

  • Llega a ser parte de la morada de Dios, la casa de Dios (1P 2:5).
  • Edifica la morada de Dios (Ef 2:21-22).

Un sacerdote es alguien que testifica de Dios.

  • Porta en sí mismo el testimonio de Dios (Ap 1:2, 9).

Un sacerdote es alguien que ministra…

  • Cristo mismo a los demás (Ro 15:16; 2Co 4:5).

Un sacerdote es alguien que introduce la comunión de Dios y el hombre.

  • Introduce al hombre en comunión con Dios y que introduce a Dios en comunión con el hombre (1Jn 1:3).

Un sacerdote es alguien que labora.

  • Es un sacerdote del evangelio de Dios (Ro 15;16).

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Ref:
  • La palabra santa para el avivamiento matutino,“Estudio de cristalización de Éxodo tomo 2″, semana 12: “Un reino de sacerdotes”
  • El avance del recobro del Señor hoy, caps 1-2
  • El sacerdocio, pág 54
  • The Collected Works of Witness Lee, 1965, tomo 2, págs 455, 459 y 461
  • The Collected Works of Witness Lee, tomo 2, «Functioning in Life as Gifts Given to the Body of Christ, caps 7-8.

Cristo es el renuevo doble para el cumplimiento del propósito de Dios como Sumo Sacerdote y Rey

Cristo es el renuevo de Jehová y de David

¡Cristo es el renuevo de Jehová y es el renuevo de David! (Isaías 4:2; 11:1). Me encanta esta frase. Contiene e implica lo divino, lo humano, el proceso y fluir de Dios, la encarnación, la salvación, el sacerdocio, la economía de Dios, el propósito divino, Cristo, nuestra experiencia de Cristo, el reino de Dios…

Renuevo de Jehová y de David

Esto es un misterio y al mismo tiempo una maravilla. ¿Jehová necesitaba ser renovado? Estas es una pregunta genuina. Jehová Dios no tenía -ni tiene- ningún problema en cuanto a Su naturaleza o Su condición. El no envejece. Él siempre es el mismo, permanentemente fresco y nuevo.
No hay corrupción ni deterioro en Dios. El Dios de entonces esencialmente es el mismo Dios de ahora, sin embargo Dios tiene un deseo y un propósito. Para cumplir el primero y llevar a cabo el segundo Él necesitaba fluir, es decir, extenderse hacia la humanidad, entrar en la humanidad. ¡Esto ocurrió! ¡Ya ocurrió!
Este renovar fue llevado a cabo mediante la encarnación (Juan 1:1, 14). ¡Dios se encarnó! ¡Cristo es el renuevo de Jehová y el renuevo de David! ¡Aleluya! ¿Podemos describir técnicamente esto? ¿Aún podemos entenderlo como entendemos, por ejemplo, la fotosíntesis? La respuesta es «no» a ambas preguntas. Como hemos comentado, este es un misterio de Dios. El hecho claro es que Dios se hizo carne, se introdujo en la humanidad, y llegó a ser un hombre perfecto en la persona de Jesús.
“Renuevo de Jehová» se refiere a Su procedencia divina y “renuevo de David» tiene que ver con Su procedencia humana.
Entonces Cristo como renuevo de Jehová proviene, desciende de Dios, y Él es Dios; y como renuevo de David, desciende, proviene de David, quien es hombre, y Él mismo es hombre.

Cristo Sumo Sacerdote y Rey; y consejo de paz habrá entre ambos

Cristo es el Sumo sacerdote Real

En Zacarías 6:12 vemos que el profeta le habló a Josué, el sumo sacerdote de entonces, diciendo que Cristo sería el Renuevo de Jehová para edificar el templo de Jehová, como sumo sacerdote y Rey. Leemos “llevará majestad y se sentará y regirá en su trono; será sumo sacerdote en su trono”. Nuestro sumo sacerdote y nuestro Rey -Cristo- ocupa ambos cargos con absoluta y perfecta armonía para la edificación de Su Casa, como vemos en Zacarías 6:13: “ y consejo de paz habrá entre ambos”. “Ambos” habla del sacerdocio y el reinado de Cristo.

