La manera apropiada en que debemos reunirnos es hacer que la luz ascienda

Los cristianos continuamente sostienen controversias en cuanto a la mejor manera de reunirse. Para ello se ha ido creando, a través de los siglos, todo un ecosistema de liturgias y tradiciones con sus argumentos y razones correspondientes. Además, existen corrientes -a veces contradictorias entre sí- acerca del modo de establecer reuniones cristianas y adorar colectivamente. La marca aquí es siempre lo que es correcto y lo que no es correcto.

Organización humana

Algunos prefieren las reuniones silenciosas, porque creen que eso es solemne y que Dios, el Altísimo, merece y quiere solemnidad, de parte de nosotros Sus criaturas. Otros prefieren las reuniones “más libres” donde se establece una espacio para que los creyentes expresen algo, con proclamaciones, aplausos…etc, de manera “más desorganizada”, porque entienden que esto le da más libertad al Espíritu para fluir. Hemos de decir que la manera apropiada de reunirse no está en las formas de las reuniones, ni en nuestro entendimiento para establecer un sistema determinado con miras a hacerlo “bien”. No existe una manera correcta de reunirse en términos de organización humana. Eso es entender las reuniones cristianas a partir de la mentalidad humana.
En 1 Corintios 14:26 Pablo establece algo, que, según los tiempos que corren, podríamos calificar de revolucionario, sin embargo, fue escrito en el siglo I, y aún está en nuestras Biblias. Veamos:

1Corintios 14:26

«Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene enseñanza, tiene revelación, tiene lengua, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.»
El principio de la manera apropiada de reunirse el pueblo de Dios hoy como iglesia en el sitio en que vivimos, de manera cotidiana, no es una cuestión de orden exterior, sino que queda determinado por lo que somos en Cristo, lo que hacemos en Él y lo que recibimos de Él en la práctica. La reunión apropiada es aquella en la que cada creyente tiene ya algo de parte de Dios en el momento de acudir a la reunión. No importa tanto si la reunión tiene una forma u otra, si se realiza debajo de un árbol o en un edificio con columnas jónicas, lo importante está en el interior de cada creyente.
El verbo “tiene” está en presente. No dice “tendrá”. Cuando vamos a la reunión ya tenemos. Este es el énfasis. ¡Tenemos! Estrictamente según la revelación bíblica en esta porción, no debemos ir a las reuniones para allí encontrar algo. Esta palabra -siempre en presente- aparece en cinco ocasiones en este versículo. Significa principalmente “retener, poseer, guardar (algo)”, “tener (algo) para disfrutarlo”, y “tener los medios o el poder para hacer (algo)”. Los primeros dos significados, “tener, retener  y guardar algo para nuestro disfrute” deben ser aplicados a los dos primeros puntos enumerados en el versículo: Salmo, enseñanza y revelación. El último significado, que da la noción de la posibilidad y capacidad para hacer algo, debe ser aplicado a los dos últimos, lengua e interpretación.
Cuando venimos a la reunión debemos tener algo del Señor para compartir en la reunión debemos tener un salmo para alabar a Señor, una enseñanza, como un maestro, para ministrar las riquezas de Cristo para edificar y nutrir a otros; una revelación, como un profeta (v.30) para impartir visiones del propósito eterno de Dios acerca de Cristo como misterio de Dios y acerca de la iglesia como misterio de Cristo; un lengua, como señal para os incrédulos (v.22) para que lleguen a conocer a Cristo y lo acepten; y una interpretación para hacer que lo dicho de Cristo y Su Cuerpo sea entendido. Este es el patrón neotestamentario.
Repito, el patrón compartido por el apóstol Pablo es el mejor en términos de orden, porque de ese modo cada creyente puede expresar a Dios en las reuniones, cada creyente puede funcionar, anulando la tendencia natural hacia lo clérigo-laico, sin embargo, es posible tener una reunión apropiadamente bíblica, donde todos funcionen de manera adecuada, y aún así carecer de luz. Es posible tener una reunión bíblica según 1 Corintios 14 sin luz.

Por ello…

Antes de acudir a las reuniones debemos prepararnos, disfrutándole en oración, permaneciendo en la Palabra para purificarnos con su agua (Ef 5:26), recibir al Señor en la Palabra y ser llenos de Él… etc. La preparación no es ritual, sino espiritual. Debemos ir/permanecer en nuestro espíritu para allí ministrar al Señor con el objetivo de poder ministrarlo Él a los demás. La reunión es una esfera en la que nosotros entregamos Cristo y recibimos Cristo de los demás. Es un ámbito en el que la comunión se basa en la experiencia que los creyentes han tenido de Cristo y la manera en que lo ministran mediante profecía (no predictiva sino hablar de parte de Dios), salmos…
Según el contexto y el contenido de esta porción en 1 Corintios, una vez que lleguemos a la reunión, como hemos comentado antes, no debemos esperar ser inspirados, sino que debemos ejercitar nuestro espíritu para presentar con una mente sobria aquello que el Señor nos ha dado, para Su gloria y manifestación, y beneficio de los asistentes, para que sean iluminados.
Esto es brillar; emitir luz. Brillar es el resultado de nuestro disfrute y experiencia de Cristo, para que Él sea expresado en nosotros, para estar vestidos de Él. Debemos brillar expresando a Dios de esta manera. El punto principal de una reunión es estar vestidos de sacerdotes, o sea, expresar a Dios para emitir la luz divina. Aquello que el Señor nos ha entregado en nuestra comunión con Él debe ser expresado y compartido, como la luz que brilla en nosotros, que es Cristo iluminando, para que otros sean iluminados. Nuestra luz en Cristo es la luz que ascenderá en la reunión. Si esta luz asciende y algo de Cristo es ministrado a otros hay edificación. Esta sería una reunión apropiada. Sería una reunión de luz, donde Dios brilla, en Cristo como el Espíritu (ver Éxodo 27:21, nota 1). ¿Hay luz? Esa es la manera. ¿No hay luz? Definitivamente esa no es la manera.
Enfatizamos, cuando los creyentes, antes de la reunión vamos -o permanecemos- al Señor, lo contactamos en nuestro espíritu, permanecemos en el fluir de Su comunión divina y lo disfrutamos de una manera auténtica, entonces Dios podrá llenarnos consigo mismo hasta rebosar en nosotros. Este rebosar son nuestras vestiduras sacerdotales. Sólo los sacerdotes podía hacer arder las lámparas.
Cuando tenemos comunión con Él en Su Palabra y Él se infunde en nosotros, Su Palabra será abierta y lo comeremos. ¡Esto sería una lectura y estudio lleno de Cristo, lleno de luz, donde veremos, entenderemos y seremos capaces de ser constituidos gradualmente de Él! Entonces seremos sacerdotes que prendan las lámparas. La expresión de todas las riquezas de Dios serán impartidas en nuestro ser. No se trata de pensar cómo debe ser la reunión, sino de aprehender al Cristo que está en nuestro Espíritu como el aceite divino (otro aceite no sería apropiado) para brillar con la luz divina (otra luz no sería válida).
Cuando brillamos, Dios mismo es nuestra expresión. La reunión apropiada es aquella donde la luz de Dios asciende y los sacerdotes -nosotros- la mantenemos continuamente encendida en el Lugar Santo. No importa si somos jóvenes e inexperto o mayores y experimentados, el principio sigue siendo el mismo: La reunión apropiada es aquella donde la luz es Dios mismo, expresado por los sacerdotes santos. ¡Cuánto necesitamos aquellos que hacen arder las lámparas en las reuniones! ¡Cuánto necesitamos brillar y hacer brillar a otros!

