Un reino solamente de sacerdotes

Un reino de sacerdotes, apartados para Dios.

En Éxodo 19:6 dice: «Vosotros me seréis un reino de sacerdotes«. Dios escogió a Israel para que fuese un pueblo distinto. Dios nunca tuvo el propósito de que Israel fuera como las demás naciones. La intención de Dios nunca fue hacer que Su pueblo escogido fuera igual que el resto, sino un pueblo distinto, un pueblo enteramente formado de sacerdotes. Esto marcaría una distancia entre Israel y las naciones.

El deseo de Dios es que la nación completa fuera un grupo de sacerdotes -todos apartados y santificados para Dios. Ellos sin duda serían diferentes de las otras naciones.
“Dios se deleita en separar a los hombres de la tierra para Su servicio, y se complace en ver [que todos] vivan dedicados a Sus asuntos”

Israel perdió el sacerdocio

La situación en Israel se deterioró. Durante mucho tiempo sólo los levitas tenían acceso al tabernáculo. Las restantes tribus estaban excluidas. Esto es un panorama de lo más triste. Sólo un pequeño grupo dentro del total podía ejercer como sacerdote. El resto dependía de los de la tribu de Leví. Su acceso estaba por ello muy limitado. Pedro en su primera epístola nos dice que “somos real sacerdocio” (2:9). Juan, poco antes de morir nos dice que somos un reino, sacerdotes para nuestro Dios y Padre (Ap 1:6). El sacerdocio universal, universalmente asumido, recibido, respondido y practicado es una gran victoria de Dios. Una clase intermedia de sacerdotes, por encima del resto de los creyentes, constituye un fracaso para Dios hoy, y un deleite para el enemigo. Sólo cuando caemos, retrocedemos, somos tibios, corruptos o estamos degradados, necesitamos que otro asuma el papel de contactar a Dios en nuestro lugar. Hemos de decir “¡No!” de manera firme a cualquier clase de intermediación.

Recobro mediante la iglesia

El Antiguo Testamento es sólo un cuadro, la realidad de esto se haya en el Nuevo Testamento. La realidad del sacerdocio está en la iglesia hoy. Esta misma intención de Dios se ha trasladado completamente a la iglesia hoy: Obtener un sacerdocio. Israel, mediante su pecado, anuló e imposibilitó el deseo original de Dios de establecer una nación sacerdotal. Esto está siendo recobrado hoy mediante la iglesia. Por ello el llamado de Dios es que todos los hijos de Dios hoy deben ser sacerdotes, que vivan apartados del mundo para Dios, aparte de los asuntos mundanos e inmundos y dedicados a los intereses de Dios para el propósito de Dios.
Los redimidos son una nación completamente destinada a esperar, seguir y servir sólo a Dios (Ro 1:9) donde todos sean estos sacerdotes, que van a Dios, reciben a Dios, son llenos de Dios y están dedicados por completo a Dios. El Señor nos introdujo en el sacerdocio mediante Su obra redentora (Ap 5:10) para que todos los llamados -no algunos de ellos, no los más capacitados, no los más dotados..-, sean sacerdotes. Si somos sobrios y tenemos una visión clara, podemos responder a la siguiente pregunta de la siguiente manera:
¿Cuántos sacerdotes debe haber? Exactamente el número de los redimidos por la sangre del Cordero.

En la presencia del Señor

Cuando permanecemos -y aún vivimos- en la presencia del Señor, entonces llegamos a ser un reino de sacerdotes para Dios. Allí hay un disfrute mutuo difícilmente descriptible y ciertamente imposible de encontrar en otro sitio. Dios es nuestra porción, para nuestro suministro adecuado y suficiente. Nosotros somos Su tesoro. ¡Aleluya, esto es maravilloso!

 ¿Qué somos?

