Pablo, apóstol por el mandato de Dios nuestro Salvador para que seamos salvos y herederos

En el primer versículo de cada una de cuatro epístolas anteriores, 1 y 2 Corintios, Efesios y Colosenses,  Pablo se identifica como uno que ha sido enviado, es decir, apóstol, por la voluntad de Dios. El origen del apostolado de Pablo es la voluntad de Dios. La autenticidad de su posición y función entre los santos y las iglesias proviene de la voluntad de Dios. Esto quiere decir que Pablo era apóstol porque Dios lo quiso de esta manera. En 1 Timoteo agrega que es «apóstol de Cristo Jesús por el mandato de Dios». Aquí «mandato» es una expresión consumada y definitiva de la voluntad de Dios. Cuando nosotros tenemos la voluntad de llevar algo a cabo, realizamos las disposiciones y arreglos necesarios para ello.

La voluntad de Dios era enviar a Pablo para que anunciase el evangelio, cuidase de las iglesias, completase la Palabra y la transmitiera. Con vistas a esto Él encargó a Pablo con este ministerio, le ordenó hacer algo y le mandó que lo realizase. Mandar es una manifestación mucho más detallada, completa y explicada de Su voluntad.

Dios nuestro Salvador es un título especial dado a Dios en las dos epístolas a Timoteo (1Ti 1:1; 2Ti 1:9) y en Tito (Ti 1:3). Estos son libros que están asentados sobre la salvación de Dios. Sobre esta base firme se presenta la economía neotestamentaria de Dios.

En 1Timoteo la Palabra de Dios fue manifestada a Pablo y fue proclamada por el apóstol, no según su preferencia, ni por el glamour que la acción pudiera tener, ni siquiera porque considerara que esta palabra era correcta y necesaria; tampoco por un gusto por la inmolación, el heroísmo o un mero sentido ético del deber, sino única y estrictamente por el mandato del Dios que nos salvó. Este mandato expresa la voluntad salvadora de Dios que trajo santidad, gracia y esperanza a nosotros y Cristo es nuestra santidad, nuestra gracia y nuestra esperanza.

Pablo llegó a ser apóstol de parte del Dios que salva, que nos llama de manera santa para que seamos salvos en Su gracia y no del parte del Dios de la ley, que nos demanda, que nos exige. En Su salvación recibimos la revelación de todo lo que tiene que ver con la economía neotestamentaria de Dios:

– Cristo vino a salvarnos por Su vida, por pura misericordia y longanimidad para con nosotros, estableciendo a Pablo como modelo práctico (1Ti 1:15-16).

– El deseo del Dios único, que en Su encarnación llegó a ser el único mediador para nosotros, Jesucristo, es que todos seamos salvos, hasta alcanzar el pleno conocimiento de la Verdad, porque Él fue dado en rescate suficiente por todos. Ese es el testimonio de Dios y Su economía (1Ti 2:4-6).

– Dios nos salvó y llamó con llamamiento santo. Esto no es de acuerdo a nuestras obras, sino por causa de Su economía que había planeado desde la eternidad pasada, en la gracia que es en Cristo y por la fe en Él. Cristo anuló la muerte y nos impartió la vida divina por medio del evangelio para salvarnos conforme a Su misericordia, mediante el lavamiento de la regeneración y la renovación del Espíritu Santo, derramado abundantemente en nosotros (2Ti 1:9-10; Ti 3:5-7).

– El amor infinito, indescriptible y perfecto que había en Dios para / por nosotros había sido implantado en Pablo, estaba en Pablo para nuestro beneficio, que es la salvación en Cristo Jesús con gloria eterna (2Ti 2:10).

– Cristo se entregó para comprarnos y purificarnos para que seamos Su pueblo especial, Su posesión personal, para ser constituidos como herederos conforme a la esperanza de la vida eterna (Ti 3:7).

Referencias: Estudio-vida de 1 y 2 Timoteo, Tito y Filemón, mensaje 1

La economía de Dios contraria a la ley

Anteriormente vimos que en 1 Timoteo la economía de Dios estaba en contraposición con ciertas “enseñanzas diferentes”, que consistían en mitos, genealogías interminables, en lo cual están involucradas fábulas judaicas, historias, falsas o verdaderas, todo lo cual es vana palabrería, pues no están llenas de Cristo, sino de contención, competencia y falsedad. Nada tienen que ver con el pastoreo y la administración apropiados, no edifican el Cuerpo de Cristo, pues no son Palabras de vida y no trasmiten Cristo, así que desvían a los santos de la economía de Dios, pues no están basadas en un amor nacido de un corazón puro, una buena conciencia y una fe que no presume.

En 1 Timoteo 1:7 dice:

“Queriendo ser maestros de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman con tanta seguridad”.