Cristo es el único capacitado para desempeñar ambos cargos, el cargo y oficio sacerdotal, y la dignidad de Rey, un sacerdote real y un rey sacerdotal, porque Él es Dios-hombre. Cristo desempeña ambos cargos para la edificación de la iglesia como templo de Dios.

El sacerdocio real, el aarónico y el divino

El sacerdocio aarónico resuelve el asunto del pecado. Una vez resuelto el asunto del pecado, queda la cuestión de la muerte. La muerte, producida por el pecado (Ro 5) y sus resultados debían ser resueltos también. Los resultados de la muerte, según Romanos 8 son la vanidad, la corrupción, la esclavitud, el deterioro y el gemir… Es por causa de estos resultados de la muerte que necesitamos el sacerdocio divino, que está lleno de vida y nos proporciona vida.
Cristo es el sacerdote perfecto y todo-inclusivo. Él también es Rey. Cristo es el sacerdote real o Rey sacerdotal, en perfecta armonía y unión, sin ningún conflicto entre ambos, para derrotar a Su enemigo y edificar la Casa espiritual. Recordemos también a Hageo 1:1-2 donde el gobernador y el sumo sacerdote se mencionan juntos.

Ministerios terrenal y celestial de Cristo

Mientras Él estuvo en la tierra, durante Su ministerio terrenal, Cristo fue sacerdote según el orden de Aarón. El sacerdocio del orden de Aarón presenta las ofrendas de parte de los hombres ante Dios para para resolver el asunto de sus pecados. Era necesario que el pecado fuera quitado de en medio, por ello Cristo en Su etapa terrenal se ofreció a Dios como ofrenda por nosotros para quitar el pecado de en medio, y nos llevó consigo (He 9:14, 26).
Sin embargo, en Su resurrección y ascensión, después de Su muerte, Él trascendió el sistema de ofrendas del orden de Aarón y fue designado Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec (5:6, 10), ya no para ofrecer sacrificios por el pecado, ya resuelto mediante la ofrenda única y exitosa en la cruz, sino para ministrarnos -servirnos, presentarnos y que tomemos- el pan y el vino celestiales (Ref: Mateo 26:26-28).
¿Qué significa esto? Este pan y este vino representan nuestra alimentación completa y suministro celestiales. Ellos consisten en el mismo Dios, que está disponible como el Espíritu vivificante que recibimos al creer para nuestra completa salvación. Esta maravillosa disponibilidad de parte de Dios es posible como resultado del proceso de encarnación, vivir humano con su ofrenda única y aceptada, su crucifixión, y la resurrección culminada en la ascensión, para nutrirnos, refrescarnos, sostenernos, consolarnos y fortalecernos (He 7:25). ¡Esto es maravilloso!

Hebreos 7: Sumo sacerdote y rey

El libro de Hebreos trata acerca del Cristo celestial. Dentro de este asunto lo principal es que Él es el Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec -Rey de justicia y Rey de paz-, lo cual incluye el reinado, con poder y autoridad (2:17; 4.14; 5:6, 10; 6:20; 7:1-3, 28; 8:1-2; 9:11: Sal 110:1-4).
El ministerio celestial de Cristo en Su ascensión incluye Su reinado, en el cual Él gobierna sobre la tierra y administra nuestros asuntos; también incluye Su sacerdocio, donde Él intercede por nosotros, llevando nuestro caso delante de Dios y ministrándonos a Dios mismo a nosotros. Esto es para la edificación de la iglesia como templo de Jehová, el templo de Dios.