En cuanto a nuestra persona somos hijos de Dios y en cuanto a nuestra ocupación somos sacerdotes. Así que hemos sido llamados para recibir al Dios Triuno como el Espíritu, Quien es el Hijo con el Padre, y esa es la vida divina disponible mediante la cual somos regenerados para llegar a ser hijos verdaderos de Dios, engendrados, no adoptados (Ef 1:5; He 2:10), cuya única ocupación sea el sacerdocio (Ap 1:5-6; 5:10).

Un sacerdote

¿Qué es un sacerdote? No es propiamente un cura tradicional o alguien que trabaje para Dios, ni siquiera alguien profesional que de manera continua reciba un salario.
«Para entender lo que es un sacerdote, necesitamos ver el plan eterno de Dios (Ef. 3:11; Gn. 1:26): El plan de Dios consiste en forjarse a Sí mismo en un grupo de personas a fin de ser la vida de ellas y que ellas puedan ser Su expresión (Ef. 3:16-17a, 21; Col. 3:4)”.
El hombre está diseñado y creado para recibir a Dios, ser lleno de Dios, saturado de Dios, empapado, constituido y absolutamente ocupado y poseído por Dios, y para que, como resultado, Dios fluya de él. Cuando Dios fluye de nosotros, estamos expresando a Dios, es decir, Dios mismo llega a ser nuestra expresión, como resultado de ser nuestra vida y nuestro vivir.
La Biblia de principio a fin nos muestra que Dios quiere obtener un sacerdocio. Todas las cosas gloriosas en la Biblia están relacionadas con el sacerdocio (Ap. 21:11; 22:3b). El hombre fue destinado y creado para recibir a Dios, para ser lleno, saturado y empapado de Dios, y para que Dios fluyera de su interior a fin de ser una expresión viva de Dios; ésta -dice- es una breve definición de lo que es un sacerdote.
_______________
Ref:
  • La palabra santa para el avivamiento matutino, “El recobro del sacerdocio con miras al edificio de Dios”, semana 2, “La definición de lo que es un sacerdocio”
  • Estudio de cristalización de Éxodo, tomo 2
  • Mensajes para edificar a los nuevos creyentes, de Watchman Nee, tomo 3, págs 952-953
  • The Collected Works of Watchmen Nee, tomo 57, págs 199-200
  • The Collected Works of Watchmen Nee, tomo 57, pág 201

Para llevar a cabo la economía de Dios necesitamos la visión celestial

Sólo llevaremos a cabo la economía de Dios, de acuerdo al deseo del corazón de Dios, haciendo la obra del Cuerpo (Efesios 3:9; Hechos 13:2) cuando seamos reconstituidos por la visión de la economía de Dios, que nos revela y nos muestra una escena extraordinaria, de manera gloriosa e interna, de Dios.

DSC_0008

Debemos recibir una visión para servir a Dios. Solamente existe una manera apropiada de servir a Dios y ésta no consiste en nuestros gustos, en lo que es usual, en aquello que se considera mejor o más adecuado, ni siquiera lo que es más ventajoso. Tampoco está relacionado con nuestras preferencias, acuerdos o necesidades exteriores, sino de la revelación. El verdadero servicio servicio cristiano debe ser puro en su constitución:

«Ningún elemento humano (natural) debe ser introducido en el servicio a Dios, es decir, nada de nuestro pasado, nada que sea chino [ni europeo], nada que sea viejo, ni tampoco nada que sea nuevo… La visión celestial detiene las prácticas y métodos terrenales de los siervos de Dios. La visión celestial nos corrige».

Para q s conviertan

Recientemente compartíamos que la visión celestial nos dirige o encamina a la meta de Dios, que es la edificación del Cuerpo de Cristo cuya consumación será la Nueva Jerusalén (Efesios 4:16; Apocalipsis 21:9-10). Todo el que sirve debe hacerlo con una visión (Hechos 26:19; 9:3-5; 10, 12, 15-16, 20, 22), la cual proviene de Dios, no de nuestro yo, nos muestra a Dios, nos relaciona con Dios y nos constituye (Mateo 16:17; Gálatas 1:15-16; cfr. Isaías 50:10-11). Si no tenemos una visión celestial significa que nuestros ojos espirituales internos están cerrados. En este caso no vemos a Dios y Su economía. Puede que haya velos delante de nuestros ojos, que no haya luz aunque nuestros ojos estén desvelados o abiertos o que simplemente estemos en la posición incorrecta u orientados erróneamente. Sólo el Señor puede proporcionar una visión celestial y sólo Dios es capaz de rescatarnos de nuestra condición actual.

