Las visiones de Dios nos hacen ver las cosas divinas, espirituales y celestiales

DSC_0051Podemos aprender las ecuaciones, los nombres de los elementos químicos o ciertas habilidades sociales, sin embargo Pedro supo que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente y en este caso, el Señor le dijo:

“Bienaventurado eres, Simón Barjona, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos” (Mateo 16:16-17).

Él no aprendió nada, no cosechó una habilidad o entendimiento a partir de cierto entrenamiento o ejercicio académico, ni siquiera aplicando conocimiento previo, sino que a Él le fue revelado, dado como visión, es decir, mostrado. Él “vio” que Jesús, su maestro, el caminaba junto a Él y les hablaba maravillosamente es el Cristo y que este Cristo es Dios mismo como hombre. ¡Esto es maravilloso!

Nosotros como cristianos conocemos el número de libros del Nuevo Testamento, incluso podríamos hablar de muchos de ellos con razonable certeza, o hablar el evangelio de salvación a alguien más, no obstante debemos ver que necesitamos una visión y una visión es una revelación. Esta revelación está contenida en las escrituras. La Palabra de Dios es esta revelación, pero permanece cerrada, lo que significa que la revelación que está contenida allí no es nuestra revelación o no ha sido revelada a nosotros. ¡Necesitamos revelaciones como Pedro!

Necesitamos ver qué es ser hijo del Dios viviente, que ocurrió en la muerte de Cristo, el significado intrínseco de la iglesia y el candelero, qué ocurrió en la resurrección, la diferencia entre la divinidad entrando en la humanidad y la humanidad entrando en la divinidad, el destino final de la edificación de Dios, el Cuerpo de Cristo y muchos aspectos más que forman parte de la economía neotestamentaria de Dios.

Si no tenemos una visión genuina y real, no importa cuántos grados escolares hayamos superado y qué nivel profesional hayamos alcanzado, ni siquiera nos servirá el gran amor que Dios tiene por nosotros, Sus promesas o Su poder para tener una experiencia cabal y satisfactoria y un servicio verdadero. Si nosotros en la práctica no estamos en la posición adecuada, con la orientación apropiada y la condición correcta frente a Dios, estaremos profundamente carentes. Después que Pedro recibió la revelación del Padre habló la verdad y fue diferente, lo cual no hubiera sido posible con ningún esfuerzo humano o con las mejores de las intenciones.

Carentes

Para recibir una visión necesitamos tres cosas: Revelación (que el velo delante de nuestros ojos espirituales sea retirado), luz y vista (Efesios 1:17-18). Aún cuando el velo nos es quitado, si no tenemos luz (Salmos 36:9) no veremos (2 Corintios 4:6; 1 Juan 1:5,7).

“Cuando la luz divina resplandece sobre la revelación divina contenida en la Palabra; la revelación divina llega a ser la visión divina; cuando además de esto tenemos la vista, podemos ver la visón celestial» (Efesios 1:17-18, 3:9)

Si nuestro espíritu no es regenerado, es decir, si como el Señor le dijo a Nicodemo, no nacemos de agua y del Espíritu no podremos acceder de ningún modo a la luz divina que resplandece en nuestro espíritu, necesaria que la revelación en la Palabra llegue a ser nuestra visión. Así que hemos de ser hechos hijos de Dios, genuinos, no adoptados, para que el elemento de Dios esté en nosotros y así tengamos real acceso a Él. ¡Aleluya! Significando que Espíritu esté en nuestro espíritu. Además necesitamos ejercitar nuestro espíritu, que es contactar al Señor en nuestro espíritu, en la Palabra, para disfrutarlo como nuestras riquezas, sólo entonces serán alumbrados los ojos de nuestro corazón y sabremos cuál es la esperanza a la que hemos sido llamados, las riquezas de Su gloria, la herencia que tenemos, la supereminente grandeza de Su poder, la operación del poder de Su fuerza, la realidad de la resurrección, el reinar en vida con Cristo de una manera muy real y práctica, la victoria en Cristo, Cristo como nuestra ascensión, la consumación y final de esta era, Cristo como nuestra Cabeza, la dependencia maravillosa y necesaria, le árbol de la vida como principio rector de nuestra experiencia y práctica, el Cuerpo de Cristo como la suprema incorporación orgánica de lo divino y la humanidad regenerada, el Cristo agrandado y expandido para llegar a ser la Nueva Jerusalén (Efesios 1:17-23, Apocalipsis 21:2, 9-10). ¡Aleluya! ¡Esto es insuperable y celestial!

¡Señor, concédenos revelaciones frescas y genuinas. Que lleguemos a tener una visión. Muéstranos el panorama paso a paso. Desvela tu economía para nosotros. Nos presentamos a ti para disfrutarte y tomarte como todas las cosas. Revélate a nosotros. Límpianos y purifícanos. Gracias que por tu sabiduría y revelación disponibles. Gracias por Tu Palabra y Persona vivientes. Gracias que hoy está en nosotros. Gracias que eres accesible. Gracias que la iglesia es Tu plenitud. Gracias por tu realidad en nosotros. Gracias por tu salvación completa. Te alabamos Señor, amén!

