Adorar a Dios, Quien es Espíritu, en nuestro espíritu y con veracidad

Dios necesita ser adorado en espíritu y con veracidad, porque Él es Espíritu

Juan 4:24 es un versículo muy profundo, que sin embargo transmite Su contenido de manera muy directa y rica. Si nos abrimos al Señor, a Su comunión de vida, mientras tomamos la Palabra, disfrutaremos de una oración sólida, elevada y profunda. La luz de Dios brillará en nosotros.

Dios, Espíritu, adoración, espíritu, veracidad, necesidad

«Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y con veracidad es necesario que adoren.»

Hay varias cosas sorprendentes en cuanto a esta porción, habla de muchos asuntos serios y cruciales, con sentido de urgencia. Al mismo tiempo es tan breve. Aquí encontramos a Dios, Su naturaleza, el lugar apropiado para adorarlo, la única manera de hacerlo y la necesidad de Dios, para el cumplimiento de Su propósito. Es como una mini Biblia completa en modo muy concentrado.

Dios es Espíritu

Aquí empieza con la rotundidad de “Dios es Espíritu”. Este es el Dios completo, el Dios Triuno: Padre, Hijo y Espíritu. Este Dios entero es Espíritu. ¿Qué significa esto? Espíritu es la naturaleza de Dios. Dios no es material, Él es Espíritu. En términos de referirse a la naturaleza de algo, un equivalente sería: “La verja es de acero”. Esto indica que el material que compone la verja es el acero y el acero aporta sus características esenciales a la verja, porque es la esencia de la verja. No sólo está hecha con acero, sino más específicamente la naturaleza intrínseca de la verja es el acero. Es diferente de afirmar que la verja es dura, o es útil. Aquí denota la naturaleza de Dios. Dios es Espíritu.

En modo negativo, no se refiere al Señor Espíritu (1Co 3:18), que es un título compuesto asignado a nuestro Señor, Quien claramente es el Espíritu (comprobar 1Co 15:45; 2 Co 3:17). Decir que Dios es Espíritu describe la naturaleza del Dios Triuno, no Su función, obra o impacto, tampoco de Sus atributos derivados. Aquí no se habla del Señor Espíritu que tenemos en 2 Corintios 3:18, que se refiere a la Persona de nuestro Señor, Quien es el Espíritu vivificante, que mora en nosotros para impartirnos todas las riquezas de Dios e infundirnos consigo mismo para nuestra transformación, santificación (1Co 1:1) y constitución, para la obra del ministerio, que es la edificación del Cuerpo de Cristo (Ef 4:12). Dios es Espíritu.

Adoración y nuestro espíritu

En Juan 4:24 Jesús hablaba a la mujer samaritana para instruirla -y a nosotros- acerca de la necesidad de ejercitar su espíritu para acceder a Dios, Quien es Espíritu, para así poder beber – también nosotros- el agua viva, que satisface nuestra sed verdaderamente. Este beber es la verdadera adoración. El apóstol Pablo adoraba de este modo (adorando al tocar a Dios y beber de Él como el agua viva) en el lugar indicado por Dios, su espíritu (Ro 1:9).

Nuestro espíritu es el lugar

Dios estableció un lugar específico para ser adorado y una manera determinada. El sitio elegido para establecer Su Habitación (ref: Dt 11:5, 11, 13-14, 18). Dios mismo indica dónde y cómo Él debe ser, quiere ser y necesita ser adorado. En relación con la adoración y el servicio de Dios lo más importante es escuchar Su hablar, recibir Su revelación, porque la adoración en todos los casos es iniciada por Dios y establecida por Él para lograr Su propósito. Es algo significativo que cuando perdemos la presencia de Dios, perdemos Su hablar. A partir de allí comienzan nuestras «buenas ideas»: El becerro de oro, el clero profesional que prima sobre los demás creyentes, el igualar edificio físico con iglesia, el creer que Dios no puede ser tres porque es uno, el creer que los Tres de la Deidad son sólo manifestaciones temporales del único Dios, judaizar, creer que la preeminencia de Dios puede ser sustituida por obras buenas, intentar cumplir la ley por uno mismo, creer que el tabernáculo simboliza un lugar material… Son innumerables los ejemplos.

