Permanecer limitados por el Cuerpo y ser conscientes del Cuerpo

El buen depósito  —  Anteriormente mencionamos el terreno único sobre el que debe establecerse la iglesia por una cuestión práctica de vital importancia: Mantener la unidad del Cuerpo. La iglesia debe seguir el patrón bíblico, una iglesia por cada unidad poblacional (ciudad), no cada calle o área dentro de una localidad.

Debemos tomar la iniciativa de ser limitados por los otros miembros del Cuerpo

Según 1Co 12:18, los creyentes han sido colocados dentro del Cuerpo según la soberana voluntad de Dios.  No es aconsejable ni saludable ejercer estrategias políticas para alterar este orden, sino que debemos permanecer todo el tiempo en el espíritu para permitir a Dios, que según Su beneplácito Él ordene todas las cosas como Él quiere.

Tanto nuestra posición como nuestra función son ordenadas por la Cabeza. Las funciones de cada cual son diferentes, aunque siempre interdependientes (Ro 12:4) e importantes para el Cuerpo (1Co 12:15). Es crucial que así como Dios asigna la posición y la función de cada uno, nosotros aprendamos, no solamente a cumplir con nuestra porción, sino que la aceptemos como la perfecta voluntad de Dios para nosotros. Cuando nuestra posición y función en el Cuerpo son aceptadas por nosotros, nos encontramos en una posición normal frente a Dios, donde podemos experimentarlo y disfrutarlo apropiadamente. El no estar donde Dios quiere que estemos y no funcionar de acuerdo a Su orden es una barrera que nos separa del fluir divino.

Hoy muchos hermanos tenemos la tendencia a preguntar a otros qué pasa que a veces no experimentamos a Dios adecuadamente o que el disfrute que tenemos no es profundo y satisfactorio. Bueno, la respuesta a eso es compleja (y puede ser diferente en cada caso) y requiere de mucho discernimiento, pero el no obedecer a Dios puede ocasionar esta dificultad. Necesitamos seguir a Dios, que no significa establecernos un plan de trabajo sino obedecer a Dios y estar dispuestos a tener un vivir de dependencia saludable con respecto a Él. Por otro lado, tomar la iniciativa no se refiere aquí a emplear todo nuestro tiempo en hacer cosas, sino, por el contrario, a tomar una profunda decisión de obedecer a Dios, aún (y especialmente) cuando eso parezca no muy agradable.

Servir a Dios en Su Cuerpo es lo contrario a servirnos a nosotros mismos según nuestra opinión, preferencias y comodidad. Servir a Dios en Su Cuerpo significa que debemos permanecer en el terreno de la unidad, pues así como hay un solo Dios, una sola fe y un solo bautismo, y también hay un solo Cuerpo. El camino recto para conocer a Dios, crecer en la vida divina, ser partes de la edificación, ser edificados y edificar a otros es experimentar la cruz en nuestras circunstancias para que la plenitud de Cristo, Su resurrección, sea nuestra experiencia. En términos escriturales y según la enseñanza apostólica, no existe la iglesia en la que podamos ir para ‘alejarnos de la iglesia’. Ese tipo de reservorio alternativo donde vamos cuando no estamos cómodos en la iglesia que está en la ciudad donde vivimos, no existe según el orden revelado de Dios.

En realidad todos los creyentes, miembros en el Cuerpo, no son iguales. De hecho tienen características, trasfondos, talentos y capacidades diferentes y ellas son el constituyente de nuestra función en ele Cuerpo. Nuestra función está determinada por estos asuntos. Hay una clara relación entre lo que somos y cómo somos y la función asignada por Dios a nosotros.

