Cristo es el todo del servicio sacerdotal

En Filipenses 1:8 Pablo expresa un sentimiento muy intenso: Afecto profundo, tierna misericordia y compasión. Él añoraba a los santos. En su añoranza por los santos, el apóstol era uno con lo que Cristo sentía en Sus entrañas. Aquí tenemos los profundos sentimientos de Cristo que son los mismo intensos sentimientos de Pablo. Cristo añora, Pablo añoraba, nosotros añoramos. Cristo siente tierna misericordia, Pablo sentía profunda misericordia, nosotros sentimos profunda misericordia. Cristo experimenta compasión, Pablo experimentaba compasión, nosotros experimentamos compasión.

Como sacerdote, Pablo era uno con Cristo. Su función sacerdotal estaba plenamente identificada con Cristo. La nuestra, si es genuina, debe ser exactamente de esta manera. Esto indica que para Pablo, disfrutar a Cristo equivalía a ser uno con las entrañas de Cristo, en las cuales él le disfrutaba como su suministro de gracia. Así nosotros. Del mismo modo.
Algunos han preguntado -según la moda de hoy-, lo siguiente: ¿Pero eso no es imitar ciegamente a otra persona? ¿No deberíamos ser originales, sin seguir a hombre alguno, y tener ideas propias para no ser meros imitadores? Esta pregunta causa tristeza al corazón de Dios, pero estoy seguro que a Él le encanta cuando se formula de manera genuina y neutral, por la posibilidad que da de proporcionar una respuesta. El sacerdocio proviene de Dios, se desempeña en el ámbito de Dios y es para Dios.
Nosotros hemos sido escogidos para integrarnos en él y ser partícipes del proceso de Dios con vistas a la edificación de Su casa espiritual. En este sentido, el sacerdocio no es algo que nosotros planeamos o creamos, que nos beneficia a nosotros como autores ni es para nuestro beneficio personal. Mediante el sacerdocio, Dios con nosotros, mediante nosotros y para ambos, lleva a cabo Su economía, que es la administración divina para el cumplimiento de Su propósito, que por Su iniciativa, por Su misericordia y en Su gracia, estamos incluidos.
Pablo era un sacerdote, y como todos los sacerdotes -elegido, seleccionado, destinado, capacitado, equipado, sostenido, lleno, guiado, mezclado, en gloria- santificado y apartado por Dios para su función, con vistas a, junto con otros, ser edificados como Casa mutua de Dios y el hombre. Si nosotros, como Pablo, como también elegidos por Dios para ser sacerdotes reales, esto es un altísimo honor, por ello ser uno con Pablo, seguir a Pablo y hacer lo que Pablo, significa que somos uno con Dios en Sus intereses. El único interesado en que nos marginemos de Dios, siendo independientes de Dios, con ideas propias, planes individuales, gloria personal y agenda única, es el enemigo de Dios el diablo. El señor tenga misericordia y nos guarde en el sacerdocio.

En Colosenses

Pablo describe este servicio sacerdotal en Colosenses 1:27-28. El servicio del apóstol era con Cristo por cuanto él servía Cristo a otros. ¿Que daba Pablo a otros? ¿Qué mostraba Pablo a otros? ¿Qué transmitía Pablo a otros? Si nuestro servicio hoy es llevado a cabo con algo diferente de Cristo, está mal. Hay algo erróneo en el sacerdocio ejercido con algo más que Cristo, sin importar lo bueno que sea. Esta palabra es muy sobria. Debemos preguntarnos frente al Señor. ¿Estoy transmitiendo algo diferente de Cristo mismo? ¿Estoy ofreciendo algo distinto de Cristo? ¿Lo que ministro a otros es Cristo o algo más? ¡Aleluya por esta Palabra! Las riquezas (Ro 9:23) de la gloria es todo aquello que Cristo es. Debemos ministrar Cristo a otros a partir del Cristo que está en nosotros. Esto excluye, en términos estrictos, todas las cosas que son buenas y recomendables aparte de Cristo. Dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio a los demás es que las riquezas de la gloria de este misterio que está en nosotros fluya hacia otros, reboce de nosotros y alcance a otros. Sólo entonces las riquezas de la gloria de este misterios serán dadas a conocer. “Cristo en nosotros es misterioso y también es glorioso”. La gloria consiste en la expresión y la transmisión de algo. Dios es glorioso porque Él se expresa a Sí mismo. Es un Dios que se expresa, se da a conocer.