Nuestro espíritu es el lugar escogido por Dios para establecer Su Casa espiritual, para realizar la edificación, para hablar, para moverse, para alcanzarnos al mezclarse con nosotros…. El espíritu humano es el sitio donde debemos permanecer, servir a Dios, seguir a Dios, disfrutar a Dios, adorar a Dios, alabar a Dios y predicar el evangelio, conocer a Dios. Es el lugar escogido por Dios para que lo experimentemos y donde lo ministremos a otros para que sean salvos, edificados y lleguen a ser edificadores al ejercitar Su espíritu en comunión, como sacerdocio santo y real. En nuestro espíritu humano se lleva a cabo la edificación de la iglesia (ver Efesios 2:22, nota 4).

Dios debe ser adorado en Su lugar y con las ofrendas

El lugar que Él escogió, el tabernáculo (Lv 1-6), para establecer Su Habitación, tipifica el espíritu humano, donde nosotros somos juntamente edificados para morada de Dios (Ef 2:22). Las ofrendas todas tipifican a Cristo. Cristo es el cumplimiento y la realidad de todas ellas, que en el Antiguo Testamento eran sombras de lo que habría de venir. Eso que habría de venir, ya está aquí mediante la encarnación, el vivir humano, la muerte, la resurrección, la ascensión y el regreso como el Espíritu vivificante que está en nosotros desde el momento en que creímos. ¡El Señor está en nosotros y nosotros en el Señor! ¡Aleluya! l Señor fue claro con la mujer samaritana. Ella debía ir a su espíritu y contactar a Dios, Quien es Espíritu, justo allí -como nosotros hoy- y no yendo a lugares físicos y usando ofrendas materiales. Nuestro ir a adorar ya no es una cuestión geográfica. Ya no es un viaje a través del espacio físico. En términos absolutos, es un viaje a nuestro espíritu regenerado.

Veracidad

Jn. 4:245 veracidad

Hay versiones bíblicas que dicen: «en espíritu y en verdad». Esto podría ser una versión aceptable. Sin embargo, asomémonos a este versículo cuidadosamente y explico brevemente por qué usamos el adjetivo «veracidad» en lugar de la conocida y elegante frase «en verdad». Preferimos el adjetivo porque creemos que transmite mejor el contenido del versículo. Aquí se refiere a la manera en que nosotros, los creyentes, debemos adorar. Hay dos nociones en este versículo que nos introducen en las pautas apropiadas para adorar: 1- El lugar y 2- la manera. En cuanto a la ubicación, la respuesta del Señor es: Debemos adorar a Dios en espíritu -en nuestro espíritu humano-. En cuánto al cómo, vemos que Su Palabra dice: De una manera veraz, auténtica y sincera (con veracidad). Estas son cualidades que las personas pueden tener.

Ahora, en un sentido intrínseco, las cualidades -o cualidad- necesarias y propias de la adoración a la que se refiere el apóstol Juan no son naturales. Esto no coincidiría con el contexto de este capítulo y con el contexto de la revelación contenida en este libro completo. Esta veracidad o «cualidad de ser genuino y verdaderamente sinceros» tiene su origen en la realidad divina en nosotros, que mediante el proceso de transformación y santificación, llega a ser nuestras virtudes humanas, no las buenas cosas que hay en nosotros naturalmente, sino el resultado del obrar de Dios en nuestro interior.

Veracidad, tal como lo hemos presentado, es la cualidad necesaria para llevar a cabo una adoración verdadera de Dios, y es lo contrario a la hipocresía de la samaritana inmoral, adoradora falsa y desorientada de Dios (vs 16-18). Esta samaritana adoraba a Dios objetivamente, según tradiciones ancestrales, sin conocerle, sin la revelación, en una esfera natural y cultural. Jesús, al mismo tiempo que la expuso en su pecado e ignorancia, le señaló el camino: Su espíritu, y la manera: Mediante la cualidad resultante de la santificación y la transformación. Una presentación extraordinaria y una revelación preciosa y completa. En cuanto a escuchar a Dios, debemos todos colocarnos en los zapatos de la samaritana. Quizás hayamos sido cristianos por muchos años y no nos sentimos cómodos con la sugerencia de identificarnos con una pecadora, sin embargo, en un sentido -como ella- todos necesitamos que Cristo nos revele el lugar y el camino, nos exponga, abra nuestros ojos, nos alumbre y nos refresque con Su revelación. Todos necesitamos actualizar nuestra visión y nuestra revelación.