«Existe la urgente necesidad de que algunos, al igual que Ezequiel, busquen a Dios, contacten a Dios y sean los sacerdotes de Dios que ministren delante de Dios. Si Dios obtiene tales Ezequieles en la actualidad, entonces los cielos les serán abiertos, la gente en la tierra podrá ver las visiones celestiales y las cosas celestiales se cumplirán en la tierra»

Es importante que nos demos cuenta que no todos los creyentes reciben la visión de la misma manera. Ejemplo: Pablo la recibió directamente. Timoteo la recibió mediante Pablo, en la comunión con Pablo, sin embargo ambos fueron personas que sirvieron siendo obedientes a la visión celestial (Hechos 22:14; 2Timoteo 3:14-15). Recibir la visión celestial es nuestra responsabilidad. Hay dos asuntos prácticos que incidirán en cuánto seamos capaces de ver, y esto influirá en la naturaleza de nuestro servicio. Primero, tiene que ver con la cantidad de cosas y asuntos de los que somos capaces de desprendernos. A nuestro ser natural le gusta hacer tesoro de todo. No sólo el dinero puede llegar a ser nuestro tesoro, sino nuestra carrera, nuestra posición social, nuestros planes, nuestros conceptos y opiniones, aún las buenas revelaciones del pasado pueden llegar a ser cosas de las que debamos desprendernos. Lo segundo es que hemos de abrirnos al Señor. Aún el abrirnos al Señor para contactarlo, disfrutarlo y obtenerlo de manera genuina, es algo que debemos llevar a Él. Tenemos la urgente necesidad de abrirnos al Señor para tomarlo. (Mateo 5:8; 2Timoteo 2:21; Jeremías 15:19; Deuteronomio 10: 2-3; 2Corintios 3:18). Podemos orar así: ¡Señor, sé que debo abrirme a ti, pero no sé cómo. Intuyo que me abro a ti muy poco. Señor, enséñame a abrirme de manera que puedas revelarte a mí. Me abro a ti hoy confiando en Ti. Señor, toma el control. Amén! Debemos ser obedientes a la visión celestial obedeciendo al Señor en aquello que ya hemos visto y sobretodo tomando a Cristo como nuestra vida, evitando ser distraídos de Él hacia las múltiples cosas que pertenecen al mundo, siendo diligentes en mantener el contacto actualizado, fresco y libre de obstáculos (Hechos 22:14-15; Juan 7:17; Colosenses 3:4; 1Tesalonicenses 5:17).

¡Señor, te amamos. En ti confiamos. Gracias que hoy estás disponible y expresado. Te necesitamos como nuestra luz y como nuestro todo. Abre nuestros ojos, retira los velos, ilumina para que te sirvamos apropiadamente. Traemos todas las cosas delante de ti y nos presentamos nosotros. Nos abrimos para contactarte y tomarte como nuestra vida. Danos una visión fresca. Amén!

Ref:

Necesitamos una visión celestial

DSC_0057Todos los cristianos necesitamos una visión celestial (Hechos 22:14). El apóstol Pablo, cuando era un religioso voluntarioso y muy bien educado en la ley y las normas externas, el fariseo Saulo de Tarso, tenía muchos conocimientos. Era un hombre reputado por su autodisciplina, se devoción, su consecuencia con aquello que consideraba correcto y sus obras. Este hombre excepcional perseguía a los cristianos porque pensaba que eran enemigos de Dios, que eran unos advenedizos traidores y que ponían en peligro la religión verdadera con sus creencias y prácticas erróneas, es decir, Pablo estaba equivocado absolutamente en todo. Sin embargo es comprensible que nos preguntemos cómo es posible que un hombre tan entregado a su religión, inteligente y talentoso pudiera errar de manera tan completa.