Objetivos del sacerdocio real

Este sacerdocio real, con todos sus resultados y efectos, tiene 2 objetivos principales: Combatir contra los enemigos de Dios para traer justicia y paz, con el propósito de que Dios pueda ministrarnos al Dios Triuno procesado, del que hablamos anteriormente, disponible como el Espíritu que da vida, para que sea nuestro disfrute y suministro diarios (vs 1-2; Gn 14:18-20).
Cada día necesitamos al Dios Triuno -recordemos el maná- para ser alimentados, avivados, y suministrados por Él. Cada día normal para un creyente normal incluye ser lleno del Señor para disfrutar de una salvación real y plena ese día -no en un futuro lejano ni en un pasado remoto-. Esto es espiritual y al mismo tiempo algo muy práctico y experimentable, además es nuestra necesidad evidente.
Aquí llegamos al segundo objetivo del sacerdocio real, que es nuestra salvación en Su vida hasta la glorificación de todos los elementos derivados de la muerte y relacionados con ella. Este sacerdocio divino equivale a la ausencia de muerte y la presencia de vida (He 7:25, 28; Ro 5:10; 8:19, 21, 23, 30).

La piedra en Betel llega a ser la casa de Dios y nuestra casa

El sueño de Jacob contiene los elementos más importantes de toda la Biblia

El sueño de Jacob es lo más importante en toda la Biblia porque se desarrolla hasta la plenitud de todas las cosas

El sueño de Jacob es crucial para la revelación de Dios a lo largo de toda la Biblia. De hecho, allí se revelan cuatro elementos fundamentales que serán desarrollados en la Escrituras posteriormente, hasta Apocalipsis.  En el post anterior vimos que Jacob tuvo un sueño. Este sueño no provenía de él mismo, sino de Dios. Es el sueño de Dios, el cual progresivamente llega a ser nuestro propio sueño. Jacob lo había perdido todo. Estaba sin techo y en completa soledad. La primogenitura que había robado a su hermano, que era mayor que él, había ocasionado que tuviera que huir lejos de todo lo que era familiar e importante para él, y estaba en el desierto. Allí tuvo este sueño celestial (Génesis 28:11-22).

El sueño de Jacob contiene varios elementos como la piedra, la casa, el aceite, la columna y la escalera. Todos estos asuntos serán desarrollados más adelante en las Escrituras y constituyen el corazón de la revelación de la economía de Dios en la Palabra.

¡Señor, gracias por el sueño de Jacob. Gracias porque eres un Dios que se revela. Gracias por el ministerio neotestamentario disponible. Señor, Te amamos. Señor, amamos Tu Palabra. Revélate a nosotros. Gracias por esta visión-sueño de Betel. Gracias que nos has escogido para ser piedras vivas para Tu edificio. Abre nuestros ojos. Prepara nuestro corazón. Gracias que esta mañana te estamos disfrutando en Tu Palabra. Revela tu edificio a nosotros. Revela nuestra condición esta mañana para tomarte como si fuera la primera vez. Eres tan disfrutable. Gracias Señor por Tu economía. Amén!

Génesis 28:22 Esta piedra que he erigido como columna será casa de Dios

La piedra y la casa de Dios en el sueño de Jacob

Jacob tomó una piedra del lugar donde estaba y la usó como almohada. Es la primera vez en la Biblia que se menciona una piedra. Anteriormente sólo podemos ver la piedra de ónice en 2:12 y los ladrillos relacionados con Babel. La piedra siempre tiene como fin el edificio:

  • A Pedro el Señor le cambió el nombre de Simón a Cefas a (Juan 1:42), que quiere decir Pedro (piedra).
  • En Mateo 16:13, el Señor le preguntó a Sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?”, Pedro contestó: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, el Señor Jesús replicó: “Yo también te digo que Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia” (Mateo 16:16-18).
  • Cuando Pedro escribió Sus epístolas, dijo “Vosotros también, como piedras vivas, sois edificados como casa espiritual (1 Pedro 2:5). Aquí vemos a “piedra” y “casa” estrechamente relacionadas. 
  • Pablo retomó el concepto al decirle a los corintios que ellos eran “Edificio de Dios” (1 Corintios 3:9) y nos advierte en el siguiente versículo respecto a la manera en que edificamos y lo materiales que usamos, porque toda obra será probada con fuego.
  • Tanto las piedras para el edificio de Dios en 1 Corintios 3, como las piedras preciosas para edificar la Nueva Jerusalén, en Apocalipsis, muestran que las piedras son para la edificación de la casa de Dios de manera muy coherente y sostenida.