La forma y el contenido

¿Cuál es la manera apropiada para reunirnos? No se trata de la forma, más bien de contenido. No es acerca de lo exterior sino de lo interior. Si venimos a las reuniones y hacemos todo correctamente -alabamos, oramos, proclamamos, hablamos y cantamos- y no hay luz, entonces no nos estamos reuniendo de manera apropiada. Si venimos a la reunión y sólo tenemos nuestra opinión y nuestra sicología, entonces sólo habrá luz natural. No estaríamos reuniendo de manera apropiada. Si lo que expresamos no es la luz divina (Dios como nuestra expresión), por el aceite apropiado (el Espíritu en nuestro espíritu), entonces la reunión es inapropiado. Cualquier hermano puede hablar, cantar o proclamar en la reunión y emitir luz. Podemos hacerlo nosotros y estar en tinieblas.
Recuerdo 2Ti 4:3 donde se habla de la «sana enseñanza» («sana doctrina» en algunas versiones). Este término es usualmente interpretado hoy como la enseñanza que es correcta en forma y que aparece en la Biblia. Si aplicamos este tipo de entendimiento, entonces lo contrario será lo que es técnicamente incorrecto y/o que no está presente en la Biblia. Este tipo de pensamiento es natural. Igual que el tipo de pensamiento que establece que las reuniones apropiadas son la que siguen cierto orden externo. No debemos tener este tipo de entendimiento superficial.
El término «sana», que también encontramos en 2 Ti 4:3; Tit 1:9; 2:1; 1 Ti 6:3; 2 Ti 1:13; Tit 2:8; 1:13; 2:2, implica la vida (la vida divina), no las formas. La sana enseñanza de los apóstoles equivale al evangelio de la gloria de Dios. Esta sana enseñanza, que es el evangelio de la gloria de Dios, el evangelio del Dios en nosotros, expresado por nosotros, ministra Cristo a otros como suministro de vida. Nuestra gran necesidad es ver; ver que la sana enseñanza según la Palabra pura de la Biblia, no según nuestro entendimiento natural, es aquella que proviene de la gloria de Dios, es decir, Dios expresado en nosotros, que ministra Dios a los demás.
No es sana ninguna enseñanza que distraiga a las personas del centro y de la meta de la economía neotestamentaria de Dios. Dicho de otro modo, cualquier enseñanza, correcta o incorrecta en las formas, que resulte de la gloria de Dios para ministrar Dios a otros, es sana e introduce a las personas en Cristo como centro y meta de la economía de Dios. «Sana» denota la vida siendo expresada por nosotros, no lo correcto o incorrecto formalmente. De igual modo opera con las reuniones, aquella donde se hacen arder las lámparas es apropiada. Lo correcto depende de la expresión de Dios y la realidad de Dios no de ningún concepto o forma. ¡Necesitamos ser purificados para hacer arder las lámparas en la reuniones, para ser los sacerdotes que se reúnen en el Tabernáculo de Dios, en el lugar santo, en santidad, con la luz divina!

Melquisedec

Cuando esto hacemos tendremos algo para entregar, compartir e impartir en otros, a la manera de ministrar Cristo, ministrar realidad, a otros. Aquí estaremos en una posición real, como sacerdotes reales que somos (1P 2:5,9). Recordemos a Abraham, cuando regresaba como guerrero victorioso y se encontró con Melquisedec, que le salió al encuentro. Moisés venía con todo el peso de la victoria y el botín de guerra. Él venía de obedecer a Dios, seguir a Dios y en una posición vencedora. No obstante el sacerdote del Altísimo, rey de Salem, le suministró con comida y bebida. Melquisedec no ofreció un sacrificio por los pecados de Abram, sino que siendo un brillante y victorioso guerrero, le proporcionó sustento. Melquisedec le dio de comer y de beber.
Aquí no se trata de alguien que ofrece sacrificios por un pobre pecador, sino de un Rey-Sacerdote -tipo de Cristo y modelo nuestro- que ofrece a un hombre victorioso su porción para Su satisfacción. Yo siempre pienso que Abram traía un botín con todas las riquezas, pero Melquisedec le dio comida. Cuando venimos a la reunión, debemos ser el sacerdocio real -me refiero al conjunto de sacerdotes- en funciones, ofreciendo a Cristo como nuestra comida y bebida a otros, y recibiendo de ellos Cristo, como comida y bebida celestiales, para la satisfacción de Dios y de nosotros. Esa es una reunión apropiada. ¡Cuánta luz! ¡Cuánta gloria! ¡Cuánto alimento! ¡Cuán rico y abundante el fluir de la vida divina, como el río de agua de vida que proviene del Trono de Dios y del Cordero para regarnos, alimentarnos, desvelarnos, impartirnos una visión, nos introduce en la alabanza, en el hablar de Dios, en la luz de la vida, la luz divina que asciende hasta Dios, aún nos arrastra como torrente! ¡Se imagina usted algo más excelente que esto? ¿Cree usted que en esa realidad alguien se preocupe del color de los calcetines de otros o de cuántas hebras tiene la corbata de quien está sentado a su lado.
Simplemente, la reunión apropiada es aquella que está llena de Cristo, como la vida divina en nosotros, que nos satura, y que brilla para ascender a Dios.
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Ref:
  • La palabra santa para el avivamiento matutino», titulado “El recobro del sacerdocio con miras al edificio de Dios”, semana 4, “Hacer arder las lámparas y quemar el incienso”
  • Estudio-vida de Éxodo, págs 1278-1280, 1268-1269; mensajes 114-115

