Cristo es el alimento de los sacerdotes

En el Éxodo los hijos de Israel comían maná cada día. Por otro lado, el alimento de los sacerdotes consistía en las ofrendan para Jehová. Es decir, ellos comían, por ejemplo, una parte de…

  • La ofrenda de harina (Lev 2:3)
  • La ofrenda de paz (Lev 7:14, 31-34)
  • La ofrenda por las transgresiones (Lev 6:26; 7:6-7)
  • El pan de la proposición (Lev 24:9)

Aspectos de Cristo

Cada una de estas ofrendas representa un aspecto de Cristo para nosotros. Hoy, cuando un sacerdote ministra al Señor, se alimenta de Él. De hecho, si cualquier creyente no pasa tiempo con el Señor, estará hambriento y morirá. Cristo es nuestro único suministro, de igual modo que estas ofrendas eran el único suministro para Aarón y sus hijos.

Las subsistencia de los sacerdotes

Las ofrendas fueron destinadas para la subsistencia de los sacerdotes, pero consumidas de manera regulada, en ciertos lugares y en momentos específicos.
Actualmente la mayoría de los creyentes descuidan mucho a Cristo, al no pasar tiempo con Cristo en su espíritu regenerado, y si van al Señor lo hacen a menudo de manera irregular, descuidada y poco apropiada. Ni siquiera “disfrutar” sería un término que aplicarían a su experiencia con el Señor… no digamos ya “comer”.
Ejemplo 1: Los panes de la proposición
Tomemos como muestra los panes de la proposición. Esta era una típica comida sacerdotal y representa a Cristo como nuestra vida y nuestro suministro de vida. Para gestionar a Cristo como el pan de la proposición y ministrarlo a otros, primero debemos comerlo y disfrutarlo. En otras palabras, necesitamos experimentar a Cristo como la vida y el suministro de vida, al comerlo en nuestro interior.
Podemos orar,
«Oh, Señor, Te amo. Me abro a Ti para recibirte. Señor, límpiame y purifícame. Me presento delante de Ti en mi condición actual. Sé que eres mi contenido real. Ocupa cada parte de mi ser. Perdonas mis pecados. Infúndeme con Tu Persona. Cuánto Te necesito. ¡Oh, Señor Jesús! Eres tan disfrutable. Tú eres mi vida. Eres mi porción asignada. Eres suficiente y tan subjetivo para mí. ¡Aleluya! Te tomo en este momento como mi salvación. Tú eres el suministro divino en mi ser…”
Yendo de este modo al Señor nos presentamos a Él, lo contactamos, lo disfrutamos, recibimos Su impartición. Este es el comer que necesitamos como sacerdotes cada día. Si invertimos el tiempo necesario en el Señor, nos abrimos al Señor de manera completa, también tomando la Palabra con oración y teniendo comunión con Él en ella, seremos llenos de Él, saturados de Él y constituidos con Él. La realidad y la autoridad de Su hablar estarán en nosotros. Él llegará a ser nuestra vida y como consecuencia espontánea, nuestra expresión, es decir, Dios fluirá de nosotros.
Ejemplo 2: Ofrenda por las transgresiones
En su totalidad ésta era para los sacerdotes. Esta es la razón por la que hay un disfrute tan rico de Cristo -Cristo como alimento abundante- cuando conducimos a otros a la salvación. Cuando presentamos este Cristo a otro, el alimento es aún más abundante y somos nutridos. Esto significa que cuando ministramos a Cristo como el Salvador a los perdidos, no sólo ellos alcanzarán la salvación, sino que, nosotros los sacerdotes seremos alimentados con Cristo. Por otro lado, Cristo no es nuestro alimento cuando nosotros somos cristianos doctrinales. Él es nuestro alimento solamente cuando Cristo es nuestro ministerio. El Cristo real, disfrutado, experimentado es el alimento. El ministrar Cristo a otros, que traemos a la salvación, es nuestro alimento.
El Cristo que nos llena, hasta rebosar en nosotros, que nos constituye, el que es real, accesible, íntimo, subjetivo, viviente y rico para nosotros es nuestro alimento. El Cristo que ministramos a otros de manera viviente y como resultado de conocerlo, es nuestro alimento. El Cristo que contactamos en nuestro espíritu y que recibimos es nuestro alimento. ¡Aleluya, Cristo es maravilloso! ¡Cristo es tan dulce, tan nutritivo! ¡Él es todo para nosotros! ¡El es tan vasto, tan elevado, tan amplio, tan profundo!   Como sacerdotes, debemos comer a Cristo, el Pan de vida (Juan 6:35).

Himno sugerido:

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Ref:
  • La palabra santa para el avivamiento matutino, titulada “El recobro del sacerdocio con miras al edificio de Dios″, semana 3: “Cristo como alimento, vestimenta y morada de los sacerdotes”
  • El sacerdocio, págs 83-84 y cap. 9, disponible para leer online aquí
  • The Collected Works of Witness Lee, tomo 2, “Functioning in Life as Gifts Given to the Body of Christ, cap 7

La adoración y el vivir que son propios del pueblo redimido por Dios

La revelación que tenemos en las Escrituras es progresiva hasta el completamiento con el libro de Apocalipsis. En Génesis vemos la creación del hombre y su caída. Éxodo nos muestra la salvación de Dios y la edificación de Su morada. En Levítico encontramos la adoración y el vivir que son propios del pueblo redimido por Dios. En Éxodo 19:1, cuando el pueblo estuvo con Dios alrededor de once meses en el monte Sinaí (Ex 19:1), Dios los adiestró en cuanto a adorar y participar de Él para que pudieran disfrutarle y llevaran una vida santa, limpia y gozosa. En el libro de Levíticos vemos tres asuntos: El tabernáculo, las ofrendas y los sacerdotes. A través de ellos, el pueblo redimido puede tener comunión con Dios, servir a Dios, llevando una vida santa en una posición de santidad. Esta vida santa de los redimidos expresa a Dios.