La piedra que Jacob usó como almohada fue erigida por él como columna, derramando aceite sobre ella. Antes de Génesis 28 no encontramos columnas en el registro bíblico:

  • En el relato acerca de Babel y su torre no hay columnas, sin embargo sí encontramos dos grandes columnas en el templo que levantó Salomón (1 Reyes 7:21).
  • En Gálatas 2:9 vemos a Pedro y Juan como columnas de la iglesia, y en Apocalipsis 3:12 vemos a los vencedores como columnas en el templo de Dios.

Tampoco podemos encontrar casas antes de Génesis 28:

  • Abraham, Isaac y Jacob vivían en tiendas.
  • Después del sueño en el desierto Jacob no nos habla de una tienda, que era lo más familiar para él y su cultura, sino de la casa de Dios. Esto es significativo. 
  • La casa de Dios es Su descanso, Su satisfacción y Su expresión.
  • La casa finalmente será agrandada hasta convertirse en una ciudad que expresa a Dios (Apocalipsis 4:2-3; 21:11).

El aceite simboliza a Dios alcanzando al hombre. Dios es Triuno, el Padre como fuente, el Hijo como corriente y el Espíritu es el fluir que llega a nosotros. Dios está en los cielos, pero también está en el hombre. Esto está representado en el derramamiento del aceite que Jacob hace sobre la piedra-almohada:

  • Una vez que la simple piedra recibió el aceite perdió su naturaleza común y se convirtió en la casa de Dios.
  • Es importante que veamos que lo que hace que la piedra común se convierta en la casa de Dios es la presencia de Dios.
  • Cuando Dios está presente podemos hablar de casa de Dios.
  • Sin Dios, no importa cuánta estructura haya, no hay morada divina.
  • Para que una casa sea nuestra, nuestro hogar tiene que estar ubicado dentro de ese edificio. Lo mismo sucede con Dios.
  • El aceite representa a Dios que llega al hombre.
  • La existencia, presencia y derramamiento de ese aceite sobre la piedra común es lo que hace que esa piedra represente la piedra viva de la casa espiritual de Dios, que no es algo común. Es Dios quien transforma lo común en santo mediante Su presencia.
  • La persona de Dios es lo único santo del universo. Cuando Él está, la santidad está. no existe santidad en la corrección, en la pulcritud, en las buenas acciones.

¿Podemos decir que una buena acción es mala? No. ¿Podemos decir que es santa en sí misma? Tampoco.

Antes de ser salvos no había algo sólido en nuestro interior en lo que pudiéramos apoyarnos. No importa cuánto tuviéramos o cuánta seguridad hubiera a nuestro alrededor, dónde vivíamos o cuál fuera nuestra edad o educación. Todo era ligero y relativo. Cuando recibimos al Señor entonces algo estable y verdaderamente sólido vino a nosotros, y está ahora en nosotros. Puede que hayamos pasado por dificultades después de ser salvos, pero profundamente en nuestro interior sentimos algo sólido sobre lo que podemos apoyarnos y en lo que podemos descansar.

Esta roca sólida es la naturaleza, el elemento mismo de Cristo, forjado en nuestro ser. Nosotros fuimos hechos del polvo de la tierra (Génesis 2:7). Romanos 9 indica que somos vasijas de barro, y no de piedra… a los ojos de Dios el lodo jamás puede ser nuestro descanso. [Lo que es meramente humano no puede] ser nuestro verdadero descanso… Nuestra almohada es el elemento divino, Cristo mismo forjado en nuestro ser.

La naturaleza divina es la roca en nuestro ser. Cristo no es barro, sino roca, la roca. Cristo forjado en nuestro ser es Dios mismos transformándonos de barro en roca para Su edificio. Después del sueño, Jacob erigió la piedra como  columna. Esta piedra, que es el material únicamente idóneo para el edificio de Dios, debe ser nuestro material de edificación. Dios descansará cuando esta piedra sea erigida como columna para Su casa. En ese momento nosotros descansaremos. El material adecuado erigido y establecido para la edificación produce el descanso de Dios porque obtiene Su casa, y nuestro descanso porque obtenemos nuestra casa.