La realidad divina es Cristo (quien es la realidad, 14:6) como la realidad de todas las ofrendas del Antiguo Testamento con las cuales se adora a Dios (1:29; 3:14) y como la fuente de agua viva, el Espíritu vivificante (vs. 7-15), del cual participan y beben Sus creyentes, para que sea la realidad subjetiva de ellos. Finalmente ésta llega a ser la autenticidad y sinceridad con las cuales adoran a Dios de la manera que El quiere. (Véase la nota 66 de 1 Jn. 1; Ro. 3:7, y la nota 82 de Ro. 15).

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Ref:
  • Levítico, principalmente Lv 1:1-6 y Juan 4:24, con los demás versículos aquí señalados, y sus notas correspondientes, de la Biblia versión recobro, publicada por Living Stream Ministry

 

La manera apropiada en que debemos reunirnos es hacer que la luz ascienda

Los cristianos continuamente sostienen controversias en cuanto a la mejor manera de reunirse. Para ello se ha ido creando, a través de los siglos, todo un ecosistema de liturgias y tradiciones con sus argumentos y razones correspondientes. Además, existen corrientes -a veces contradictorias entre sí- acerca del modo de establecer reuniones cristianas y adorar colectivamente. La marca aquí es siempre lo que es correcto y lo que no es correcto.

Organización humana

Algunos prefieren las reuniones silenciosas, porque creen que eso es solemne y que Dios, el Altísimo, merece y quiere solemnidad, de parte de nosotros Sus criaturas. Otros prefieren las reuniones “más libres” donde se establece una espacio para que los creyentes expresen algo, con proclamaciones, aplausos…etc, de manera “más desorganizada”, porque entienden que esto le da más libertad al Espíritu para fluir. Hemos de decir que la manera apropiada de reunirse no está en las formas de las reuniones, ni en nuestro entendimiento para establecer un sistema determinado con miras a hacerlo “bien”. No existe una manera correcta de reunirse en términos de organización humana. Eso es entender las reuniones cristianas a partir de la mentalidad humana.
En 1 Corintios 14:26 Pablo establece algo, que, según los tiempos que corren, podríamos calificar de revolucionario, sin embargo, fue escrito en el siglo I, y aún está en nuestras Biblias. Veamos:

1Corintios 14:26

«Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene enseñanza, tiene revelación, tiene lengua, tiene interpretación. Hágase todo para edificación.»
El principio de la manera apropiada de reunirse el pueblo de Dios hoy como iglesia en el sitio en que vivimos, de manera cotidiana, no es una cuestión de orden exterior, sino que queda determinado por lo que somos en Cristo, lo que hacemos en Él y lo que recibimos de Él en la práctica. La reunión apropiada es aquella en la que cada creyente tiene ya algo de parte de Dios en el momento de acudir a la reunión. No importa tanto si la reunión tiene una forma u otra, si se realiza debajo de un árbol o en un edificio con columnas jónicas, lo importante está en el interior de cada creyente.
El verbo “tiene” está en presente. No dice “tendrá”. Cuando vamos a la reunión ya tenemos. Este es el énfasis. ¡Tenemos! Estrictamente según la revelación bíblica en esta porción, no debemos ir a las reuniones para allí encontrar algo. Esta palabra -siempre en presente- aparece en cinco ocasiones en este versículo. Significa principalmente “retener, poseer, guardar (algo)”, “tener (algo) para disfrutarlo”, y “tener los medios o el poder para hacer (algo)”. Los primeros dos significados, “tener, retener  y guardar algo para nuestro disfrute” deben ser aplicados a los dos primeros puntos enumerados en el versículo: Salmo, enseñanza y revelación. El último significado, que da la noción de la posibilidad y capacidad para hacer algo, debe ser aplicado a los dos últimos, lengua e interpretación.
Cuando venimos a la reunión debemos tener algo del Señor para compartir en la reunión debemos tener un salmo para alabar a Señor, una enseñanza, como un maestro, para ministrar las riquezas de Cristo para edificar y nutrir a otros; una revelación, como un profeta (v.30) para impartir visiones del propósito eterno de Dios acerca de Cristo como misterio de Dios y acerca de la iglesia como misterio de Cristo; un lengua, como señal para os incrédulos (v.22) para que lleguen a conocer a Cristo y lo acepten; y una interpretación para hacer que lo dicho de Cristo y Su Cuerpo sea entendido. Este es el patrón neotestamentario.
Repito, el patrón compartido por el apóstol Pablo es el mejor en términos de orden, porque de ese modo cada creyente puede expresar a Dios en las reuniones, cada creyente puede funcionar, anulando la tendencia natural hacia lo clérigo-laico, sin embargo, es posible tener una reunión apropiadamente bíblica, donde todos funcionen de manera adecuada, y aún así carecer de luz. Es posible tener una reunión bíblica según 1 Corintios 14 sin luz.