Servir a Dios en la novedad del espíritu

Un sacerdote genuino sirve a Dios en la novedad del espíritu. Pablo servía en su espíritu. Este servicio era a la manera de adoración (Ro 1:9). Pablo era alguien que servía a Dios permaneciendo en su espíritu. Él disfrutaba al Señor en su espíritu y mantenía la comunión con el Señor. Su servicio consistía en atender al Señor allí, en su espíritu, contactando con Él y siendo infundido con la expresión de todas Sus riquezas.

Nosotros estamos libres de la ley. El Señor nos libró. ¡Hermanos, fuimos librados de la ley! Esta liberación es para -y únicamente para- que sirvamos a Dios de esta manera nueva.

En novedad del espíritu

Ahora libres de la ley podemos servir en la novedad del espíritu y no según la vejez de la letra (Ro 7:6). Debemos servir, no según la letra, no de acuerdo a ningún patrón externo, sino en la novedad del espíritu. ¿A qué nos referimos?
Esta novedad doble, de la vida (Ro 6:4) y del espíritu, están relacionados con nuestro espíritu humano regenerado. Hemos de saber que en nuestro espíritu hemos (2Ti 4:22) recibido al Espíritu vivificante (Ro 8). Por eso la novedad de la vida está relacionada con Cristo en Su resurrección, el cual es el Espíritu vivificante (1Co 15:45), que es uno con nuestro espíritu humano (1 Co 6:17). Podemos servir en la novedad del espíritu porque nuestro espíritu ha sido regenerado. ¡Aleluya!
La novedad del espíritu es consecuencia del hecho de que hemos sido librados de la ley y unidos al Cristo resucitado para servir a Dios. ¡Aleluya que nuestro espíritu ha sido renovado!
Gracias, Señor, que no somos los mismos. Gracias que Tu elemento está en nosotros. Gracias que Tu vida está en nosotros. Gracias porque has venido a nosotros a morar en nosotros como el Espíritu. Gracias que eres nuevo.

La novedad de la vida

La novedad de la vida es el resultado de nuestra identificación con el Cristo resucitado y tiene como finalidad que andemos en la vida (divina) diariamente. Toda novedad, tanto la novedad de vida, como la novedad del espíritu son el resultado de la crucifixión del viejo hombre y están relacionadas con la resurrección.

Ejercitar el espíritu

Debemos aprender a ejercitar nuestro espíritu. En la función de cualquier creyente como sacerdote debemos actuar, vivir y ser en nuestro espíritu, no en nuestra mente o nuestra alma, no según asuntos o cosas exteriores. Lo normal es que vivamos en el espíritu y de acuerdo a Él, porque todo lo que proviene del Espíritu es nuevo, ya que el Nuevo, el Novedoso, Aquel que es fresco y viviente, está en nuestro espíritu. Tanto la novedad del espíritu como la novedad de vida son resultados de la crucifixión del viejo hombre.
 

Himnos recomendados:

 
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Ref:
  • La palabra santa para el avivamiento matutino, titulada “Estudio de cristalización de Éxodo tomo 2″, semana 12: “Un reino de sacerdotes”
  • The Conclusion of the New Testament, pág 3065.

Cristo es el disfrute de los sacerdotes

Sin duda alguna, Pablo era alguien que disfrutaba al Señor y exhortaba a los otros hermanos a que estuvieran también en el gozo del Señor (Fil 3:1). Él repetía y enfatizaba esto a los santos por amor de ellos, en Cristo. Eso no era molestia para él. Ahora.. ¿Cómo no ser molestia el hacer algo una y otra vez, repetir lo mismo vez tras otra? El secreto está en el disfrute de Cristo, que nos limpia, nos anima, nos purifica y nos infunde con las riquezas de Dios.
Hemos visto anteriormente que un sacerdote es alguien que sirve a Dios al disfrutar a Dios en Cristo. El resultado de este disfrute es que podemos ministrar Cristo a los santos. Realizar esto:
  • Edifica
  • No causa división
  • Vivifica
  • Enseña apropiadamente ministrando Cristo
  • Redarguye porque revela a Cristo
  • Adiestra a los santos en la función apropiada
Cuando somos uno con Dios y disfrutamos a Cristo como Pablo, servimos con el énfasis adecuado, sin un plan propio y sin un liderazgo tendencioso. Pablo era tal sacerdote al disfrutar a Cristo.

El disfrute de Cristo es crucial

Nosotros como sacerdote debemos disfrutar a Cristo. En el disfrute de Cristo obtenemos el material necesario para la edificación. Este material es Cristo en nosotros como vida, la Palabra viviente en nosotros para transmitir. Esta transmisión debe ser la imagen de Dios en nosotros, Su expresión, producto de pasar tiempo ministrando a Cristo en nuestro espíritu, para que Dios pueda hablar y nosotros lleguemos a ser Su expresión, para llevar a delante la obra del ministerio, que es la edificación del Cuerpo de Cristo, de manera actualizada, es decir, intensificada para vencer en el entorno hostil que es el mundo. No comprometamos nuestro tiempo con el Señor de ninguna manera. Hemos de ser en general personas flexibles y adaptables, pero en cuanto a nuestro tiempo con el Señor, debemos ser muy firmes y decir «¡No!» cuando alguien o algo nos presione para eliminar ese tiempo de nuestra agenda. Si no pasamos tiempo con el Señor, no hay nada más.