Con, mediante, por…

Si servimos apropiadamente a Dios entonces nuestro servicio será con Cristo, mediante Cristo y por Cristo. Sé que aquí hemos anotado tres preposiciones, que colocamos subsiguientemente, pero no deben ser separadas. Humanamente hablando, para no caer en la trampa de la semántica que pueda atraparnos en palabras estériles, y nos impida presentar el misterio según la Palabra, hemos de decir que servir con algo es que ese algo sea el objeto e instrumento de nuestro servicio. Servir mediante algo es que ese algo sea el medio de nuestro servicio, y finalmente, servir por algo es que ese algo sea el origen y causa de nuestro servicio. Así que nuestro servicio sacerdotal está ligado e implicado con Cristo de manera absoluta en todos los sentidos.
Cristo mora en nosotros como el Espíritu para ser nuestra vida y nuestra persona. Él es nuestra esperanza de gloria. En Su venida seremos glorificados en Él. El Cristo que mora en nosotros satura nuestro ser. En esta saturación y rebosamiento es que servimos a Dios, cuando Su gloria se expresa mediante nosotros. Ahora, esta saturación al final llegará a ser completa y total, para que nuestro cuerpo físico sea transfigurado y conformado el cuerpo de Su gloria (Fil 3:21). Una vez más, la manera, el instrumento, le medio, el objeto, la causa y el origen de nuestro sacerdocio, tanto como Cuerpo como en función, nos llevará a la gloria completa (Ro 8:30). ¿No es esto lo más maravilloso que ha escuchado usted jamás?

Experiencia apropiada

En Colosenses, encontramos expresiones como «Cristo en vosotros» (v. 27), «perfecto en Cristo» (v. 28), andad «en Él» (2:6), «según Cristo» (2:8), «os dio vida juntamente con Él» (2:13), «habéis muerto con Cristo» (2:20), «asiéndose de la Cabeza» (2:19), «en virtud de quien» (2:19), y «crece con el crecimiento de Dios» (2:19). Estas expresiones nos dan un cuadro completo y un repaso exhaustivo de la experiencia apropiada que deberíamos tener de Cristo como sacerdotes.

Perfecto y completo

En la entrada anterior, donde compartimos nuestras notas respecto a disfrutar a Cristo como la realidad de todas las ofrendas, mencionamos que los nuevos creyentes traídos a la vida mediante nuestra predicación del evangelio eran parte de estas ofrendas. Aquí vemos en esta porción de Colosenses un patrón de esto. La palabra “perfecto” alude a  plenitud en cuanto a calidad, mientras que “completo» denota plenitud en cuanto a cantidad. ¡Perfecto y completo! «El ministerio del apóstol, ya sea al anunciar a Cristo o al amonestar y enseñar a los hombres en toda sabiduría, estaba exclusivamente dirigido a ministrar a Cristo a los hombres para que llegasen a ser perfectos y completos al madurar con Cristo, el elemento de la vida divina, hasta alcanzar el pleno crecimiento”.
«Primero somos puestos en Cristo; luego Cristo está en nosotros. Cuanto más somos introducidos en Cristo, más se introduce El en nosotros, y cuanto más El se introduce en nosotros, más nos introducimos en El. Por medio de este ciclo crecemos en vida». Se refiere al cuerpo físico, del cual Cristo se vistió en Su humanidad, lo cual indica que toda la plenitud de la Deidad mora en Cristo, quien tiene un cuerpo humano. Antes de la encarnación de Cristo, la plenitud de la Deidad moraba en El como la Palabra eterna, pero no corporalmente. Desde el momento en que Cristo se encarnó, es decir, desde que se vistió con un cuerpo humano, la plenitud de la Deidad empezó a morar en El de una manera corporal, y ahora y por siempre mora en Su cuerpo glorificado (Fil. 3:21).