Sí, él estaba lleno de información correcta y apropiada, valoraba mucho la tradición de sus mayores y ancestros, amaba la letra de la ley entregada por Dios a Moisés, sin embargo, espiritualmente estaba ciego. Esta es la respuesta. No era capaz de ver. En la experiencia espiritual ver es entender recibiendo una revelación de Dios.

Camino a Damasco, donde Saulo se dirigía para arrestar a los cristianos y llevarlos a Jerusalén (Hechos 26:12), brillo la luz celestial y entonces escuchó la voz del Señor (Hechos 26:13), le habló al Señor, le aceptó como Señor, recibió luz con respecto a la naturaleza de aquellos a los que perseguía, ció cómo era en realidad la relación entre estos hombres y el Señor, que es la base para la realidad del Cuerpo de Cristo, fue liberado tanto de su propio pueblo como de los gentiles, le fue dada una comisión y fue dejado muy claro o inválido e incapaz que en realidad era sin Cristo.

La comisión que Pablo recibió otra vez estaba relacionada con que los hombres creyeran y fueran traídos a la luz, lo cual está en aposición, en el texto, con ser sacados de la potestad de Satanás y recibir una herencia (Hechos 26:14-19).

Pablo necesitaba una visión celestial y el Señor le proporcionó está visión. A partir de este momento él comenzó a ver, y por ende fue restringido por esta causa a seguir al Señor a la manera del Señor, a servir al Señor, a testificar del Señor apropiadamente y a tener una relación orgánica con el Señor, más allá de la relación simbólica y objetiva que tenía antes, basada en el cumplimiento de una normativa con el esfuerzo humano.

Todo y cada uno de nosotros necesitamos una visión celestial. Sin tal visión careceremos de la guía necesaria, del freno saludable (Proverbios 28:19) y de las restricciones que nos guardan. Una vez recibida la visión tenemos un panorama claro que nos cautiva, nos rige y nos regula. Esta es la visión de la economía neotestamentaria de Dios, que incluye aquello que Dios está haciendo, cómo lo está haciendo, por qué lo está haciendo y para qué. Esta visión no es más que el Cristo viviente y activo revelado a nosotros, presentado ante nosotros para que seamos salvos cada día y vitalizados para ser verdaderamente uno con Él en realidad.

Una vez que Pablo fue alumbrado y recibió a Cristo para llevar a cabo la voluntad de Dios en obediencia, él oró incesantemente por nosotros para que Dios nos diese “espíritu de sabiduría y de revelación en el pleno conocimiento de Él” y para que, alumbrados los ojos de nuestros corazones, nunca antes, sino después de este hecho, supiéramos “cuál es la esperanza a que Él [nos] ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de Su herencia en [todos nosotros”] (Efesios 1:16-18).

Pablo alumbrado

Cuando Pablo se refiere al espíritu de sabiduría y revelación estaba diciendo que nuestro espíritu que ha sido regenerado por el Espíritu de Dios al morar Dios como Espíritu en él (en nosotros). Ese espíritu regenerado, que contiene el elemento divino, nos fue dado por Dios para que tengamos sabiduría y revelación para conocerlo a Él y a Su economía. Esta sabiduría en nuestro espíritu es para conocer el misterio de Dios y la revelación viene del Espíritu que mora en nosotros para que el velo de la ignorancia de la ausencia de Dios nos sea quitado. Una vez que somos desvelados poseemos la capacidad de entender las cosas espirituales, que significa que hemos recibido la vista. Entonces el Espíritu revela estas cosas a nuestro entendimiento espiritual.

Cuánto necesitamos las revelaciones de Dios. Mucho. A veces hasta tengo la certeza que no podemos saber exactamente cuánto necesitamos en realidad las revelaciones de Dios. Después de una pequeña experiencia siempre tendemos a creer que hemos visto mucho y allí nuevamente cae le velo y se retira la luz, volviéndonos a la oscuridad y a la ceguera.

