La visión rectora en la Biblia es la economía de Dios

El Dios Triuno, para llevar a cabo Su propósito, se forja en Su pueblo escogido y redimido para saturar todo su ser de la Trinidad Divina para producir y edificar el Cuerpo de Cristo, cuya edificación, cuya consumación será la Nueva Jerusalén (1 Timoteo 1:4; Efesios 3:9; 16-17; 4:4-6; Apocalipsis 21:2; 9-10).

El Dios Triuno, para llevar a cabo Su propósito, se forja en Su pueblo escogido y redimido para saturar todo su ser de la Trinidad Divina para producir y edificar el Cuerpo de Cristo. Para llevar a cabo Su propósito de esta manera, Dios se hizo carne, pasó por el vivir humano, murió, resucitó y llegó a ser el Espíritu vivificante (1Corintios 15:45) para poder entrar en nosotros como vida e impartirse en cada creyente para producir la iglesia, que es el Cuerpo de Cristo, que además es la Casa de Dios, el reino de Dios y el complemento de Cristo, que alcanzará Su plenitud y consumación como la Nueva Jerusalén (1 Timoteo 1:4; Efesios 3:9; 16-17; 4:4-6, 1:22-23; Apocalipsis 21:2; 9-10; Juan 1:14; Apocalipsis 21:2).

Si vemos la visión celestial de la economía de Dios y ésta llega a forjarse dentro de nosotros, el efecto será poderoso y duradero (Proverbios 29:18, Hechos 26:19). Cuando el apóstol Pablo testificaba ante el rey Agripa, todo cuanto menciona no  es una doctrina, teoría, credo religioso ni alguna teología, sino una visión celestial, en la cual el apóstol vio las cosas divinas relacionadas con la impartición del Dios Triuno en Su pueblo escogido, redimido y transformado. Todo lo que Pablo predicó en Hechos y lo que escribió en sus catorce epístolas, desde Romanos hasta Hebreos, constituye una descripción detallada de la visión celestial que él recibió.

poderoso y duradero

Nuestra verdadera transformación proviene de la operación del Dios Triuno dentro de nosotros, no de cierto sistema ético, o de simplemente tener mayores conocimientos o que nuestras intenciones sean mejores. Cuando recibimos la visión, a partir de que nuestros ojos sean abiertos, que los velos caigan y que el Señor nos ilumine, para que la revelación contenida en las Escrituras sea revelada a nosotros, nuestro ser completo cambiará. Ya no volvemos a ser los mismos. No es posible tener una visión como la que Pablo tuvo y quedarnos igual. Nuestros conceptos previos se disiparán, nuestra actitud, conversaciones, pensamientos y prioridades serán cambiadas. Sentiremos un gozo interno inefable y un sentido definido y evidente del disfrute del Señor y Su presencia (Hechos 9:3-9, 11-12, 20, 22; Filipenses 3:4-8). Antes de recibir la visión Pablo pensó que perseguía sólo hombres, sectarios peligrosos; estaba seguro que con su acción estaba corrigiendo a los equivocados, malvados y heréticos (Hechos 24:14). El creyó que sus actos eran estrictamente terrenales, sin sospechar que estos hombres estaban unidos con Dios en Cristo por su fe en Él. Finalmente ver que estaba persiguiendo a Jesús fue para él una conmoción enorme, una visión profunda, elevada y radical, que afectó a toda su persona, su futuro, sus acciones, su entendimiento, sus planes y todo.

Dios, además, le mostró el Cuerpo de una manera muy clara y práctica. Inmediatamente no le dio una tarea para que la llevara a cabo sino que le mostró que necesitaba un miembro del Cuerpo que lo iniciara en la identificación con el Cuerpo. Esta visión del Cuerpo fue clave para el posterior ministerio de Pablo y para todo el ministerio neotestamentario. Saulo vio que sus muchos conocimientos previos, sus grandes capacidades, su comprensión y entendimiento anteriores no le servían a Dios, quien lo cegó. Ahora sus ojos espirituales estaban abiertos y podía abrir los ojos de otros (Hechos 26:18). Vio que había sido llamado y elegido previamente (Gálatas 1:15). Ahora, como cautivo de Cristo en Su procesión triunfante que celebra la victoria de Cristo (2Corintios 2:14), era un ministro de Cristo.