«Plenitud» y «llenos»

Finalmente en este punto de servir a Dios con Cristo, mediante Cristo y por Cristo avanzamos hasta el capítulo 2 de Colosenses, versículos 9 y 10. Nos referiremos a dos puntos que son vitales para presentar la función sacerdotal:
“plenitud de la Deidad” y “llenos en Él”.
Esta plenitud no se refiere a las riquezas de Dios sino a la expresión de estas riquezas de Dios. El que corporalmente habite en Cristo toda la plenitud de la Deidad significa que todas las riquezas de Dios (están, desde luego) se expresan en Cristo y esta expresión es todo lo que Dios es (véase la nota 19-3 de Efesios 3 en la Biblia versión recobro). La Deidad es diferente de las características divinas manifestadas en las cosas creadas (Ro 1:20). Esto prueba la deidad de Cristo
«La palabra griega implica completamiento, perfección. Ya que toda la plenitud mora en Cristo, cuando nosotros fuimos puestos en Cristo (1 Co. 1:30), fuimos llenos de todas las riquezas divinas. Por lo tanto, no necesitamos otra fuente. Como Cristo es nuestra perfección y completamiento, no debemos hacer de principados ni potestades objetos de adoración, porque El es la Cabeza (Ef 1:21-22) de todos ellos. Esto va en contra del culto a los ángeles (v. 18)”.
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Ref:
  • La palabra santa para el avivamiento matutino, “Estudio de cristalización de Éxodo tomo 2″, semana 12: “Un reino de sacerdotes”
  • El avance del recobro del Señor hoy, caps 1-2
  • El sacerdocio, pág 54, disponibles para leer online aquí
  • The Collected Works of Witness Lee, 1965, tomo 2, págs 455, 459 y 461
  • The Collected Works of Witness Lee, tomo 2, “Functioning in Life as Gifts Given to the Body of Christ, caps 7-8.

Un sacerdote sirve por medio de Cristo como realidad de las ofrendas

Un sacerdote sirve por medio de Cristo. Este principio es fundamental. No servimos por medio de nuestras capacidades naturales, o por medio del apoyo familiar, o por medio de nuestras buenas intenciones, ni siquiera por medio de un ideal elevado que tengamos. Servimos por medio de Cristo. Si quitamos a Cristo de la ecuación, nuestro servicio sacerdotal desaparece, espontáneamente se esfuma.

En 1Pedro 2:5

En la primera epístola de Pedro, vemos en el capítulo 2, versículo 5 cuatro entidades o asuntos que son verdaderamente asombrosos: 1) Piedras vivas; 2) edificados como casa espiritual; 3) sacerdocio santo y 4) sacrificios (espirituales) aceptables por medio de Jesucristo. Esto se refiere a nosotros.

Al creer, el Señor viene a nosotros como espíritu vivificante cuando creemos y somos vivificados gradualmente por Él, quien es el sacerdote divino, en Su sacerdocio lleno de vida para vivificarnos y solucionar el problema de la muerte y sus resultados (Ro 8). Ya no somos ladrillos polvorientos, barro con forma, sino piedras de edificación y piedras vivas, vivientes, igual que Cristo. Por medio de la regeneración recibimos la simiente de vida, que crece en nosotros para nuestra transformación de barro en piedras, y piedras vivas. Cuando nosotros los creyentes nos alimentamos de Cristo tomando la leche nutritiva de la Palabra de Dios crecemos en vida y somos edificados (1P 2:52; 1Co 3:9; Ef 2:20-22, 4:16; Col 2:7). El crecimiento tiene como fin la edificación de Su Casa (Gn 28:19, 22; 1Ti 3:15; 1P 4:17).

El sacerdocio santo

Aquí se refiere al grupo de sacerdotes, no a la función u oficio sacerdotal. El sacerdocio santo es la casa espiritual. En el Nuevo Testamento se usan tres palabras griegas con relación al sacerdocio: ierosúne, en He. 7:12, se refiere al oficio sacerdotal; ieratéia, en He. 7:5, se refiere al servicio sacerdotal; y ieráteuma, aquí y en el v. 9, se refiere a la asamblea de los sacerdotes, el cuerpo de sacerdotes, un sacerdocio. El cuerpo coordinado de sacerdotes, constituidos de Cristo es la casa espiritual edificada. Aunque Pedro no dirigió sus dos epístolas a la iglesia, ni usó el término iglesia en este versículo al recalcar la vida corporativa de los creyentes, sí usó las expresiones casa espiritual y sacerdocio santo, para referirse a la vida de la iglesia. No es la vida espiritual vivida de una manera individualista sino de una manera corporativa, la que puede cumplir el propósito de Dios y satisfacer Su deseo. Él desea una casa espiritual que sea Su morada, un cuerpo de sacerdotes, un sacerdocio, para Su servicio. La perspectiva de Pedro con respecto al servicio corporativo de los creyentes en coordinación es la misma que la de Pablo en Ro. 12. Este servicio nace de tres pasos vitales en la vida espiritual: el nuevo nacimiento (v. 2a), el crecimiento en vida al ser nutrido con Cristo (v. 2b) y la edificación con los creyentes.