Ref: La Palabra santa para el avivamiento matutino, La visión celestial, semana 1: La visión que rige y regula; la visión de la economía de Dios.

Permanecer en la economía de Dios para ser alimentados y crecer hasta la madurez

La economía de Dios también se refiere a la manera en que Dios lleva a cabo Su propósito, Su plan. Es la manera en que Dios nos bendice. Como personas somos bendecidos de manera suprema con nuestra participación en la economía de Dios. La palabra griega de la cual se traduce «economía» es «oikonomía» (Ef 1:10; 3:9 [revisar notas]). Está compuesta por dos palabras oiko, que significa casa (en referencia a una familia) y nomos, que significa ley. Tenemos pues ley doméstica, gobierno de la casa o administración familiar. Esta administración implica distribución. Cuando se administra una familia, o los bienes de una familia para sustentarla, la distribución, reparto y asignación de los bienes garantiza que la administración sea exitosa. Así que en la economía de Dios hay una distribución.

La misma raíz de la palabra «nomos» la encontramos traducida como «pastos» en Juan 10:9: «Y entrará, y saldrá, y hallará pastos«.

Estos pastos representan a Cristo como el alimento designado, perfecto, deseable y que nutre,  el lugar para permanecer, permitiendo nuestro sustento y desarrollo hasta la madurez. El redil no es el objetivo para las ovejas, sino que es solamente un sitio en el que están guardadas cuando los pastos no están disponibles, como durante la noche o el invierno. Cuando hay disponibilidad de pastos verdes, el redil pierde su función, ya no hay necesidad de él. Nadie que posea ovejas las deja encerradas en el redil mientras las praderas llenas de pasto verde y jugoso, bajo el sol, esperan e invitan. Cualquier pastor se arruinaría si practica este tipo de técnica. Los pastos son algo definitivo y permanente, mientras que el redil es temporal y transitorio.

Todos los escogidos de Dios hemos de salir de nuestros rediles hacia Cristo, quien es nuestros pastos, nuestros alimentos para disfrutarle y ser alimentados. En estos consiste la economía de Dios, en que Dios se imparte a nosotros para alimentarnos. Él es nuestro sustento, nuestra nutrición equilibrada y toda-inclusiva para constituirnos consigo mismo y que crezcamos en todo en Él y así Él obtenga una casa que lo exprese (1 Ti 3:15), que es la iglesia, el Cuerpo de Cristo.

Por ello en este libro la eonomía de Dios no es compatible ni puede ser simultanea o complementaria con la ley, pues ésta era nuestro ayo, nuestro auxiliar-cuidador mientras llegaba Cristo, quien ya vino. Es como si tomáramos los exámenes del primer curso para probar que estamos listos para pasar al segundo, y ya estando en el segundo curso quisiéramos repetir los exámenes del primero sólo porque anteriormente eran correcto y en el tercero hiciéramos lo mismo. Los exámenes del primer curso nos condujeron al segundo, pero el contenido dle segundo incluye, supera, completa y avanza el primero. No es posible estar en el segundo curso intentando regresar al nivel del primero porque en ese caso estaríamos negando nuestro nivel de segundo curso, que tiene su propio contenido, su propio nivel, sus propios objetivos y meta. En el contexto, el objetivo del primer curso es prepararnos y conducirnos al segundo y el del segundo es prepararnos y conducirnos al tercero, nunca de vuelta al primero.

En Gálatas 3:2 el apóstol Pablo pregunta a los creyentes allí si ellos habían recibido el Espíritu por «oír con fe» o por «las obras de la ley«. No es compatible «el Espíritu» con el perfeccionarse «por la carne» (Ga 3:3). La ley nos guardó, nos cuidó y nos condujo a Cristo. En este respecto la ley es buena y cumple perfectamente su objetivo. Si queremos dejar a un lado a Cristo, la palabra de del evangelio oída con fe, la experiencia del Dios Triuno en nuestro espíritu, es decir, si nos olvidamos de la economía de Dios para intentar ser perfectos por las obras de la ley, hemos retrocedido, hemos salido, hemos regresado al redil y hemos hecho del redil nuestra habitación permanente. Sólo que en el redil no hay comida.

Cualquier cosa que nos entretenga, disuada y aparte del alimento nos condena a morir. Cuando se nos insta a dejar de comer y se nos convence de ello, nos conducen a la pérdida, a la muerte. Cuando a las ovejas se las aparta del pasto se las condena. Siempre que somos alejados de Cristo, sufrimos pérdida. Hemos de ser uno con la economía de Dios cuyo centro es Cristo mismo, y permanecer en ella que es lo que Dios tiene asignado para nosotros con vistas a nuestro crecimiento en vida hasta la madurez.

Referencias:

Estudio-vida de 1 y 2 Timoteo, Tito y Filemón, mensaje 1.

Estudio-vida de Gálatas, mensaje 14 (sólo disponible online en inglés).

Estudio-vida de Efesios, mensaje 19