El gozo del Señor es seguro

El gozo del Señor es la consecuencia de nuestro disfrute. Cuando el apóstol dice a los santos que es seguro para ellos regocijarse en el Señor, es porque este regocijo en el Señor es para ellos una salvaguardia, una seguridad. Muchas veces, siguiendo la lógica natural, la tradición heredada, el pensamiento del hombre caído, sobre la base de los rudimentos de nuestra mente no renovada, creemos en un sentido contrario. Nos imaginamos que lo más seguro es ser exigentes con los santos, en cuanto a fórmulas exteriores -entiéndase, ropa, peinado, calzado, gestos…-; o restringir, aún prohibir, a los hermanos el ir a ciertos lugares, no usar ciertas palabras, repetir ciertas «fórmulas mágicas”, hacer que guarden ciertos días o que se abstengan de comer ciertos alimentos. Esto, queridos amigos y hermanos, no es lo más seguro. Esto no pasaría la prueba del fuego.
Lo más seguro para llevar una vida apartada para el Señor, sirviéndole apropiadamente como sacerdotes, victoriosos en Cristo, es ir a nuestro espíritu regenerado, contactar al Señor y disfrutarlo. Disfrutamos a Cristo cuando estamos en el espíritu, cuando invocamos Su nombre, cuando pasamos tiempo en la Palabra con oración y súplica, abriéndonos al Señor para recibir Su infusión de vida en nosotros, permitiendo así al Señor crecer en nosotros como vida. De este modo seremos regulados por Cristo como la vida divina en nosotros, guiados por ella, ocupados en ella, llenos, saturados y rebosantes de vida. Aquí alcanzaremos ese gozo inefable, y paz. En ese momento y de ese modo, estaremos seguros del mundo, del pecado, del maligno, del yo…

Todos los santos han de servir

En el libro de Efesios, capítulo 3, versículo 8 leemos: “A mí, que soy el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar a los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo. ¡Qué gran patrón tenemos en Pablo! Era un hermano que permanecía en el Señor. Veía a Cristo y a sí mismo de una manera tan clara y sobria. Este versículo contienen varios puntos importantes, pero nuestra carga ahora va en dirección al Pablo sacerdote, cuyo funcionamiento en el Señor nos traía las inescrutables riquezas de Cristo.
Sabemos que en Cristo hay inescrutables riquezas, pero ¿había también esas inescrutables riquezas en Pablo para que él nos las pudiera transmitir a nosotros? Podemos hacernos otra pregunta: ¿Era Pablo un creyente tan único que Dios le confió y depositó en él todas Sus riquezas, de manera privativa, para que pudiera él pasarla a nosotros? Veamos, sí y no. Sí era un creyente excepcional. No era único en su especie ni recibió algo diferente de lo que los demás santos pueden recibir de Dios. Sí, hay inescrutables riquezas en Cristo. No, Pablo no era exclusivamente alguien que las recibía y las transmitía. Sí, Pablo era un sacerdote apropiado. No, no estaba solo en este honroso oficio.
Oremos mientras leemos este versículo. Abrámonos al Señor de una manera cabal y recibamos esta palabra en el espíritu para tener comunión con Él. Que la Palabra viviente nos vivifique. En el mismo versículo en que Pablo declara que anuncia las inescrutables riquezas, él dice ser “el más pequeño de todos los santos” y que la gracia (Ef 3:2) no era suya, ni producto de algún método muy efectivo, sino que le “fue dada”. ¡Aleluya! ¡No se goza usted?! Es maravilloso.
Todo los santos podemos recibir la misma gracia dada a Pablo. Es cierto que Pablo era el más pequeño y último de los apóstoles (1Co 15:9). El único que no anduvo con Cristo en Su ministerio terrenal, pero no era, en cuanto a su ministerio, inferior a éstos (2Co 11:5; 12:11). Recibimos la misma gracia que Pablo. Otra cosa es que no recibimos los mismos dones que él recibió.

Lo que Pablo anunciaba

Al contrario de lo que hoy nos pueda parecer, al margen de las impresiones que tengamos, el apóstol Pablo no anunciaba doctrinas, sino las inescrutables -insondables- riquezas de Cristo. Estas riquezas (Ef 1:7, 2:7) es lo que Cristo es para nosotros, como por ejemplo luz, vida, justicia y santidad y todo lo que tiene para nosotros. Además incluimos todo aquello que Él ha llevado a cabo, completado, logrado y obtenido para nosotros.
Debemos ver que Cristo no es solamente el hombre histórico que caminó por las tierras de Judea, Samaria y Galilea hace muchos años; ni siquiera es meramente el Cristo anunciado en los evangelios que entró al mundo de manera extraordinaria, vivió de forma impecable, realizó milagros, cautivó personas, controló los elementos y murió en la cruz sin merecerlo.
Necesitamos ver que Cristo hoy es más que eso, porque el proceso de Dios, que entró en la humanidad mediante la encarnación, vivió como el tabernáculo real, siendo la vida, continuó así fluyendo hasta pasar por la muerte, la resurrección, la ascensión, hasta Su regreso a los hombres como el Espíritu vivificante, el Consolador, abogado, Sumo sacerdote y Rey, todo-inclusivo, accesible, maravilloso y suficiente, para morar y mezclarse con nuestro espíritu y hacer Su hogar en nuestros corazones.
En el espíritu y con veracidad debemos adorarle y así servirle a Dios al disfrutarlo. Un sacerdote es alguien que disfruta a Cristo.

¿Por qué no?