Por ello…

Antes de acudir a las reuniones debemos prepararnos, disfrutándole en oración, permaneciendo en la Palabra para purificarnos con su agua (Ef 5:26), recibir al Señor en la Palabra y ser llenos de Él… etc. La preparación no es ritual, sino espiritual. Debemos ir/permanecer en nuestro espíritu para allí ministrar al Señor con el objetivo de poder ministrarlo Él a los demás. La reunión es una esfera en la que nosotros entregamos Cristo y recibimos Cristo de los demás. Es un ámbito en el que la comunión se basa en la experiencia que los creyentes han tenido de Cristo y la manera en que lo ministran mediante profecía (no predictiva sino hablar de parte de Dios), salmos…
Según el contexto y el contenido de esta porción en 1 Corintios, una vez que lleguemos a la reunión, como hemos comentado antes, no debemos esperar ser inspirados, sino que debemos ejercitar nuestro espíritu para presentar con una mente sobria aquello que el Señor nos ha dado, para Su gloria y manifestación, y beneficio de los asistentes, para que sean iluminados.
Esto es brillar; emitir luz. Brillar es el resultado de nuestro disfrute y experiencia de Cristo, para que Él sea expresado en nosotros, para estar vestidos de Él. Debemos brillar expresando a Dios de esta manera. El punto principal de una reunión es estar vestidos de sacerdotes, o sea, expresar a Dios para emitir la luz divina. Aquello que el Señor nos ha entregado en nuestra comunión con Él debe ser expresado y compartido, como la luz que brilla en nosotros, que es Cristo iluminando, para que otros sean iluminados. Nuestra luz en Cristo es la luz que ascenderá en la reunión. Si esta luz asciende y algo de Cristo es ministrado a otros hay edificación. Esta sería una reunión apropiada. Sería una reunión de luz, donde Dios brilla, en Cristo como el Espíritu (ver Éxodo 27:21, nota 1). ¿Hay luz? Esa es la manera. ¿No hay luz? Definitivamente esa no es la manera.
Enfatizamos, cuando los creyentes, antes de la reunión vamos -o permanecemos- al Señor, lo contactamos en nuestro espíritu, permanecemos en el fluir de Su comunión divina y lo disfrutamos de una manera auténtica, entonces Dios podrá llenarnos consigo mismo hasta rebosar en nosotros. Este rebosar son nuestras vestiduras sacerdotales. Sólo los sacerdotes podía hacer arder las lámparas.
Cuando tenemos comunión con Él en Su Palabra y Él se infunde en nosotros, Su Palabra será abierta y lo comeremos. ¡Esto sería una lectura y estudio lleno de Cristo, lleno de luz, donde veremos, entenderemos y seremos capaces de ser constituidos gradualmente de Él! Entonces seremos sacerdotes que prendan las lámparas. La expresión de todas las riquezas de Dios serán impartidas en nuestro ser. No se trata de pensar cómo debe ser la reunión, sino de aprehender al Cristo que está en nuestro Espíritu como el aceite divino (otro aceite no sería apropiado) para brillar con la luz divina (otra luz no sería válida).
Cuando brillamos, Dios mismo es nuestra expresión. La reunión apropiada es aquella donde la luz de Dios asciende y los sacerdotes -nosotros- la mantenemos continuamente encendida en el Lugar Santo. No importa si somos jóvenes e inexperto o mayores y experimentados, el principio sigue siendo el mismo: La reunión apropiada es aquella donde la luz es Dios mismo, expresado por los sacerdotes santos. ¡Cuánto necesitamos aquellos que hacen arder las lámparas en las reuniones! ¡Cuánto necesitamos brillar y hacer brillar a otros!