Cristo forjado en nosotros nos convierte en piedras vivas y Dios obtiene Su morada anhelada; y nosotros obtenemos nuestra morada cuando Cristo se forja en nosotros. Sólo las piedras vivas habitan en la morada de Dios. ¡Aleluya! Dios y nosotros tenemos casa. Dios en nosotros y nosotros en Dios. Es glorioso ver esta morada mutua. La piedra-almohada de Génesis 28 llega a ser la casa de Dios, que es nuestra casa, llega a ser Su reino, que se expande hasta ser una ciudad. ¿Este sueño es maravilloso! ¡Esta visión es maravillosa!

Ref:

  • La palabra santa para el avivamiento matutino, Estudio de cristalización de Génesis (5), semana 25, cuyo tema es «El sueño de Bet-el»
  • Estudio-vida de Génesis mensajes 72

Betel, el sueño de Dios, de Jacob y nuestro sueño

Dios sueña con obtener la Nueva Jerusalén, que es la morada eterna de Dios y Sus elegidos (Ap 21:2, 22)
Dios sueña con obtener la Nueva Jerusalén, que es la morada eterna de Dios y Sus elegidos (Ap 21:2, 22)

El sueño de Dios, nuestro sueño.

Dios tiene un sueño, que es Su anhelo, el cual cumple Su propósito. Éste consiste en obtener la Nueva Jerusalén, que es la morada eterna de Dios y Sus escogidos redimidos (Apocalipsis 21:2, 22).

El principio básico de un sueño es que en él nos ocurre algo imposible. Nuestra salvación fue un sueño, el sueño inicial de nuestra vida espiritual. Nosotros fuimos salvos aún cuando era imposible. Nuestra entrada en la vida de iglesia también fue un sueño espiritual. Todo aquel que ha entrado en la vida de iglesia ha tenido un sueño en el cual se ha producido algo imposible.

Siguiendo este principio, el sueño de Dios es no solamente algo maravilloso sino que es algo completamente imposible según nuestras percepciones y capacidades naturales. Dios tiene un sueño, y aunque es imposible para el hombre es posible para Dios. Este sueño es maravilloso y por definición es algo imposible, pero es un sueño que Dios está llevando a cabo. Este sueño consiste en la obtención y edificación de la casa de Dios, Betel.

Dios se propuso llevar a cabo una serie de pasos para cumplir el anhelo de Su corazón, para ello creó todas las cosas, y en el centro de la creación colocó al hombre. El hombre fue creado de manera sustancialmente diferente de todas las demás partes de Su creación. El hombre fue creado a Su imagen, conforme a Su semejanza, con un espíritu que generó un alma viviente, la clase de vida más elevada exceptuando la vida divina, le encomendó al hombre Su autoridad (Génesis 1:26) para que el hombre fuera capaz de contenerlo y expresarlo. ¡Aleluya! Entonces el hombre fue puesto en el huerto del Edén, frente al árbol de la vida, para que comiera del fruto de este árbol y recibiera así el elemento de Dios.

Sin embargo, el hombre, instigado por el enemigo, comió del árbol del conocimiento del bien y del mal, e ingirió el elemento letal del enemigo. Esta es la caída del hombre. Ahora el pecado y la muerte están en el hombre y constituidos en su ser.

Pero Dios aún tiene un sueño. Para su cumplimiento se hizo hombre, vivió como tal, murió sin pecados, resucitó y ascendió para regresar como el Espíritu vivificante (Juan 14:16-18; 1 Corintios 15:45; 2 Corintios 3:17-18; ) para morar en el hombre y constituirse en él. Esta es la clase de procedimiento perfectamente excelente e imposible que Dios hace posible para cumplir Su sueño de edificar Su casa. ¡Aleluya!

