Pablo era un modelo para nosotros, por ser alguien que está bajo la economía del Dios inmutable e incorruptible, frente a la degradación de la iglesia

Saulo de tarso había blasfemado y perseguido. Un blasfemo es uno que habla contra Dios, y un perseguidor es uno que actúa contra el hombre. Como fariseo estricto que era no hubiera blasfemado a Dios de la manera en que él lo comprendía, según la tradición en que había sido educado (Hch 22:3; Fil 3:4-5). No obstante, él era un opositor feroz del Señor Jesús, persiguiendo y asolando a la iglesia (Hch 22:4; Ga 1:13, 23), llevando al extremo el hábito de los judíos de perseguir al Señor Jesús. Cuando él estaba en la oscuridad de la letra y la religión no podía percibir que lo que estaba haciendo era blasfemia contra Dios, aunque se preciaba de estarlo haciendo precisamente por la razón contraria. Una vez que recibió la luz, esta revelación le permitió ver. Él dice que era ignorante, pues la ignorancia es permanecer en tinieblas, justo como él se encontraba. Él estaba ciego y como consecuencia actuaba ciegamente al oponerse a la economía neotestamentaria de Dios.

«Habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas me fue concedida misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad. Y la gracia de nuestro Señor sobreabundó con la fe y el amor que están en Cristo Jesús… Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Pero por esto me fue concedida misericordia, para que Jesucristo mostrase en mí el primero toda Su longanimidad, y quedara yo como modelo para los que habrían de creer en Él para vida eterna. Por tanto, al Rey de los siglos, incorruptible, invisible, al único Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén».

Esta es una porción de 1 Timoteo 1:13-17. Allí vemos que Pablo fue establecido como modelo para nosotros por ser alguien cuyo centro y todo era Cristo. Él estaba bajo la economía de Dios, era mayordomo de dicha economía, desvelador de la misma, heraldo y producto de ella. Es significativo que esta porción que nos muestra claramente a Pablo como modelo comienza por «blasfemo, perseguidor…», continúa con «misericordia… gracia… con la fe y el amor que están en Cristo Jesús…» y termina dándole honor y gloria a Dios. ¡Aleluya! Es notable que él aquí reconoce la  blasfemia, pero sólo luego de su conversión de fariseo y perseguidor fanático en cristiano consagrado y apóstol.

A este fariseo se le concedió misericordia y después recibió gracia. La misericordia va más lejos que la gracia para alcanzar al indigno. La gracia del Señor no sólo abundó en el caso de Pablo y de cada uno de los pecadores, sino que sobreabundó con la fe y el amor que están en Cristo. La misericordia y la gracia posterior vienen a nosotros de parte del Señor; la fe y el amor van al Señor de nuestra parte como tráfico espiritual entre el Señor y nosotros. Por medio de la fe recibimos al Señor (Jn 1:12) y por medio del amor disfrutamos al Señor que recibimos (Jn 14:21, 23; 21:15-17).

Así como Pablo llegó a ser un modelo para los pecadores. Todos los hombres, no importa su historia u origen, pueden ser visitados por la misericordia de Dios y ser salvos por la gracia de Dios. Todos podemos ser salvos por la gracia de Dios. El modelo es Pablo. Todos podemos recibir la vida increada, la vida de Dios, el máximo don y la bendición más alta, disponible absolutamente para todos aquellos que creen en Cristo.

Por último, la alabanza en el versículo 17, que Pablo da a Dios proviene de la salvación de Dios en Pablo, del carácter del ministerio y la experiencia del apóstol, y está relacionada con la decadencia de la iglesia. Él tenía una fe firme, una certeza absoluta y una confianza ilimitada en el Dios que es incorruptible, puro, eterno, inmutable, digno, todo-suficiente frente a la degradación de la iglesia.