La forma y el contenido

¿Cuál es la manera apropiada para reunirnos? No se trata de la forma, más bien de contenido. No es acerca de lo exterior sino de lo interior. Si venimos a las reuniones y hacemos todo correctamente -alabamos, oramos, proclamamos, hablamos y cantamos- y no hay luz, entonces no nos estamos reuniendo de manera apropiada. Si venimos a la reunión y sólo tenemos nuestra opinión y nuestra sicología, entonces sólo habrá luz natural. No estaríamos reuniendo de manera apropiada. Si lo que expresamos no es la luz divina (Dios como nuestra expresión), por el aceite apropiado (el Espíritu en nuestro espíritu), entonces la reunión es inapropiado. Cualquier hermano puede hablar, cantar o proclamar en la reunión y emitir luz. Podemos hacerlo nosotros y estar en tinieblas.
Recuerdo 2Ti 4:3 donde se habla de la «sana enseñanza» («sana doctrina» en algunas versiones). Este término es usualmente interpretado hoy como la enseñanza que es correcta en forma y que aparece en la Biblia. Si aplicamos este tipo de entendimiento, entonces lo contrario será lo que es técnicamente incorrecto y/o que no está presente en la Biblia. Este tipo de pensamiento es natural. Igual que el tipo de pensamiento que establece que las reuniones apropiadas son la que siguen cierto orden externo. No debemos tener este tipo de entendimiento superficial.
El término «sana», que también encontramos en 2 Ti 4:3; Tit 1:9; 2:1; 1 Ti 6:3; 2 Ti 1:13; Tit 2:8; 1:13; 2:2, implica la vida (la vida divina), no las formas. La sana enseñanza de los apóstoles equivale al evangelio de la gloria de Dios. Esta sana enseñanza, que es el evangelio de la gloria de Dios, el evangelio del Dios en nosotros, expresado por nosotros, ministra Cristo a otros como suministro de vida. Nuestra gran necesidad es ver; ver que la sana enseñanza según la Palabra pura de la Biblia, no según nuestro entendimiento natural, es aquella que proviene de la gloria de Dios, es decir, Dios expresado en nosotros, que ministra Dios a los demás.
No es sana ninguna enseñanza que distraiga a las personas del centro y de la meta de la economía neotestamentaria de Dios. Dicho de otro modo, cualquier enseñanza, correcta o incorrecta en las formas, que resulte de la gloria de Dios para ministrar Dios a otros, es sana e introduce a las personas en Cristo como centro y meta de la economía de Dios. «Sana» denota la vida siendo expresada por nosotros, no lo correcto o incorrecto formalmente. De igual modo opera con las reuniones, aquella donde se hacen arder las lámparas es apropiada. Lo correcto depende de la expresión de Dios y la realidad de Dios no de ningún concepto o forma. ¡Necesitamos ser purificados para hacer arder las lámparas en la reuniones, para ser los sacerdotes que se reúnen en el Tabernáculo de Dios, en el lugar santo, en santidad, con la luz divina!