El elemento de la vida de Dios, que el hombre había perdido cuando cayó, vuelve a estar disponible en la práctica. Dios vuelve a ofrecerse al hombre. Dios vuelve a estar accesible. El hombre es redimido por Dios para que el hombre recobre la posición adecuada para tomar y recibir a Dios. Entonces cuando el elemento de Dios está en el hombre y el elemento del hombre está en Dios, queda establecida la base para la edificación de la morada de Dios:

La casa de Dios es el lugar para el descanso de Dios, Su satisfacción y Su expresión. Dios se siente en Su hogar cuando está en Su casa (Efesios 2:22) y es la manifestación de Dios en la carne, Dios manifestado en el hombre (1 Timoteo 3:15). Finalmente, la casa de Dios será ampliada como la Nueva Jerusalén (ver Apocalipsis 4:2-3; 21:11), Su sueño Dios tuvo un sueño, una ciudad edificada, como consumación de Su economía; esta edificación es la mutua edificación de Dios en el hombre y del hombre en Dios: El edificio de Dios es un Dios-hombre, un edificio en el cual Dios es el hogar del hombre (Salmos 90:1; 91:1, 9) y el hombre es el hogar de Dios (Isaías 66:1-2; 57:15; Juan 14:20, 23; 15:5; Apocalipsis 21:3, 22).

El sueño de Dios llega a ser nuestro sueño. La esencia de cualquier sueño espiritual genuino es la confluencia de Dios y el hombre. Nada que tenga que ver con Dios sin el hombre, o que trate del hombre excluyendo a Dios, tiene que ver con Cristo. Cristo es la escalera espiritual que trae el cielo a la tierra y une la tierra con el cielo (Juan 1:51).

El sueño de Jacob es el sueño de Dios

El sueño de Jacob es el sueño de Dios, Betel, la casa de Dios, que es la morada de Dios y el hombre.
El sueño de Jacob es el sueño de Dios, Betel, la casa de Dios, que es la morada de Dios y el hombre.

El sueño de Jacob fue un sueño de la meta de Dios, el sueño de Bet-el, el sueño de la casa de Dios (Génesis 28:10-22), la cual hoy es la iglesia (1 Timoteo 3:15) y cuya consumación será la Nueva Jerusalén.

Jacob fue escogido por Dios desde el vientre de su madre. Él estaba al tanto de esto, sin embargo vemos cómo actuó de manera negativa, fue un engañador, robó, mintió y fue astuto de manera inapropiada.

Dios había asignado de antemano la primogenitura para Jacob. Él mismo quería la primogenitura de una manera muy intensa. Para alcanzar su objetivo se comportó como un suplantador, mentiroso, ladrón, es decir, usó sus habilidades naturales, fue completamente independiente de Dios. El agarrar el calcañar de su hermano fue algo que hizo siempre a juzgar por la sagacidad e impureza con que actuó.

Jacob anhelaba la primogenitura y la bendición paterna, para ello fue habilidoso, usó triquiñuelas e hizo planes que más bien parecían conspiraciones. Todo esto no le llevó a obtener y disfrutar la primogenitura, sino que este fue el medio que Dios usó para tratar con él, quebrantarlo como hombre natural, y que alcanzara la madurez, para el apropiado disfrute y ejercicio de Su primogenitura. Todas estas cosas que vemos en Jacob no llegan al estándar de la justicia de Dios, y en su camino Dios tenía que cortarlas de raíz.

Ya que Jacob robó la bendición que su hermano Esaú debió haber recibido de parte de su anciano padre, tuvo que huir de la casa familiar hacia donde vivía su tío Labán con su familia. En Genesis 28 vemos que el llegó a un lugar en el desierto, un sitio inhóspito y en una situación de soledad. Allí, tomó una piedra, la puso como almohada y se quedó dormido.

Una vez que, producto de su comportamiento bajo y criticable, tuvo que huir hacia el desierto, él durmió solo y desamparado, y tuvo un sueño en el que vio una escalera que alcanzaba hasta los cielos. Vio ángeles que subían y bajaban por ella. En este sueño Dios le hizo una promesa inimaginable: Que llegaría a ser una bendición para toda la tierra. Esta promesa estaba relacionada con la simiente, la tierra y con él mismo. Esto es increíble. ¿Cómo es posible que alguien como Jacob recibiera una revelación tan elevada, importante y excelente de parte de Dios?