La única razón por la que el disfrute de Cristo hoy no es nuestra principal -única- actividad es porque no vemos suficiente. Hay velos sobre nosotros. Debemos volver nuestros corazones al Señor de manera cabal, para que los velos sean quitados, y el maravilloso Cristo sea revelado a nosotros de manera fresca y nueva, le recibamos, vayamos a Su encuentro, lo contactemos, lo disfrutemos, seamos llenos de Él hasta rebosar, que sea nuestra vida y nuestro vivir, para llegar a ser nuestra expresión… y de este modo poder anunciar y ministrar Sus inescrutables riquezas a otros, en la completa seguridad de nuestro gozo en el Señor.
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Ref:
  • La palabra santa para el avivamiento matutino, titulada “Estudio de cristalización de Éxodo tomo 2″, semana 12: “Un reino de sacerdotes”
  • El avance del recobro del Señor hoy, caps 1-2
  • El sacerdocio, pág 54, disponibles para leer online aquí
  • The Collected Works of Witness Lee, 1965, tomo 2, págs 455, 459 y 461
  • The Collected Works of Witness Lee, tomo 2, “Functioning in Life as Gifts Given to the Body of Christ, caps 7-8

Un sacerdote genuino sirve a Dios cuando disfruta a Dios en Cristo

En la entrada anterior compartimos una relación abreviada de lo que es -y hace- un sacerdote auténtico. Lo primero que debe hacer un sacerdote es disfrutar a Dios en Cristo mediante el Espíritu en su espíritu regenerado. Esto es lo normal. A veces parece que ser sacerdote es algo muy complejo. En términos de lo profundo y elevado que este asunto es, debemos admitir que es complejo, sin embargo, como toda revelación de Dios, el punto central y práctico es nuestra experiencia.

Somos sacerdotes

Somos sacerdotes para experimentar a Dios y experimentamos a Dios para ser sacerdotes. Dios necesita sacerdotes que edifiquen. Cuando esto ocurre, ellos son edificados como Casa espiritual, que es la morada mutua y eterna de Dios y los hombres.

¿Cómo saber si soy llamado para servir?

Todos los creyentes deben servir a Dios. ¿Cómo servirlo? Primeramente yendo a Dios, contactando a Dios y disfrutando a Dios para estar lleno de Dios y que Dios rebose en nosotros. Entonces Dios llegará a ser nuestra constitución, nuestra vida y nuestra expresión. Todos debemos aprender esta «habilidad espiritual básica», para que Dios pueda expresarse mediante nosotros.

Dios nuestra imagen, nuestra expresión

Dios se expresará a través de nosotros cuando pueda fluir desde nosotros. Dios se quiere forjar en nosotros para expresarse en nosotros y así nosotros llegamos a ser la expresión de Dios. Es crucial para Dios forjarse en el hombre para la edificación de Su Casa. Espero que muchos de nosotros recibamos esta carga y nos abramos al Señor de manera urgente para que Dios nos revele lo que está en Su corazón.

Disfrutar a Dios en Cristo

Un sacerdote es alguien que sirve a Dios cuando disfruta a Dios en Cristo. No es casual que el primer punto del desempeño práctico de un sacerdote que abordamos aquí sea el disfrute de Dios. Toda la experiencia, naturaleza, condición y función sacerdotal dependen directamente de nuestro disfrute de Dios. Disfrutamos a Dios cuando lo adoramos, lo recibimos, permanecemos con Él, sentimos Su presencia, somos contagiados de Su persona maravillosa cuando somos infundidos por Él, llenos de Él.

Pablo servía en su espíritu

En Romanos 1:9 vemos que Pablo servía a Dios en su espíritu, en el evangelio de Su Hijo. Notemos que nunca dice que lo servía de acuerdo a la idea bíblica del evangelio, o siguiendo el plan doctrinal del evangelio a través de muchos esfuerzos. Tampoco dice que él servía en el Espíritu Santo. La palabra griega “servir” significa servir en adoración. «Esta palabra está también usada en Mt 4:10; 2 Ti 1:3; Fil 3:3; Lc 2:37.

La predicación de Pablo era su adoración a Dios

Pablo consideraba su predicación del evangelio como adoración y servicio a Dios, no meramente como una obra”. Pablo servía en su espíritu en el evangelio. Necesitamos leer este versículo con oración, para tener la luz necesaria, y en Su gracia, siendo muy sobrios delante de Dios, recibir la Palabra pura de manera apropiada. Pablo servía en su espíritu, el espíritu regenerado de Pablo, el espíritu humano de Pablo que había sido ocupado por el Espíritu vivificante y mezclado con Él. Aquí no nos referimos al «Espíritu de Dios, sino al espíritu regenerado de Pablo. 

Espíritu, corazón, alma, mente, emoción…

El espíritu es diferente del corazón, del alma, de la mente, de la parte emotiva, de la voluntad y de la vida natural. Cristo y el Espíritu están con los creyentes en el espíritu humano regenerado de ellos (2 Ti. 4:22; Ro. 8:16). En este libro Pablo recalcó que todo lo que somos (2:29; 8:5, 6, 9), todo lo que tenemos (8:10, 16), y todo lo que hacemos para Dios (v.9; 7:6; 8:4, 13; 12:11) debe darse en este espíritu. Él no servía a Dios en su alma por el poder y capacidad del alma, sino en en su espíritu regenerado por medio del Cristo que moraba en él, el Espíritu vivificante. Este es el primer punto importante de su predicación del evangelio.

El Espíritu y el fruto del Espíritu

Por otro lado, Gálatas 5:22 habla del fruto del Espíritu (Espíritu con mayúscula), en nueve aspectos, que son expresiones diferentes del Espíritu, Quien es vida en nosotros. De la misma manera que la carne es la expresión del viejo Adán, el Espíritu es Cristo (1Co 15:45) hecho real para nosotros. En realidad, a Cristo se le vive como el Espíritu en nuestro espíritu.