Melquisedec

Cuando esto hacemos tendremos algo para entregar, compartir e impartir en otros, a la manera de ministrar Cristo, ministrar realidad, a otros. Aquí estaremos en una posición real, como sacerdotes reales que somos (1P 2:5,9). Recordemos a Abraham, cuando regresaba como guerrero victorioso y se encontró con Melquisedec, que le salió al encuentro. Moisés venía con todo el peso de la victoria y el botín de guerra. Él venía de obedecer a Dios, seguir a Dios y en una posición vencedora. No obstante el sacerdote del Altísimo, rey de Salem, le suministró con comida y bebida. Melquisedec no ofreció un sacrificio por los pecados de Abram, sino que siendo un brillante y victorioso guerrero, le proporcionó sustento. Melquisedec le dio de comer y de beber.
Aquí no se trata de alguien que ofrece sacrificios por un pobre pecador, sino de un Rey-Sacerdote -tipo de Cristo y modelo nuestro- que ofrece a un hombre victorioso su porción para Su satisfacción. Yo siempre pienso que Abram traía un botín con todas las riquezas, pero Melquisedec le dio comida. Cuando venimos a la reunión, debemos ser el sacerdocio real -me refiero al conjunto de sacerdotes- en funciones, ofreciendo a Cristo como nuestra comida y bebida a otros, y recibiendo de ellos Cristo, como comida y bebida celestiales, para la satisfacción de Dios y de nosotros. Esa es una reunión apropiada. ¡Cuánta luz! ¡Cuánta gloria! ¡Cuánto alimento! ¡Cuán rico y abundante el fluir de la vida divina, como el río de agua de vida que proviene del Trono de Dios y del Cordero para regarnos, alimentarnos, desvelarnos, impartirnos una visión, nos introduce en la alabanza, en el hablar de Dios, en la luz de la vida, la luz divina que asciende hasta Dios, aún nos arrastra como torrente! ¡Se imagina usted algo más excelente que esto? ¿Cree usted que en esa realidad alguien se preocupe del color de los calcetines de otros o de cuántas hebras tiene la corbata de quien está sentado a su lado.
Simplemente, la reunión apropiada es aquella que está llena de Cristo, como la vida divina en nosotros, que nos satura, y que brilla para ascender a Dios.
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Ref:
  • La palabra santa para el avivamiento matutino», titulado “El recobro del sacerdocio con miras al edificio de Dios”, semana 4, “Hacer arder las lámparas y quemar el incienso”
  • Estudio-vida de Éxodo, págs 1278-1280, 1268-1269; mensajes 114-115

Un sacerdote genuino sirve a Dios cuando disfruta a Dios en Cristo

En la entrada anterior compartimos una relación abreviada de lo que es -y hace- un sacerdote auténtico. Lo primero que debe hacer un sacerdote es disfrutar a Dios en Cristo mediante el Espíritu en su espíritu regenerado. Esto es lo normal. A veces parece que ser sacerdote es algo muy complejo. En términos de lo profundo y elevado que este asunto es, debemos admitir que es complejo, sin embargo, como toda revelación de Dios, el punto central y práctico es nuestra experiencia.

Somos sacerdotes

Somos sacerdotes para experimentar a Dios y experimentamos a Dios para ser sacerdotes. Dios necesita sacerdotes que edifiquen. Cuando esto ocurre, ellos son edificados como Casa espiritual, que es la morada mutua y eterna de Dios y los hombres.

¿Cómo saber si soy llamado para servir?

Todos los creyentes deben servir a Dios. ¿Cómo servirlo? Primeramente yendo a Dios, contactando a Dios y disfrutando a Dios para estar lleno de Dios y que Dios rebose en nosotros. Entonces Dios llegará a ser nuestra constitución, nuestra vida y nuestra expresión. Todos debemos aprender esta «habilidad espiritual básica», para que Dios pueda expresarse mediante nosotros.

Dios nuestra imagen, nuestra expresión

Dios se expresará a través de nosotros cuando pueda fluir desde nosotros. Dios se quiere forjar en nosotros para expresarse en nosotros y así nosotros llegamos a ser la expresión de Dios. Es crucial para Dios forjarse en el hombre para la edificación de Su Casa. Espero que muchos de nosotros recibamos esta carga y nos abramos al Señor de manera urgente para que Dios nos revele lo que está en Su corazón.