La visión celestial nos cautiva y captura; nos reconstituye, nos rige, nos restringe, nos regula y nos resguarda (Proverbios 29:18). Para que la visión tenga un efecto duradero necesitamos que sea forjada en nosotros (Hechos 9:3, 5). Entonces somos limitados de una manera saludable a la línea central de la revelación en las Escrituras, la economía de Dios (1Timoteo 1:4), cuando la luz del evangelio de la gloria de Cristo resplandece en nosotros para la iluminación del conocimiento de la gloria de Dios (2Corintios 4:4, 6). Entonces nuestra vida llega a estar llena de sentido y propósito, y nos encontramos motivados, energizados, perseverantes (2Timoteo 1:9; Hebreos 12:1-2) y somos dirigidos a la meta de Dios (Filipenses 3:3-14; 1Timoteo 1:4). El problema con muchos cristianos hoy es que tienen su propia meta y aducen que su meta privada es para la gloria de Dios. Muchos hoy conocen y pueden hablar de su propia meta y propósito, pero no saben cuál es la meta y propósito de Dios. Para experimentar a Dios de manera apropiada debemos ver cuál es la meta de Dios. Esto implica que debemos ver cómo Dios está alcanzando esa meta, para poder formar parte de este único proceso celestial, donde somos uno con el Señor en Su mover. Este es el camino en el cual Él lleva a cabo Su propósito, y cumple Su anhelo, revelado en las Escrituras.

La visión está relacionada con el mover y el propósito de Dios. Dios se revela en Cristo como el Espíritu a nosotros, en estrecha concordancia con lo que Él está haciendo, la manera en que lo realiza y según lo que quiere llevar a cabo. Por ello, mediante la visión, nos llevará a actuar en consonancia consigo mismo (Hechos 10:1-33; 13:2). Cuando recibimos la visión de manera genuina tenemos un camino práctico para seguir adelante, Cristo es claro y visible para nosotros, tenemos el denuedo necesario para avanzar (1Timoteo 26:18-19), somos guardados en la unidad real e introducidos en la unanimidad (Efesios 1:17-18, 4:3; Hechos 1:14, 2:46, 4:24, 5:12).

¡Señor, nos abrimos a Ti para que Te reveles a nosotros. Confesamos que estamos carentes. Confesamos que somos independientes aún de Ti. Vamos a ti en este momento sólo por Tu misericordia. Danos una visión celestial de Tu economía. Revélanos Tu propósito, Tu meta, Tu deseo y Tu anhelo. Revélate a nosotros para ser uno contigo. No estamos de acuerdo con ser lo que somos hoy. Captúranos y cautívanos, ilumínanos y arrástranos. Necesitamos un nuevo comienzo. Restaura el gozo inefable en nosotros. Tú eres fresco cada día. Que tu meta sea nuestra única meta. Que tu manera sea nuestra única manera. Que Tus prioridades sean nuestras únicas prioridades. Ponemos todo en tus manos, Señor. Gracias. Amén!

Ref: La Palabra santa para el avivamiento matutino, La visión celestial, semana 1: La visión que rige y regula; la visión de la economía de Dios.

Que el Señor nos lleve a un monte alto y nos libere para ver la visión

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Necesitamos orar. Es urgente entre los cristianos. Me refiero a orar de una manera específica, en una dirección definida. Hablo de una oración al Señor para que seamos conducidos a un monte alto por causa de nuestra actual condición. Como Juan, que cuando el Señor le dio la visión de Babilonia él estaba en un sitio desolado, el desierto, pero para recibir la visión de la Nueva Jerusalén, fue llevado a un monte alto, que es “una esfera trascendente, a fin de tener una visión que fuese de largo alcance, una visión excelente”.

Debo confesar que yo el primero y el más necesitado necesito el monte alto donde el Señor en Su misericordia, en Su amor y para Su economía se presente a nosotros de una manera en que seamos alumbrados de manera radical y profunda (Ap 21: 9-10; Hechos 10-16).

Hemos de aprender a venir diariamente a la Biblia cuando venimos al Señor y a venir al Señor cuando leemos la Biblia. Hacer una confesión cabal y luego no ser negligentes en este asunto ya que los pecados son un obstáculo en nuestra relación con el Señor y pudieran disminuir la eficacia en nuestra interacción con la revelación divina.