Al despertar dijo: Seguramente esta es la casa de Dios; este es un lugar increíble, esta es la puerta a los cielos. Y tomó la piedra-almohada y la erigió como una columna, derramando aceite sobre ella, y llamó Betel a ese lugar. Jacob, un suplantador y un engañador, fue obligado a huir de la comodidad de su casa y a vagar por el desierto y allí Dios salió a su encuentro y le proporcionó un sueño que se convertiría en lo más importante en Génesis y en toda la Biblia.

Siempre en nuestra vida, todos y cada uno de nosotros, llegamos en algún momento a un punto en que nos encontramos alejado de todas las cosas que nos son agradables y conocidas. Es allí donde Dios sale a nuestro encuentro y nos da un sueño. Dios está esperando que nos hallemos en un lugar que nos permita estar listos y ser receptivos para Su revelación a nosotros. Dios nos espera para mostrarnos Su sueño, que llega a ser nuestro propio sueño; del mismo modo en que el sueño de Dios llegó a ser el sueño de Jacob.

Hoy la casa de Dios es la iglesia

El sueño de Jacob se está cumpliendo hoy. La esfera en la que esto ocurre es la iglesia (1 Timoteo 3:15). Este cumplimiento es gradual. Su plenitud y consumación lo tendremos en la Nueva Jerusalén, que es la morada eterna de Dios y el hombre  (ver Apocalipsis 21:3, 22).

En el Antiguo Testamento la casa de Dios era el tabernáculo y posteriormente el Templo. Hoy la casa de Dios es la iglesia. Dios mora en Su iglesia. La iglesia es donde el hombre y Dios están juntos. Es el encuentro de Dios y Sus escogidos y redimidos, la morad actual y real de Dios.

¡Dios, actualiza nuestro sueño de Ti. Muéstranos más de Ti para Tu propósito. Hoy Tu sueño está parcialmente cumplido. Revélate a nosotros. Queremos tener una experiencia nueva, fresca y rejuvenecida de Ti. Continúa madurándonos en nuestra filiación para que Tu casa esté completada. Sigue adelante con Tu edificación. Queremos ser Tu satisfacción y descanso. Sigue mezclándote con nosotros. Amén!

El sueño de Dios es la Nueva Jerusalén. Cuando pensamos en el sueño de Jacob y el sueño de Dios, si vemos la Nueva Jerusalén, la edificación de un Dios-hombre corporativo como morada mutua de Dios y el hombre, un edificio en el cual somos la morada de Dios (Isaías 66: 1-2; 57:15; Juan 14:20, 23; 15:5; Apocalipsis 21:3, 22) y Él es nuestra morada Salmos 90:1; 91:1, 9), entonces está llegando a ser nuestro propio sueño. ¡Alabado sea el Señor! Este no es un edificio material hacia el cual nos dirigimos salvando un espacio o un tiempo. La edificación de Dios produce un edificio espiritual para el cual el hombre debe ser edificado en Dios y Dios edificado en el hombre. Esto no sólo es maravilloso, sino que es la maravilla única que ocupa el corazón de Dios y satisface a Dios. Lo que cumple el propósito de Dios.

Si como creyentes nuestro sueño consiste en ser la morada de Dios y y que Dios llegue a ser nuestra morada. Si esta visión, este sueño, nos ocupa y nos cautiva, entonces es ciertamente nuestro sueño. En este caso, sin importar nuestro grado de madurez, edad física o trasfondo, podemos declarar: «¡Gracias Señor por Tu sueño que es el sueño de Jacob, que es ahora nuestro sueño, que cumple Tu propósito. Amén!«

Estas son notas de mi disfrute del Señor

  • – en «La palabra santa para el avivamiento matutino, Estudio de cristalización de Génesis (5), semana 25, cuyo tema es «El sueño de Bet-el», que puedes obtener aquí y aquí,
  • – en el Estudio-vida de Génesis mensajes 68 y 72,
  • – en el libro «El árbol de la vida, capítulos 1 y 5,
  • – junto con los versículos referidos y sus notas correspondientes de la Santa Biblia versión recobro, que puedes obtener aquí o (para los residentes en España) aquí.