¡Señor, en realidad dependemos de ti pero nos rebelamos en nuestra ceguera. Resplandece en nosotros para que los velos caigan. Cuánto te necesitamos para que nuestros ojos sean abiertos y limpiados para que la revelación contenida en la Palabra llegue a ser nuestra. Nos entregamos a ti una vez más. Nos presentamos tal como somos. Queremos ser diligentes en hacer confesión cabal sin introspecciones, pero te necesitamos. Sálvanos de la oscuridad. Señor, no vemos. Rescátanos en la práctica de la ignorancia satánica que son sus tinieblas. Tráenos de vuelta a Ti. Preséntate a nosotros. Gracias que eres el Espíritu en nuestro espíritu. Gracias que nos has señalado de antemano para salvación. Gracias que estás. Te pedimos que tomes el control. Desconfiamos de nosotros, y aún de nuestro buen criterio. Gracias porque sabemos que necesitamos una visión celestial. Amén!

Ref: La Palabra santa para el avivamiento matutino, La visión celestial, semana 1: La visión que rige y regula; la visión de la economía de Dios.

Permanecer limitados por el Cuerpo y ser conscientes del Cuerpo

El buen depósito  —  Anteriormente mencionamos el terreno único sobre el que debe establecerse la iglesia por una cuestión práctica de vital importancia: Mantener la unidad del Cuerpo. La iglesia debe seguir el patrón bíblico, una iglesia por cada unidad poblacional (ciudad), no cada calle o área dentro de una localidad.

Debemos tomar la iniciativa de ser limitados por los otros miembros del Cuerpo

Según 1Co 12:18, los creyentes han sido colocados dentro del Cuerpo según la soberana voluntad de Dios.  No es aconsejable ni saludable ejercer estrategias políticas para alterar este orden, sino que debemos permanecer todo el tiempo en el espíritu para permitir a Dios, que según Su beneplácito Él ordene todas las cosas como Él quiere.

Tanto nuestra posición como nuestra función son ordenadas por la Cabeza. Las funciones de cada cual son diferentes, aunque siempre interdependientes (Ro 12:4) e importantes para el Cuerpo (1Co 12:15). Es crucial que así como Dios asigna la posición y la función de cada uno, nosotros aprendamos, no solamente a cumplir con nuestra porción, sino que la aceptemos como la perfecta voluntad de Dios para nosotros. Cuando nuestra posición y función en el Cuerpo son aceptadas por nosotros, nos encontramos en una posición normal frente a Dios, donde podemos experimentarlo y disfrutarlo apropiadamente. El no estar donde Dios quiere que estemos y no funcionar de acuerdo a Su orden es una barrera que nos separa del fluir divino.

Hoy muchos hermanos tenemos la tendencia a preguntar a otros qué pasa que a veces no experimentamos a Dios adecuadamente o que el disfrute que tenemos no es profundo y satisfactorio. Bueno, la respuesta a eso es compleja (y puede ser diferente en cada caso) y requiere de mucho discernimiento, pero el no obedecer a Dios puede ocasionar esta dificultad. Necesitamos seguir a Dios, que no significa establecernos un plan de trabajo sino obedecer a Dios y estar dispuestos a tener un vivir de dependencia saludable con respecto a Él. Por otro lado, tomar la iniciativa no se refiere aquí a emplear todo nuestro tiempo en hacer cosas, sino, por el contrario, a tomar una profunda decisión de obedecer a Dios, aún (y especialmente) cuando eso parezca no muy agradable.