Leer la Palabra con oración es algo que nos encanta hacer. Esta práctica es muy saludable por cuanto las Escrituras, en su esencia, son Espíritu y vida. No es una herramienta nada adecuada la mente para tomar la Palabra cuando funciona ella sola, como cuando leemos un periódico. Hemos de ejercitar nuestro espíritu en la lectura de la Palabra. No sólo orar antes de leer sino leer con oración, invocando Su nombre, diciendo amén, convirtiendo la Palabra en nuestra oración para obtener el beneficio más profundo de nuestro tiempos de lectura.

Si ejercitamos nuestro espíritu al leer la Palabra obtendremos revelación de la misma porque más que absorber conocimiento, que lleva a un entendimiento natural, tendremos comunión con el Señor en Su Palabra, que lleva al disfrute de Cristo y a la revelación, lo que hará que tengamos una visión celestial. Es necesario que el Señor resplandezca sobre Su revelación para que nosotros veamos. Es simple el hecho que necesitamos una visión. A menudo descuidamos nuestra relación con el Señor y somos naturales cuando de la Palabra se trata. Pensamos que la Biblia es un libro ético, un compendio de buenas enseñanzas o un registro histórico acerca de un gran maestro religioso y otras cosas.

Este entendimiento pertenece a los rudimentos del mundo y no tiene nada que ver con un cristiano, hijo de Dios, nacido de nuevo, en el reino, miembro del Cuerpo y la familia de Dios, participante de las riquezas de Cristo para la edificación espiritual que alcanzará su final y consumación plena como la Nueva Jerusalén, que es la incorporación terminada y suprema de la unión de Dios y el hombre y la culminación del Cristo agrandado en ascensión. Todas estas cosas en realidad tienen muy poco que ver con un enfoque académico y formal de la Palabra de Dios, especialmente en lo que se refiere a la experiencia del cristiano y el ministerio del Nuevo Testamento para el propósito de Dios. Necesitamos orar para que los velos nos sean quitados, necesitamos la luz para poder tener la visión. Sin la luz no podremos ver, aunque los velos hayan sido quitados y también tendremos el entendimiento de la visión mediante la sabiduría del Espíritu.

¡Señor, tú conoces nuestra necesidad mejor que nosotros mismos. Nos ponemos en tus manos. Llévanos a un monte alto. Ya no queremos estar en el valle donde estamos. Llévanos a un monte alto y libéranos. Oramos ahora con sentido de urgencia. Señor, libéranos de la dictadura de nosotros mismos. Sácanos de nuestro yo, de nuestras propias experiencias. Incluso de aquellas buenas experiencias del pasado. Sálvanos de nuestro conocimiento, incluso de aquel bueno y bíblico. Para que podamos estar en una nueva esfera. Necesitamos estar elevados para tener un gran panorama. Necesitamos acceder a una vista trascendente de la visión gloriosa. Amén!

Esto no sólo tiene que ver con una persona, el que ora, aunque también, sino que tiene que ver con todos. Los que amamos al Señor, los que hemos sido regenerados al creer y recibir al Señor en nosotros, queremos servirle apropiadamente. Queremos funcionar de manera adecuada, tener una relación profunda y satisfactoria con el Señor pero sobre todo queremos que Dios sea satisfecho y Su propósito sea cumplido. Por ello cuando presentamos a otros la Verdad que hemos recibido, en términos espirituales, no se trata de enseñar conocimiento, procedimientos e información aprendidos. este hecho no debe ser un montón de conocimientos y procedimientos que hemos aprendido en un aula o grupo académico. Más que una “enseñanza, doctrina o conocimiento obtenido a través de una lectura, sino una visión”. Esta visión que recibimos en el espíritu bajo el resplandor de la luz divina (1 Timoteo 4:6; 1Juan 1:1-3).

Ministrar la Palabra en realidad significa que algo que hemos recibido como una visión espiritual y celestial es presentado a otros (2Timoteo 2:2, 15, 25, 1Juan 1:1-3; Apocalipsis 1:11a).

“Cuánto desearía que cada hermano tuviera esta clase de actitud y deseo, y le dijéramos al Señor: Deseo ser liberado y llevado a un lugar fuera de mí mismo, deso ser liberado de mis pecados malvados y también de mis experiencias buenas y espirituales. Aunque he tenido ya muchos logros, deseo ver una visión que sea más elevada, más grande, más profunda, más rica, y de mayor alcance y trascendencia”, la visión gloriosa de Dios.