Los aspectos del fruto del Espíritu presentado por puntos son las misma características de Cristo. Cuando uno disfruta el Espíritu, esto ocurre en nuestro espíritu. Cuando disfruta al Espíritu, disfruta al Hijo, Quien es el Dios completo y el hombre perfecto hecho disponible, accesible y subjetivo para nosotros como el Espíritu. Al Espíritu recibimos cuando creímos y regenera nuestro espíritu. Amén. Pablo servía en su espíritu, en adoración. Nosotros, como sacerdotes hemos de hacer lo mismo. ¡Aleluya!

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Ref:
  • La palabra santa para el avivamiento matutino,“Estudio de cristalización de Éxodo tomo 2″, semana 12: “Un reino de sacerdotes”
  • El avance del recobro del Señor hoy, caps 1-2
  • El sacerdocio, pág 54
  • The Collected Works of Witness Lee, 1965, tomo 2, págs 455, 459 y 461
  • The Collected Works of Witness Lee, tomo 2, “Functioning in Life as Gifts Given to the Body of Christ, caps 7-8.

La visión rectora en la Biblia es la economía de Dios

El Dios Triuno, para llevar a cabo Su propósito, se forja en Su pueblo escogido y redimido para saturar todo su ser de la Trinidad Divina para producir y edificar el Cuerpo de Cristo, cuya edificación, cuya consumación será la Nueva Jerusalén (1 Timoteo 1:4; Efesios 3:9; 16-17; 4:4-6; Apocalipsis 21:2; 9-10).

El Dios Triuno, para llevar a cabo Su propósito, se forja en Su pueblo escogido y redimido para saturar todo su ser de la Trinidad Divina para producir y edificar el Cuerpo de Cristo. Para llevar a cabo Su propósito de esta manera, Dios se hizo carne, pasó por el vivir humano, murió, resucitó y llegó a ser el Espíritu vivificante (1Corintios 15:45) para poder entrar en nosotros como vida e impartirse en cada creyente para producir la iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, que además es la Casa de Dios, el reino de Dios y el complemento de Cristo, que alcanzará Su plenitud y consumación como la Nueva Jerusalén (1 Timoteo 1:4; Efesios 3:9; 16-17; 4:4-6, 1:22-23; Apocalipsis 21:2; 9-10; Juan 1:14; Apocalipsis 21:2).

Si vemos la visión celestial de la economía de Dios y ésta llega a forjarse dentro de nosotros, el efecto será poderoso y duradero (Proverbios 29:18, Hechos 26:19). Cuando el apóstol Pablo testificaba ante el rey Agripa, todo cuanto menciona no  es una doctrina, teoría, credo religioso ni alguna teología, sino una visión celestial, en la cual el apóstol vio las cosas divinas relacionadas con la impartición del Dios Triuno en Su pueblo escogido, redimido y transformado. Todo lo que Pablo predicó en Hechos y lo que escribió en sus catorce epístolas, desde Romanos hasta Hebreos, constituye una descripción detallada de la visión celestial que él recibió.

poderoso y duradero

Nuestra verdadera transformación proviene de la operación del Dios Triuno dentro de nosotros, no de cierto sistema ético, o de simplemente tener mayores conocimientos o que nuestras intenciones sean mejores. Cuando recibimos la visión, a partir de que nuestros ojos sean abiertos, que los velos caigan y que el Señor nos ilumine, para que la revelación contenida en las Escrituras sea revelada a nosotros, nuestro ser completo cambiará. Ya no volvemos a ser los mismos. No es posible tener una visión como la que Pablo tuvo y quedarnos igual. Nuestros conceptos previos se disiparán, nuestra actitud, conversaciones, pensamientos y prioridades serán cambiadas. Sentiremos un gozo interno inefable y un sentido definido y evidente del disfrute del Señor y Su presencia (Hechos 9:3-9, 11-12, 20, 22; Filipenses 3:4-8). Antes de recibir la visión Pablo pensó que perseguía sólo hombres, sectarios peligrosos; estaba seguro que con su acción estaba corrigiendo a los equivocados, malvados y heréticos (Hechos 24:14). El creyó que sus actos eran estrictamente terrenales, sin sospechar que estos hombres estaban unidos con Dios en Cristo por su fe en Él. Finalmente ver que estaba persiguiendo a Jesús fue para él una conmoción enorme, una visión profunda, elevada y radical, que afectó a toda su persona, su futuro, sus acciones, su entendimiento, sus planes y todo.

Dios, además, le mostró el Cuerpo de una manera muy clara y práctica. Inmediatamente no le dio una tarea para que la llevara a cabo sino que le mostró que necesitaba un miembro del Cuerpo que lo iniciara en la identificación con el Cuerpo. Esta visión del Cuerpo fue clave para el posterior ministerio de Pablo y para todo el ministerio neotestamentario. Saulo vio que sus muchos conocimientos previos, sus grandes capacidades, su comprensión y entendimiento anteriores no le servían a Dios, quien lo cegó. Ahora sus ojos espirituales estaban abiertos y podía abrir los ojos de otros (Hechos 26:18). Vio que había sido llamado y elegido previamente (Gálatas 1:15). Ahora, como cautivo de Cristo en Su procesión triunfante que celebra la victoria de Cristo (2Corintios 2:14), era un ministro de Cristo.

La visión celestial nos cautiva y captura; nos reconstituye, nos rige, nos restringe, nos regula y nos resguarda (Proverbios 29:18). Para que la visión tenga un efecto duradero necesitamos que sea forjada en nosotros (Hechos 9:3, 5). Entonces somos limitados de una manera saludable a la línea central de la revelación en las Escrituras, la economía de Dios (1Timoteo 1:4), cuando la luz del evangelio de la gloria de Cristo resplandece en nosotros para la iluminación del conocimiento de la gloria de Dios (2Corintios 4:4, 6). Entonces nuestra vida llega a estar llena de sentido y propósito, y nos encontramos motivados, energizados, perseverantes (2Timoteo 1:9; Hebreos 12:1-2) y somos dirigidos a la meta de Dios (Filipenses 3:3-14; 1Timoteo 1:4). El problema con muchos cristianos hoy es que tienen su propia meta y aducen que su meta privada es para la gloria de Dios. Muchos hoy conocen y pueden hablar de su propia meta y propósito, pero no saben cuál es la meta y propósito de Dios. Para experimentar a Dios de manera apropiada debemos ver cuál es la meta de Dios. Esto implica que debemos ver cómo Dios está alcanzando esa meta, para poder formar parte de este único proceso celestial, donde somos uno con el Señor en Su mover. Este es el camino en el cual Él lleva a cabo Su propósito, y cumple Su anhelo, revelado en las Escrituras.