Servir a Dios en Su Cuerpo es lo contrario a servirnos a nosotros mismos según nuestra opinión, preferencias y comodidad. Servir a Dios en Su Cuerpo significa que debemos permanecer en el terreno de la unidad, pues así como hay un solo Dios, una sola fe y un solo bautismo, y también hay un solo Cuerpo. El camino recto para conocer a Dios, crecer en la vida divina, ser partes de la edificación, ser edificados y edificar a otros es experimentar la cruz en nuestras circunstancias para que la plenitud de Cristo, Su resurrección, sea nuestra experiencia. En términos escriturales y según la enseñanza apostólica, no existe la iglesia en la que podamos ir para ‘alejarnos de la iglesia’. Ese tipo de reservorio alternativo donde vamos cuando no estamos cómodos en la iglesia que está en la ciudad donde vivimos, no existe según el orden revelado de Dios.

En realidad todos los creyentes, miembros en el Cuerpo, no son iguales. De hecho tienen características, trasfondos, talentos y capacidades diferentes y ellas son el constituyente de nuestra función en ele Cuerpo. Nuestra función está determinada por estos asuntos. Hay una clara relación entre lo que somos y cómo somos y la función asignada por Dios a nosotros.

Muchas preguntas. Una respuesta

«¿Cómo sabemos a qué iglesia debemos ir? Esta pregunta toma mucho tiempo a los creyentes. ¿Cuál es la iglesia que se ajusta mejor a mi nivel educacional y social, o que coincide con lo que yo quiero hacer? ¿Cuál es la iglesia en la que me tratarán mejor y me darán todo aquello que yo me merezco? ¿…la iglesia que me dice aquello que coincide con mi propia comprensión de las cosas humanas y divinas?» A todas estas preguntas y muchas más en ese estilo corresponde, si somos sobrios y bíblicos, una sola respuesta, perfecta, completa y segura: «La iglesia que se encuentra en el lugar donde resides.» Sé que puede haber muchos ‘peros’, sobre todo en estos tiempos en que estamos acostumbrados a una ‘pluralidad de iglesias’ y toda una apología de este sistema.

Recuerdo aquella historia del hermano que iba en un autobús con la Biblia en la mano y otro cristiano, al verlo, le pregunta: «¿Eres hermano?». «Sí», fue la respuesta, «soy hermano». Inmediatamente escuchó ‘la pregunta de rigor hoy’: «¿A qué iglesia perteneces? La respuesta a continuación es modélica en todos los sentidos, y refleja una comprensión profunda y cabal del asunto de la iglesia con una visión sólida y madura. Le dijo: «Pertenezco a la misma iglesia a la que pertenecía Pablo, Martín Lutero, tú y todos los cristianos verdaderos». Hubo un breve silencio y el otro cristiano respondió con un aire de esperanza, pero tristemente. «¡Eso sería maravilloso»!

Para el crecimiento y desarrollo del Cuerpo, hemos de conocer nuestra medida en el Cuerpo y no sobrepasarla, estando dispuestos a ser limitados por ella (Ef 4:7, 16; Ro 12:3, 6). Medida es una palabra maravillosa en el Nuevo Testamento. Sin embargo, hoy la escuchamos siempre con el sentido de algo negativo. Esa es una señal de lo alejado que verdaderamente estamos del espíritu de la revelación y la comprensión espiritual de la misma.

Cuando sobrepasamos nuestra medida, la establecida por Dios, ordenada por Dios, que refleja la voluntad de Dios y que está respaldada por Su fluir y abundancia, abandonamos la unción de la Cabeza, pues interferimos en el orden establecido soberanamente por Dios, y como consecuencia estorbamos a Dios con nuestra desobediencia e individualismo. En ese caso, sin dudas, no tenemos una mente cuerda y sobria, llena del Señor y anulamos el debido orden de la vida del Cuerpo.

También leer: Debemos tomar la iniciativa de permanecer firmes sobre el terreno único de la iglesia

Ref: Tomar la iniciativa como ancianos y hermanos responsablessemana 7, intitulada Tomar la iniciativa de estar firmes sobre el terreno único de la iglesia, de permanecer sujetos a la limitación del Cuerpo de Cristo y de ser conscientes del Cuerpo en unanimidad, días 2 y 3.