Muchas preguntas. Una respuesta

«¿Cómo sabemos a qué iglesia debemos ir? Esta pregunta toma mucho tiempo a los creyentes. ¿Cuál es la iglesia que se ajusta mejor a mi nivel educacional y social, o que coincide con lo que yo quiero hacer? ¿Cuál es la iglesia en la que me tratarán mejor y me darán todo aquello que yo me merezco? ¿…la iglesia que me dice aquello que coincide con mi propia comprensión de las cosas humanas y divinas?» A todas estas preguntas y muchas más en ese estilo corresponde, si somos sobrios y bíblicos, una sola respuesta, perfecta, completa y segura: «La iglesia que se encuentra en el lugar donde resides.» Sé que puede haber muchos ‘peros’, sobre todo en estos tiempos en que estamos acostumbrados a una ‘pluralidad de iglesias’ y toda una apología de este sistema.

Recuerdo aquella historia del hermano que iba en un autobús con la Biblia en la mano y otro cristiano, al verlo, le pregunta: «¿Eres hermano?». «Sí», fue la respuesta, «soy hermano». Inmediatamente escuchó ‘la pregunta de rigor hoy’: «¿A qué iglesia perteneces? La respuesta a continuación es modélica en todos los sentidos, y refleja una comprensión profunda y cabal del asunto de la iglesia con una visión sólida y madura. Le dijo: «Pertenezco a la misma iglesia a la que pertenecía Pablo, Martín Lutero, tú y todos los cristianos verdaderos». Hubo un breve silencio y el otro cristiano respondió con un aire de esperanza, pero tristemente. «¡Eso sería maravilloso»!

Para el crecimiento y desarrollo del Cuerpo, hemos de conocer nuestra medida en el Cuerpo y no sobrepasarla, estando dispuestos a ser limitados por ella (Ef 4:7, 16; Ro 12:3, 6). Medida es una palabra maravillosa en el Nuevo Testamento. Sin embargo, hoy la escuchamos siempre con el sentido de algo negativo. Esa es una señal de lo alejado que verdaderamente estamos del espíritu de la revelación y la comprensión espiritual de la misma.

Cuando sobrepasamos nuestra medida, la establecida por Dios, ordenada por Dios, que refleja la voluntad de Dios y que está respaldada por Su fluir y abundancia, abandonamos la unción de la Cabeza, pues interferimos en el orden establecido soberanamente por Dios, y como consecuencia estorbamos a Dios con nuestra desobediencia e individualismo. En ese caso, sin dudas, no tenemos una mente cuerda y sobria, llena del Señor y anulamos el debido orden de la vida del Cuerpo.

También leer: Debemos tomar la iniciativa de permanecer firmes sobre el terreno único de la iglesia

Ref: Tomar la iniciativa como ancianos y hermanos responsablessemana 7, intitulada Tomar la iniciativa de estar firmes sobre el terreno único de la iglesia, de permanecer sujetos a la limitación del Cuerpo de Cristo y de ser conscientes del Cuerpo en unanimidad, días 2 y 3.

Somos justificados por la fe en Cristo y llegamos a ser uno con Él

Ayer en la tarde hemos estado reunidos en un hogar con algunos hermanos.  Invocamos juntos el nombre del Señor, oramos juntos, leímos un versículo con mucha oración. ¡Experimentamos un Cristo tan abundante! Al llegar a la reunión nuestra mente estaba llena de preocupaciones y casi no podía estar quieta, divagaba todo el tiempo y nuestra boca hablaba de ellas. Además, estábamos cansados. Nos sentíamos absorbidos y ocupados con malas noticias, pesimismo y planes.