La visión está relacionada con el mover y el propósito de Dios. Dios se revela en Cristo como el Espíritu a nosotros, en estrecha concordancia con lo que Él está haciendo, la manera en que lo realiza y según lo que quiere llevar a cabo. Por ello, mediante la visión, nos llevará a actuar en consonancia consigo mismo (Hechos 10:1-33; 13:2). Cuando recibimos la visión de manera genuina tenemos un camino práctico para seguir adelante, Cristo es claro y visible para nosotros, tenemos el denuedo necesario para avanzar (1Timoteo 26:18-19), somos guardados en la unidad real e introducidos en la unanimidad (Efesios 1:17-18, 4:3; Hechos 1:14, 2:46, 4:24, 5:12).

¡Señor, nos abrimos a Ti para que Te reveles a nosotros. Confesamos que estamos carentes. Confesamos que somos independientes aún de Ti. Vamos a ti en este momento sólo por Tu misericordia. Danos una visión celestial de Tu economía. Revélanos Tu propósito, Tu meta, Tu deseo y Tu anhelo. Revélate a nosotros para ser uno contigo. No estamos de acuerdo con ser lo que somos hoy. Captúranos y cautívanos, ilumínanos y arrástranos. Necesitamos un nuevo comienzo. Restaura el gozo inefable en nosotros. Tú eres fresco cada día. Que tu meta sea nuestra única meta. Que tu manera sea nuestra única manera. Que Tus prioridades sean nuestras únicas prioridades. Ponemos todo en tus manos, Señor. Gracias. Amén!

Ref: La Palabra santa para el avivamiento matutino, La visión celestial, semana 1: La visión que rige y regula; la visión de la economía de Dios.

La economía de Dios contraria a las enseñanzas diferentes, mitos y genealogías interminables

Necesitamos la revelación de Dios. ¡Cuánto necesitamos que el Señor nos revele Su economía! Oremos de la siguiente manera: ¡Señor, danos una revelación, desvela a nosotros cada asunto que está en Tu corazón! ¡Ábrenos Tu Palabra! ¡Danos luz en Tu Palabra para identificar lo que es diferente! Entonces seguramente el Señor hará aquello que anhela, revelarnos Su economía.

Economía de Dios vs cosas diferentes. Hemos llegado a la primera epístola a Timoteo. Allí vemos la economía de Dios en contraposición (1Ti 1:4) con algo llamado “cosas diferentes” que estaba siendo enseñado, por ende, enseñanzas diferentes (1Ti 1:3).  Estas consisten en enseñar mitos, genealogías interminables (v.4) y la ley (vs. 7-8). Por otro lado tenemos la enseñanza de los apóstoles que estaba centrada en Cristo y la iglesia, es decir, la economía de Dios.

Pablo fue designado por Dios para completar la revelación divina (Col 1:25). Su ministerio completa la revelación acerca del Cristo todo-inclusivo y el Cuerpo de Cristo, que es la iglesia como Su plenitud para expresarle. En cuanto al Cuerpo tenemos dos lados: La vida de la iglesia y su práctica. Hasta la segunda epístola a los tesalonicenses vemos principalmente la vida de la iglesia, incluyendo su naturaleza, su función y su responsabilidad. A partir de ahora hasta Filemón tenemos la práctica de la iglesia, en el orden soberano que tienen los libros en la Biblia. Esto es maravilloso. ¿A qué refiere esta práctica? Pues a la administración y el pastoreo. Para ello es necesario que las enseñanzas diferentes de los disidentes acaben, como algo que es ajeno a la iglesia y su edificación, ya que entretienen a los santos y los desvía de la línea central y el propósito final de la economía de Dios (vs 4-6). Estas enseñanzas diferentes que aparecen en 1:3-4, 6-7; 6:3-5, 20-21 y las herejías en 4:1-3 son el comienzo de la decadencia, el principio de la degradación de la iglesia.

Mitos. La palabra griega que se traduce como “mitos” en 1.3 es múthos, la misma palabra que aparece en 4:7 y en 2 Timoteo 4:4. Estos denotan palabras, discursos y conversaciones sobre informes, historias, rumores o imaginaciones. No importa si sin verdaderas o falsas estos asuntos tratados. En cualquiera de los dos casos caen dentro de “mitos” tratados por el apóstol. También podría referirse si prestamos atención al contexto a los mitos o fábulas de Tito 1:14, donde Pablo dice: “No atendiendo a mitos (fábulas) judaicos, ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad”.

Genealogías interminables. En cuanto a las “genealogías interminables” (1:3) es probable que se refieran a las genealogías del Antiguo Testamento adornadas con fábulas (Tito 3:9), pues ninguna de las genealogías encontradas allí son en realidad interminables, así que esto podría referirse a debates y disputas a partir de diferentes puntos de vista en un espíritu de discusión necio y sin provecho alguno (Tito 3:9-10).

Vana palabrería. Todo el hablar que se deriva de tratar asuntos sin importancia, ajenos a Cristo y la iglesia, la edificación y el pastoreo apropiados hacen que los santos permanezcan ajenos al amor nacido de un corazón puro, es decir puro y sencillo que  está completamente orientado hacia Dios, una buena conciencia, sin ofensas (Hch 24:16) y una fe no fingidas (1:5-6) , que es una fe que no presume, que es legítima, o sea, no hipócrita, tal como vemos en el libro de Hechos 15:9 y al mandato apostólico del versículo 3.

Referencias:  Estudio- vida de 1, 2 Timoteo, Tito y Filemón.