Cristo como el todo del pueblo de Dios

Todas las cosas, elementos, asuntos, hechos y personas en el Antiguo Testamento son sombras, figuras, símbolos, representaciones y tipos de la realidad que tenemos en el Nuevo testamento y la experiencia neotestamentaria de Dios. Cristo lo es todo en la comunión, el servicio y la vida del pueblo de Dios.

El significado espiritual y la realidad de la adoración que encontramos en Levíticos es que el pueblo de Dios, redimido por la sangre derramada por Cristo como ofrenda única y efectiva permanentemente, tiene contacto con Dios al disfrutarle, juntamente con Dios, y los unos con los otros, como nuestra porción común (ref: Jn 4:24 y las notas), lo que produce un vivir santo.

Cristo es el alimento del sacerdote del Nuevo testamento, es Su vestimenta y es Su morada. Cristo como nuestro alimento nos sustenta, es nuestro suministro diario. Como vestimenta, nos cubre, protege y constituye el símbolo externo de lo que somos en Él. Como nuestra morada es nuestra casa, nuestra familia. Él es el sitio de nuestra morada eterna, que está siendo edificada hoy.

Cristo como nuestro alimento

Cristo es el alimento de los sacerdotes. En Levítico vemos cómo los sacerdotes comían de las ofrendas. Las ofrendas eran su sustento. Nosotros como sacerdotes hoy comemos a Cristo. Vivimos porque comemos a Cristo (Jn 6:57). Él es nuestro sustento. El Señor es el pan que descendió del cielo. Él es el pan que da vida. Quien coma de ese pan vivirá eternamente (Jn 6:58). Esta es la dieta de todo sacerdote apropiado. Ese Pan es el Espíritu hoy, que da vida a través de Su hablar, Su Palabra (Jn 6:63), que es dulce y agradable, y produce gozo y alegría (Jer 15:16).

Cristo como todas las ofrendas

Cristo sustituye todas las ofrendas antiguotestamentarias consigo mismo. Ellas quedan todas eliminadas y Él viene a ser el todo para nosotros (He 10:5-10).

Cristo nuestra vestimenta

Así como Cristo se puede comer. Él está disponible y es el Pan de vida como el Espíritu. También es nuestra vestimenta. Debemos abrirnos a Él y comerlo, contactándolo y disfrutándolo en nuestro espíritu. Cristo está en nuestro interior. Es nuestro contenido real. Él ha sido introducido en nosotros. ¡Cristo en nosotros, aleluya!

Así también Él nuestro vestido, nuestro exterior. Gálatas 3:27 nos muestra  que hemos sido introducidos, es decir, bautizados en Cristo. Entramos en Cristo al creer (Jn 3:16) y por medio del bautismo hemos sido colocados en Él. Por la fe y el bautismo hemos entrado en Cristo. ¡Nosotros en Cristo, aleluya!

Cuando estamos en Cristo, estamos revestidos de Él e identificados con Él. En nuestro bautismo somos introducidos en Su nombre (Mt 28:19), en Su persona viviente (Ga 3:27), en Su muerte (Ro 6:3) y en Su Cuerpo (1Co 12:13). Esta es una introducción única en esencia (en Cristo) y cuádruple en función y efecto (En Su nombre/Persona viviente/muerte/Cuerpo). ¡Es maravilloso!

Vestirse de Cristo es vivir por Cristo (Ro 13:14; Ef 4:24; Col 3:10) y así magnificar a Cristo (Fil 1:20), expresándolo en nuestro vivir (Fil 1:21).

Cristo nuestra morada

Vemos que en el Antiguo Testamento las vestimentas sacerdotales eran del mismo material que el tabernáculo. ¡Estaban hechas de lo mismo que el tabernáculo! El material de las cortinas, el velo y el lienzo a la entrada del tabernáculo consistía el hilos de varios colores y lino fino torcido… igual que las vestiduras (Ex 26:1, 5-6, 31, 36, 28:8). Otro materiales como el oro y las piedras preciosas formaban parte de las vestiduras.

El tabernáculo era las vestimentas. Los mismos materiales. Ellos estaban vestidos del tabernáculo. ¡Esto es importante e impactante! En el Nuevo Testamento los creyentes que son los sacerdotes moran en Cristo y la iglesia.

“El nuevo hombre es el Cuerpo de Cristo, y vestirse del nuevo hombre significa vestirse de Cristo como Cuerpo, lo cual equivale a estar vestido del Cuerpo; en otras palabras, debemos “vestirnos” del Cuerpo. El Cuerpo es nuestra vestimenta y nuestra cubierta (Ef 4:22-24; 2:15-16).»

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Ref:
  • La palabra santa para el avivamiento matutino, titulada “El recobro del sacerdocio con miras al edificio de Dios″, semana 3: “Cristo como alimento, vestimenta y morada de los sacerdotes”
  • Estudio-vida de Éxodo, págs 118-119
  • El sacerdocio, disponible para leer online aquí
  • The Priesthood and God’s Building caps 9-10
  • The Collected Works of Witness Lee, tomo 2, “Functioning in Life as Gifts Given to the Body of Christ, caps 7