Disfrutar a Dios en Cristo

Un sacerdote es alguien que sirve a Dios cuando disfruta a Dios en Cristo. No es casual que el primer punto del desempeño práctico de un sacerdote que abordamos aquí sea el disfrute de Dios. Toda la experiencia, naturaleza, condición y función sacerdotal dependen directamente de nuestro disfrute de Dios. Disfrutamos a Dios cuando lo adoramos, lo recibimos, permanecemos con Él, sentimos Su presencia, somos contagiados de Su persona maravillosa cuando somos infundidos por Él, llenos de Él.

Pablo servía en su espíritu

En Romanos 1:9 vemos que Pablo servía a Dios en su espíritu, en el evangelio de Su Hijo. Notemos que nunca dice que lo servía de acuerdo a la idea bíblica del evangelio, o siguiendo el plan doctrinal del evangelio a través de muchos esfuerzos. Tampoco dice que él servía en el Espíritu Santo. La palabra griega “servir” significa servir en adoración. «Esta palabra está también usada en Mt 4:10; 2 Ti 1:3; Fil 3:3; Lc 2:37.

La predicación de Pablo era su adoración a Dios

Pablo consideraba su predicación del evangelio como adoración y servicio a Dios, no meramente como una obra”. Pablo servía en su espíritu en el evangelio. Necesitamos leer este versículo con oración, para tener la luz necesaria, y en Su gracia, siendo muy sobrios delante de Dios, recibir la Palabra pura de manera apropiada. Pablo servía en su espíritu, el espíritu regenerado de Pablo, el espíritu humano de Pablo que había sido ocupado por el Espíritu vivificante y mezclado con Él. Aquí no nos referimos al «Espíritu de Dios, sino al espíritu regenerado de Pablo. 

Espíritu, corazón, alma, mente, emoción…

El espíritu es diferente del corazón, del alma, de la mente, de la parte emotiva, de la voluntad y de la vida natural. Cristo y el Espíritu están con los creyentes en el espíritu humano regenerado de ellos (2 Ti. 4:22; Ro. 8:16). En este libro Pablo recalcó que todo lo que somos (2:29; 8:5, 6, 9), todo lo que tenemos (8:10, 16), y todo lo que hacemos para Dios (v.9; 7:6; 8:4, 13; 12:11) debe darse en este espíritu. Él no servía a Dios en su alma por el poder y capacidad del alma, sino en en su espíritu regenerado por medio del Cristo que moraba en él, el Espíritu vivificante. Este es el primer punto importante de su predicación del evangelio.

El Espíritu y el fruto del Espíritu

Por otro lado, Gálatas 5:22 habla del fruto del Espíritu (Espíritu con mayúscula), en nueve aspectos, que son expresiones diferentes del Espíritu, Quien es vida en nosotros. De la misma manera que la carne es la expresión del viejo Adán, el Espíritu es Cristo (1Co 15:45) hecho real para nosotros. En realidad, a Cristo se le vive como el Espíritu en nuestro espíritu.

Los aspectos del fruto del Espíritu presentado por puntos son las misma características de Cristo. Cuando uno disfruta el Espíritu, esto ocurre en nuestro espíritu. Cuando disfruta al Espíritu, disfruta al Hijo, Quien es el Dios completo y el hombre perfecto hecho disponible, accesible y subjetivo para nosotros como el Espíritu. Al Espíritu recibimos cuando creímos y regenera nuestro espíritu. Amén. Pablo servía en su espíritu, en adoración. Nosotros, como sacerdotes hemos de hacer lo mismo. ¡Aleluya!

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Ref:
  • La palabra santa para el avivamiento matutino,“Estudio de cristalización de Éxodo tomo 2″, semana 12: “Un reino de sacerdotes”
  • El avance del recobro del Señor hoy, caps 1-2
  • El sacerdocio, pág 54
  • The Collected Works of Witness Lee, 1965, tomo 2, págs 455, 459 y 461
  • The Collected Works of Witness Lee, tomo 2, “Functioning in Life as Gifts Given to the Body of Christ, caps 7-8.