Ref:  La Palabra santa para el avivamiento matutino, La visión celestial, semana 1: La visión que rige y regula; la visión de la economía de Dios.

Dios quiere obtener un reino para cumplir Su propósito

DSC_0015Dios quiere obtener un reino. «El cumplimiento de Su propósito depende en gran medida del reino» (ref. Mateo 4:23). Necesitamos luz para ver con claridad la necesidad que Dios tiene de obtener un lugar donde Él pueda ejercer Su autoridad, reinar, restaurar todas las cosas …»y entonces, vendrá el fin» (Mateo 24:14).

Cuando creímos y recibimos a Dios en Cristo como el Espíritu en nuestro espíritu, la vida de Dios entró en nuestro ser para que pudiéramos vivirle a Él. ¡Esto es misterioso y maravilloso! Hoy somos hijos de Dios precisamente como resultado de este hecho. Somos hijos de Dios engendrados por Él, no hijos adoptados. La adopción no cumpliría con los requisitos necesarios para hacer que accedamos y participemos del reino de los cielos, es decir, «ver y entrar» lo que significa ver en términos de un revelación para poder entrar, o sea estar en el reino (Juan 3:3, 5). Somos hijos nacidos del Espíritu al haber creído no por haber sido creados por Dios. ¡Aleluya que somos hijos auténticos de Dios! ¡El elemento de Dios está en nosotros! (2 Pedro 1:4) ¡Hemos sido trasladados a Su reino! (Col 1:13).

El reino es importante para Dios. Debemos ver esto. Necesitamos permanecer abiertos a Dios para recibir, no simple información contada por otros acerca de Dios, sino una revelación. necesitamos una revelación de Dios. Una vez que Dios se revele a nosotros, aún de manera básica, ya no volveremos a ser los mismos. Dios necesita un reino. ¿Es importante para nosotros que Dios precise de un reino para cumplir Su propósito? ¿Hemos comenzado a entrar en este asunto del reino? ¿Hemos orado o estamos orando con carga por este asunto? ¿Le hemos pedido a Dios que se revele a nosotros? ¿Hemos visto algo del reino? Es vital para Su economía tener un reino, un gobierno real, y eficaz, ahora.

Revelación de Dios

En Mateo 6:9-12 tenemos la oración que el Señor les indicó a Sus discípulos como una manera. Fijaos que esta oración comienza con el reino y concluye con el reino. «Venga tu reino». «Porque tuyo es el reino…»

Dios escogió a Abraham para obtener una nación. Cuando sacó a sus descendientes, el pueblo de Israel, de Egipto, les dijo: «Vosotros me seréis un reino de sacerdotes y gente santa» (Éxodo 19:6). En esta declaración tenemos «reino», «sacerdotes» y «gente santa». El objetivo de Dios, Su anhelo y necesidad es tener un reino de personas que estén bajo Su autoridad, que le sigan y obedezcan, personas que le expresen, le ministren y le muestren a todo el mundo. Personas que lleven Dios a la gente y la gente a Dios, dependiendo sólo de Dios, disfrutándole y experimentándole. Este reino compuesto por personas que estén llenos de Dios, con la vida de Dios y la luz de Dios, para que Dios pueda cumplir Su propósito. La nación de Israel era un tipo de la iglesia, un símbolo y una sombra de la realidad que es la iglesia hoy.

Hoy Dios está disponible como el Espíritu que es todo-inclusivo, procesado y consumado para residir en los creyentes y hacer Su hogar en los corazones de ellos para que seamos constituidos de Dios mismo y Cristo sea formado en nosotros, que es la edificación de Su Cuerpo, Su morada, todo lo cual alcanzará la consumación como la Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21:2). ¡Aleluya!

¡Señor, cuánto te necesitamos. Abre nuestros ojos. Necesitamos urgentemente una revelación. Qué pequeña y escasa es nuestra visión. Preséntate a nosotros. No nos importa el tiempo que hayamos sido cristianos. Desechamos el pasado y todo lo logrado para ganarte hoy. Tú eres fresco y nuevo cada día. Levántanos, Señor. Muéstranos tu reino y tu propósito. Que tu urgencia sea la nuestra. Que tu meta sea la nuestra. Gracias, Señor. Amén!

Ref: «El reino» de Witness Lee.