Pablo era ministro de Dios, según la economía de Dios, para nosotros, para completar la Palabra de Dios

En el artículo anterior hablamos del Dios Triuno, en Cristo, como el Espíritu vivificante que mora en nosotros y que recibimos al oír con fe y no por las obras de la ley, como nuestra mayor bendición.

«De [la iglesia] fui hecho ministro, según la mayordomía de Dios que me fue dada para con vosotros, para completar la palabra de Dios.»

Este es Colosenses 1:25. En este verso Pablo dice que Dios, según Su administración (oikonomia), le había designado y constituido como alguien que sirve. Pablo era alguien que servía. La palabra traducida «ministro» es la misma que se usa en el versículo 23, en Efesios 3:7 y en 2 Corintios 3:6 y es la palabra griega que también se usa para «diácono«, es decir, uno que presta un servicio. Así que Pablo era diácono de Dios para servir a los santos. Este servicio era el resultado de la revelación de Dios en Pablo y su propósito era el completamiento de la palabra de Dios. ¿Qué había de ser completado?

Antes del Nuevo Testamento, la revelación divina no estaba completa según todo aquello que Dios es, todo lo que se propone hacer, todo lo que hace y hará y Su meta. Esta revelación con respecto a Cristo, que es el misterio de Dios (Col 1:26) ha sido dada a conocer mediante los apóstoles, principalmente Pablo, en esta era, a los santos. El cuadro con respecto a la naturaleza de Dios, Su propósito, Su anhelo, Su administración divina, todo lo cual implica un plan, estaba oculto a los hombres. Esta economía, que estaba escondida desde los siglos en Dios fue hablada, finalmente desvelada en Pablo, por eso el versículo dice que él fue hecho ministro según esa economía, para que esa economía fuera abierta y trasmitida, y la palabra fuera completada.

La mayordomía de Pablo consistía en el completamiento de la Palabra de Dios. Pablo recibió la revelación de Cristo como el misterio de Dios. Este misterio fue expuesto de esta manera por primera vez por el apóstol y consiste en que el Dios Triuno habita de manera plena, completa (y corporalmente) en Cristo (Col 2:9). Este Cristo, que por ser el Dios completo y el hombre perfecto, es un misterio, puede y debe ser revelado a cada uno de nosotros de manera completa. Hemos de abrirnos a Dios de manera completa para que Él revele a nosotros, no una parte de Cristo, no un Cristo superficial, anecdótico, objetivo o simple, sino de manera completa, en todo lo que Él es, todo cuanto ha logrado, todo lo que está llevando a cabo, todo lo que se propone y hacia dónde se dirige. Hemos de tener la experiencia, el conocimiento íntimo y subjetivo de este Cristo que no es pasado ni es un simple historia, sino que está vivo, es actual, es el Espíritu vivificante para impartirnos vida, es práctico, es suficiente y es absolutamente maravilloso y todo inclusivo. Hemos de permanecer abiertos a Dios para que Él se revele a nosotros y se constituya en nosotros (Col 2:2) como el Cristo completo que hoy cohabita con nosotros y está mezclado con nosotros. ¡Aleluya! Esta era la mayordomía de Pablo, el servicio, la porción importantísima de Pablo según la economía de Dios.

Sin embargo ¿Cómo conocer a Cristo como la corporificación de Dios? ¿Cómo alcanzar este pleno conocimiento? ¿Existe un método de estudio teológico que me lleve a este resultado? ¿Cuánto tiempo debo dedicar a esto cada día para lograr esto? ¿Cuán inteligente debo ser? ¿Cuánto esfuerzo debo emplear? Este definitivamente no es el camino. Oremos en la Palabra para que el Señor nos revele el sitio, la manera, el procedimiento y el camino para finalmente llegar al «pleno conocimiento del misterio de Dios, es decir Cristo».

«Si hemos de conocer a Cristo en realidad como la corporificación de Dios, es necesario que lo experimentemos como el Espíritu vivificante«. En el versículo 2 Pablo menciona tres asuntos previos.

1) Ser consolados en nuestros corazones mediante el cuidado tierno, el pastoreo amoroso de la enseñanza y la revelación del apóstol;

2) Ser entrelazados en amor los unos con los otros

3) Y como resultado o consecuencia el alcanzar el pleno conocimiento de Cristo.

Hemos de ver que en Cristo se encuentran toda la sabiduría y el conocimiento. Cristo es el Espíritu vivificante para impartirnos la vida divina con todas sus riquezas. Fuera de Cristo no existe nada. No busquemos nada fuera de Él. Pablo nos previene en contra de las palabras persuasivas que son engaño, las sutilezas y la filosofía que nunca nos llevarán a Cristo, ni las tradiciones o la ley. Todo esto es el rudimento del mundo. Sin experimentar al Dios Triuno, en Cristo como el Espíritu vivificante en nuestro espíritu (2Corintios 3:17) no llegaremos a cumplir con la carga de la mayordomía de Dios que a Pablo fue asignada según la economía de Dios.

«Si no vemos que Cristo es el Espíritu vivificante, el hecho de que Cristo es la corporificación de Dios será solamente una doctrina o una teoría, será solamente una enseñanza objetiva completamente ajena a nuestra experiencia cristiana. Si este es el caso, la teoría no puede convertirse en realidad. La realidad de Cristo como corporificación de Dios se haya en Cristo como el Espíritu vivificante «.

Señor, no te conozco bien pero me abro a ti. Gracias por la mayordomía asignada a Pablo. Gracias que esta mayordomía es para nosotros y que completa Tu Palabra. Gracias que somos los grandes beneficiarios del servicio de Pablo. Cumple tu voluntad en nosotros. ¡Cuánto te anhelamos! ¡Cuánto te necesitamos! Gracias que eres el Espíritu vivificante. Gracias que podemos acceder a Ti. Amén.

Inspirado por el Estudio-vida de Colosenses. Living Stream Ministry, capítulo 13, completar la Palabra de Dios; Colosenses 1, con sus notas, Nuevo Testamento versión recobro.