Este versículo está precedido por el v.6 que habla de la vana palabrería producto de un desvío. Este desvío se basa en querer ser maestros de la ley. Cuando nos desviamos perdemos la autoridad de Dios pues dejamos de hablar por Dios y dejamos de experimentar a Dios. Nuestra autoridad depende y proviene de Dios. Cuando permanecemos en comunión con Cristo en la esfera de la enseñanza de los apóstoles, entonces nuestra autoridad es realmente Cristo. Esta autoridad no proviene de ciertas fórmulas o arreglos externos sino que es Cristo en nosotros, un Cristo experimentado, disfrutado, constituido y real en nosotros. Cuando nos apartamos hacia la vana palabrería, entonces afirmamos con mucha seguridad algo que no es nada seguro, de hecho es algo completamente vacío.

Esta misma falsa seguridad de los que se hacen maestros de la ley es lo contraria de la seguridad verdadera que Pablo muestra en Tito 3: 3-7 cuando habla de cuando la bondad y el amor de Dios se manifestó en nosotros y nos salvó, conforme a Su misericordia, mediante el lavamiento de la regeneración y la renovación del Espíritu Santo, que se derramó en nosotros abundantemente. Entonces fuimos hecho justos por Su gracia para ser herederos de acuerdo a la esperanza de  la vida eterna.

¿Por qué una falsa seguridad de parte de los falsos maestros de la ley que enseñan cosas diferentes y la seguridad real y divina de Pablo? Porque estos que se hacen maestros de la ley enseñan lo que hay que hacer y lo que no, lo que es políticamente correcto y lo que no, lo que es conveniente y lo que no, imponen regulaciones externas, llevan a los santos por un camino diferente de Cristo, que exalta algo diferente de Cristo e infunde algo distinto de Cristo… sin embargo, los genuinos ministros de Cristo ministran las riquezas de Cristo a otros (1 Timoteo 4:6).

La ley no fue dada a justos sino a injustos (1Timoteo 1:8-10), que se oponen precisamente a la sana enseñanza (sana doctrina según algunas versiones). Para ellos fue dada la ley, que sólo es buena si se usa con legitimidad. Popularmente se comprende esta frase desde un punto de vista filosófico, griego, como aquello que es formalmente correcto, cierto y acertado según algún sistema previamente establecido de un bien y un mal relativos. No obstante, en el contexto “sana” tiene que ver con la vida. La «sana enseñanza» concuerda con el evangelio de la gloria de Dios, aquel que expresa y trasmite a Dios en las riquezas de Cristo a los hombres, por ello ministra vida, nutriéndolos o sanándolos y llevando a los creyentes a Dios, al centro del propósito de Dios, a la experiencia de Cristo y al disfrute genuino de Cristo. Este es la comisión y el ministerio que el apóstol recibió del Señor. Este evangelio debe ser comúnmente enseñado y predicado en todas las iglesias.

Esta enseñanza sana, que no es vana sino llena de Cristo, que no desvía, sino centra en Dios y Su economía, que no es falsa sino que es la verdad del evangelio, que no divide sino que edifica, que no es la ley (o cierta ley) sino el propósito y meta de Dios expresado, es sana no por correcta (que sin dudas lo es) sino por trasmitir las riquezas de Cristo para ser nuestra salvación completa.

Cualquier enseñanza que sea sana debe trasmitir vida, no métodos ni tradición; debe llevarnos sin vacilaciones al centro y la meta de la economía de Dios y al Cristo todo-inclusivo en nuestro espíritu no a discusiones sobre preferencias, doctrinas específicas, maneras, asuntos culturales y demás enseñanzas divisivas, destructivas y vanas que siembran semillas de muerte y veneno.

Referencias: Estudio- vida de 1 y 2 Timoteo, Tito y Filemón, mensaje 1.

Jesucristo fue hecho un pacto para nosotros: ¡Él es el Mediador y el Ejecutor del nuevo pacto!

Jesucristo fue hecho pacto para nosotros. ¡Él es la garantía de Dios, el fiador de Dios, pues Él es la herencia para Su pueblo! Este pacto es más sólido que una mera promesa. ¡Es algo validado y promulgado, es decir, anunciado y puesto en vigor por la sangre derramada de Cristo (Mt 26:28)! Cristo promulgó el nuevo pacto (el cual finalmente llegó a ser testamento nuevo) con Su sangre, para la redención de las transgresiones del pueblo de Dios. Él redimió al hombre de vuelta a Dios e hizo al hombre apto para heredar todo de Dios. Ahora Dios es nuestra herencia. ¡El Espíritu es las arras de nuestra herencia (Ef 1.14) y Cristo es el fiador del nuevo pacto! (Heb 7:22). ¡Los atributos divinos de Dios han llegado a ser las inescrutables riquezas de Cristo, que nosotros heredamos, y el Dios Triuno completo es la garantía y las arras que nos asegura y nos adelantan que esto efectivamente está ocurriendo! Cristo es el nuevo pacto que Dios nos entrega. Él es la garantía, la seguridad del nuevo pacto. Él promulgó el nuevo pacto y en Su resurrección Él llegó a ser todo nuestro legado (herencia) según este nuevo pacto y Él es también el Mediador, el Ejecutor, para llevar a cabo este nuevo testamento (Heb 9:15-17)… Leer más en «Un Dios-hombre es un cristiano normal» Full Article in English on «A God-man is a normal Christian»