La mayoría de nuestras Biblias dicen: “edificados como casa espiritual hasta ser un sacerdocio santo” o “casa espiritual y sacerdocio santo” o “casa espiritual, sacerdocio santo”. En cualquiera de los casos lo que la Palabra transmite es que la casa espiritual es el sacerdocio santo. ¿Somos edificados como casa espiritual? ¡Sí! ¿Somos edificados como un sacerdocio santo? ¡Sí! ¿Dios lleva a cabo dos edificaciones paralelas? ¡No! Entonces la casa espiritual es para el sacerdocio santo y el sacerdocio santo es para la casa espiritual. Más claramente, la casa espiritual es el sacerdocio santo y el sacerdocio santo es la casa espiritual. Si la casa espiritual está siendo edificada es que el sacerdocio santo está siendo edificado. Cuando es edificado uno es edificada la otra. La Casa es el sacerdocio y el sacerdocio es la Casa. ¡Aleluya! Esta es una visión asombrosa. Somos liberados cuando Dios quita los velos de nuestros ojos. Recuerdo el himno que dice: “¡Cuando el corazón se vuelve al Señor el velo quitado será!”. Que seamos todos aquellos que no tenemos velos delante de nuestros ojos para ver que la edificación del sacerdocio santo es la única edificación que Dios lleva a cabo hoy.

La casa es espiritual porque es santa, porque el término espiritual denota la capacidad de la vida divina de vivir y crecer. Santo denota la capacidad de la vida divina para separar y santificar. La Casa de Dios subsiste principalmente  por la vida divina, por ello es espiritual. El sacerdocio subsiste principalmente por la naturaleza divina, por eso es santo. ¡Oh, el sacerdocio es santo, no simbólicamente, no ritualmente, sino en realidad, en la vida y naturaleza divinas y santas!

Sacrificios espirituales

Los sacrificios espirituales que los creyentes ofrecen en la era neotestamentaria, que son aceptables (Is. 56:7; Ro. 12:1; 15:16) ante Dios, conforme a la economía de Dios son: (1) Cristo como la realidad de todos los sacrificios de los tipos antiguotestamentarios (Lv 1-7), tales como el holocausto, la ofrenda de harina, la ofrenda de paz, la ofrenda por el pecado y la ofrenda por la transgresión (Lv. 1— 5); (2) los pecadores que son salvos mediante nuestra predicación evangélica, ofrecidos como miembros de Cristo (Ro. 15:16); y (3) nuestro cuerpo, nuestras alabanzas y lo que hacemos para Dios (Ro. 12:1; He. 13:15-16; Fil. 4:18)”. Nosotros como sacerdotes hemos de ejercer nuestro oficio mediante Cristo como la realidad de todas las ofrendas.

Señor, queremos un servicio apropiado para el cumplimiento de Tu propósito. Señor, atráenos a Ti. Necesitamos ir a Ti para tomarte como la realidad de las ofrendas. Nos abrimos a Ti para recibirte. Sigue infundiéndote en nosotros para que Te sirvamos por medio de Ti mismo como la realidad de todas nuestras ofrendas.

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en su lectura, oración y estudio de La palabra santa para el avivamiento matutino,
titulada “Estudio de cristalización de Éxodo tomo 2″,
semana 12: “Un reino de sacerdotes”,
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con los versículos señalados y notas correspondientes de la Biblia versión recobro,
disponible para comprar en España aquípublicado por Living Stream Ministry,
además de los libros:

  • El avance del recobro del Señor hoy, caps 1-2
  • El sacerdocio, pág 54, disponibles para leer online aquí.
Referencias en ingles, disponible aquí:
  • The Collected Works of Witness Lee, 1965, tomo 2, págs 455, 459 y 461
  • The Collected Works of Witness Lee, tomo 2, “Functioning in Life as Gifts Given to the Body of Christ, caps 7-8.