Ref: Estudio-vida de 1 y 2 Timoteo, Tito y Filemón, mensaje 2

Pablo, apóstol por el mandato de Dios nuestro Salvador para que seamos salvos y herederos

En el primer versículo de cada una de cuatro epístolas anteriores, 1 y 2 Corintios, Efesios y Colosenses,  Pablo se identifica como uno que ha sido enviado, es decir, apóstol, por la voluntad de Dios. El origen del apostolado de Pablo es la voluntad de Dios. La autenticidad de su posición y función entre los santos y las iglesias proviene de la voluntad de Dios. Esto quiere decir que Pablo era apóstol porque Dios lo quiso de esta manera. En 1 Timoteo agrega que es «apóstol de Cristo Jesús por el mandato de Dios». Aquí «mandato» es una expresión consumada y definitiva de la voluntad de Dios. Cuando nosotros tenemos la voluntad de llevar algo a cabo, realizamos las disposiciones y arreglos necesarios para ello.

La voluntad de Dios era enviar a Pablo para que anunciase el evangelio, cuidase de las iglesias, completase la Palabra y la transmitiera. Con vistas a esto Él encargó a Pablo con este ministerio, le ordenó hacer algo y le mandó que lo realizase. Mandar es una manifestación mucho más detallada, completa y explicada de Su voluntad.

Dios nuestro Salvador es un título especial dado a Dios en las dos epístolas a Timoteo (1Ti 1:1; 2Ti 1:9) y en Tito (Ti 1:3). Estos son libros que están asentados sobre la salvación de Dios. Sobre esta base firme se presenta la economía neotestamentaria de Dios.

En 1Timoteo la Palabra de Dios fue manifestada a Pablo y fue proclamada por el apóstol, no según su preferencia, ni por el glamour que la acción pudiera tener, ni siquiera porque considerara que esta palabra era correcta y necesaria; tampoco por un gusto por la inmolación, el heroísmo o un mero sentido ético del deber, sino única y estrictamente por el mandato del Dios que nos salvó. Este mandato expresa la voluntad salvadora de Dios que trajo santidad, gracia y esperanza a nosotros y Cristo es nuestra santidad, nuestra gracia y nuestra esperanza.

Pablo llegó a ser apóstol de parte del Dios que salva, que nos llama de manera santa para que seamos salvos en Su gracia y no del parte del Dios de la ley, que nos demanda, que nos exige. En Su salvación recibimos la revelación de todo lo que tiene que ver con la economía neotestamentaria de Dios:

– Cristo vino a salvarnos por Su vida, por pura misericordia y longanimidad para con nosotros, estableciendo a Pablo como modelo práctico (1Ti 1:15-16).

– El deseo del Dios único, que en Su encarnación llegó a ser el único mediador para nosotros, Jesucristo, es que todos seamos salvos, hasta alcanzar el pleno conocimiento de la Verdad, porque Él fue dado en rescate suficiente por todos. Ese es el testimonio de Dios y Su economía (1Ti 2:4-6).

– Dios nos salvó y llamó con llamamiento santo. Esto no es de acuerdo a nuestras obras, sino por causa de Su economía que había planeado desde la eternidad pasada, en la gracia que es en Cristo y por la fe en Él. Cristo anuló la muerte y nos impartió la vida divina por medio del evangelio para salvarnos conforme a Su misericordia, mediante el lavamiento de la regeneración y la renovación del Espíritu Santo, derramado abundantemente en nosotros (2Ti 1:9-10; Ti 3:5-7).

– El amor infinito, indescriptible y perfecto que había en Dios para / por nosotros había sido implantado en Pablo, estaba en Pablo para nuestro beneficio, que es la salvación en Cristo Jesús con gloria eterna (2Ti 2:10).

– Cristo se entregó para comprarnos y purificarnos para que seamos Su pueblo especial, Su posesión personal, para ser constituidos como herederos conforme a la esperanza de la vida eterna (Ti 3:7).

Referencias: Estudio-vida de 1 y 2 Timoteo, Tito y Filemón, mensaje 1