En la reunión no hubo una larga sesión de discursos, ni recibimos la enseñanza teológica de ningún especialista. Nadie nos exigió que debíamos dejar fuera todo esto para asumir nuestra responsabilidad de dedicarnos al Señor. Los hermanos allí sólo estaban orando, alabando al Señor, proclamando al Señor y compartiendo la Palabra. El espíritu de ellos estaba liberado. Su mente puesta en el espíritu era vida y paz. Fuimos capturados y cautivados. Sentimos liberación poco después y ¡todo lo demás cedió! Todas las cosas negativas desaparecieron, no con argumentos y razonamientos, sino al experimentar corporativamente al Señor. ¡El Señor fue real y prevaleciente! Era muy dulce la Palabra y la comunión. Nos abrimos muy ampliamente al Señor y fuimos llenados de Cristo en ese momento. Hablamos la Palabra los unos a los otros. Hubo mucho disfrute y la porción delas Escrituras que compartimos fue abierta. Dios definitivamente nos habló palabras de vida y nuestra muerte desapareció. ¡Aleluya!

Compartimos la semana 9 del avivamiento matutino «Las cuatro grandes columnas del recobro del Señor«. Fuimos muy conmovidos y refrescados por los principios básicos del evangelio que encontramos en la epístola a los Gálatas. El primer principio es que el hombre caído de ninguna manera puede ser justificado por las obras de la ley(Gál 2:16; Hch 13:39). No importa cuánto nos esforcemos, no alcanzaremos justicia mediante estas obras. Nuestro camino de llegar al Señor mediante la ley es un camino sin fin, sin meta.
Siguiendo la pauta de la ley podríamos vagar por siempre sin llegar jamás a experimentar el resultado deseado (Gál 3:11). En cuanto a Dios, nos verá andando en una dirección diferente a Él mismo. Como creyentes no debemos intentar guardar la ley. E hombre sólo será justificado por la fe en Cristo (Gál 2:16). La fe en Cristo denota nuestra unión con Cristo cuando creemos. Esta no es unión intelectual o simbólica sino orgánica, es decir, está firmemente basada en Su misma vida. De hecho la frase «En Cristo Jesús» en este versículo es muy importante. Significa unidos con Él por Su vida; significa que somos uno con Él.
Aquí la preposición griega «εισ», traducida como «en» indica unión (también en Ro 6:3; Gál 3.27; Hch 8:16, 19:5; 1Co 1.13, 15). Un ejemplo de esta unión puede ser el de injertar una rama de una planta en otra diferente. Dos vidas diferentes se injertan y llegan a ser una sola, completamente funcional y viable. Por causa de nuestra unión orgánica con Cristo, Dios
cuenta a Cristo como nuestra justicia,
y Cristo
cuenta todo lo que pertenece a Él como nuestro.

Esta unión es la única base segura y verdadera de nuestra justificación por fe. Explicar la justificación mediante una descripción exterior es muy superficial. Esto nos llevaría simplemente a una comprensión doctrinal. Sólo decir que Él es justo y recto, que está en el trono ante la presencia de Dios y que cuando creemos en Él (este creer muchas veces se entiende como el admitir Su existencia o el presentar argumentos relacionados con su existencia»), entonces Dios considera a Cristo como nuestra justicia, es insuficiente. Necesitamos ser uno con Él al recibirlo y experimentarlo, entonces Dios lo cuenta como nuestra justicia y tal justicia es real para nosotros. ¡Amén!

¡Señor, ten misericordia de nosotros! ¡Queremos experimentar que eres uno con nosotros! ¡Queremos constatarlo disfrutándote en todo lo que eres para nosotros! ¡Anhelamos tocarte, tomarte, recibirte y aplicarte! ¡Llénanos Señor con Tu Persona maravillosa! ¡No queremos la doctrina de  la justificación sino la experiencia de Tu Persona! ¡No estamos desesperados y urgidos por más conocimientos, sino por Ti mismo!  ¡Gracias por Tu justificación! ¡Gracias que hemos creído en* Ti! ¡Gracias que estamos unidos contigo! ¡Gracias que estamos en* Ti y Tú en nosotros! ¡Sigue infundiendo en nosotros Tu preciosidad para que podamos apreciarla verdaderamente! ¡Amén!
Inspirado por la Palabra santa para el avivamiento matutino, semana 9 día 1; basado en el Estudio-vida de Gálatas, Living Stream Ministry.