Para guardar la fe necesitamos la fe y una buena conciencia

El encargo del apóstol.

En 1Timoteo 1:18 dice:

«Timoteo, hijo mío, te confío este encargo en conformidad con las profecías que se hicieron antes en cuanto a ti, para que por ellas milites la buena milicia»

La palabra «encargo» del versículo 18, según la usa el apóstol, incluye todos los asuntos mencionados en los versículos anteriores, del 1 al 17. Aquí vemos, por el lado positivo, la economía de Dios y las enseñanzas diferentes por el lado negativo. El encargo que Pablo le hace a Timoteo consiste en la economía de Dios y las enseñanzas diferentes.

La fe subjetiva.

Inmediatamente después que el apóstol le hace el encargo a Timoteo, explicando el medio para cumplir con el encargo y una consecuencia práctica, en el versículo 19, dice:

«Manteniendo la fe»

Aquí «fe» se refiere a la acción de creer, que surge cuando tenemos contacto con la Palabra () y Dios se infunde en nosotros por este medio y por el Espíritu. Esta fe, que es subjetiva porque está y opera en nuestro interior, uniéndonos con Dios, enfatizando el Espíritu y la vida, por ello es orgánica; es real, no simbólica; es viviente, no alegórica, quiere decir, ocurre en realidad en la esfera de la fe, por medio de la Palabra y a partir del Espíritu, que es Dios en Cristo como el Espíritu al infundirse en nosotros. Esta fe implica la acción de creer, caracteriza a los que creen en Cristo y los distingue de los que guardan la ley, que hace hincapié en la  letra, la forma de ordenanzas, la relación con la letra ¡Amén!

Vida y naturalezas divinas que nos hacen hijos de Dios.

De esta forma recibimos la vida y la naturaleza divinas que permite que seamos engendrados como hijos verdaderos de Dios, miembros del Cuerpo de Cristo y el nuevo hombre, que expresará a Dios por toda la eternidad. La fe en nuestro interior genera una unión orgánica con el Dios Triuno. Debemos militar la buena milicia por / con esta clase de fe. Ser soldados o milicianos teniendo esta clase de fe, que permite a Dios llevar a cabo Su economía en / entre nosotros para llevar a cabo Su propósito. Esta es la clase de fe con la que debemos funcionar y no intentando cumplir la ley.

Pablo era muy claro con respecto a que militar la buena milicia, es decir, la milicia que cumple el propósito de Dios, que está centrada en la economía de Dios (de la que el apóstol es modelo) es por medio de la fe y no por las obras de la ley. ¡Aleluya! La fe proviene de nuestro contacto con Dios y nos introduce en una unión orgánica con Dios.

Una buena conciencia.

«[Manteniendo…] una buena conciencia» (1Ti 1:19).

Además de la fe, necesitamos una buena conciencia. Buena en el sentido de limpia, pura, sin ofensa, tal como vemos en Hechos 24:16. Esta buena conciencia cuida y guarda nuestra fe; la preserva y la protege. Es el órgano que Dios toca una vez que hemos tenido contacto con Él por la fe. Nuestra vida cristiana necesita una conciencia sin ofensas ni impurezas. Nuestra conciencia se mantiene limpia y sensible al tener contacto con el Señor.

Cuando permanecemos en el espíritu y nuestra relación con Dios no tiene obstáculos ni impedimentos, nuestra conciencia se mantiene saludable. Nuestra vida cristiana ha de ser un vivir en continua comunión con Dios para tener una buena conciencia que salvaguarda la fe y nuestra vida cristiana. Siempre que haya alguna ofensa sin solucionar en nuestra conciencia la fe se escapará, no podrá operar apropiadamente. Sentiremos que no la tenemos, que no está. Para militar en contra de las enseñanzas diferentes en cualquier iglesia local, debemos guardar la fe, que es el contenido que es guardar la fe, debemos tener fe y buena conciencia. Sin esto sucumbiremos ante las enseñanzas diferentes. Ceder ante las enseñanzas diferentes no es dejar de pelear exteriormente, sino el perder nuestra buena conciencia, que dejará escapar nuestra fe subjetiva y de este modo dejaremos de llevar a cabo el encargo del apóstol que nos hace a todos a través de Timoteo.

La fe objetiva.

Guardar la fe es objetivo. Aquí «fe» se refiere a todo lo todo lo que creemos, al contenido del evangelio completo según la economía neotestamentaria de Dios.

Ref:

Estudio vida de 1 y 2 Timoteo, Tito y Filemón, mensaje 2, Living Stream Ministry

La economía de Dios contraria a la ley

Anteriormente vimos que en 1 Timoteo la economía de Dios estaba en contraposición con ciertas “enseñanzas diferentes”, que consistían en mitos, genealogías interminables, en lo cual están involucradas fábulas judaicas, historias, falsas o verdaderas, todo lo cual es vana palabrería, pues no están llenas de Cristo, sino de contención, competencia y falsedad. Nada tienen que ver con el pastoreo y la administración apropiados, no edifican el Cuerpo de Cristo, pues no son Palabras de vida y no trasmiten Cristo, así que desvían a los santos de la economía de Dios, pues no están basadas en un amor nacido de un corazón puro, una buena conciencia y una fe que no presume.

En 1 Timoteo 1:7 dice:

“Queriendo ser maestros de la ley, sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman con tanta seguridad”.

Este versículo está precedido por el v.6 que habla de la vana palabrería producto de un desvío. Este desvío se basa en querer ser maestros de la ley. Cuando nos desviamos perdemos la autoridad de Dios pues dejamos de hablar por Dios y dejamos de experimentar a Dios. Nuestra autoridad depende y proviene de Dios. Cuando permanecemos en comunión con Cristo en la esfera de la enseñanza de los apóstoles, entonces nuestra autoridad es realmente Cristo. Esta autoridad no proviene de ciertas fórmulas o arreglos externos sino que es Cristo en nosotros, un Cristo experimentado, disfrutado, constituido y real en nosotros. Cuando nos apartamos hacia la vana palabrería, entonces afirmamos con mucha seguridad algo que no es nada seguro, de hecho es algo completamente vacío.

Esta misma falsa seguridad de los que se hacen maestros de la ley es lo contraria de la seguridad verdadera que Pablo muestra en Tito 3: 3-7 cuando habla de cuando la bondad y el amor de Dios se manifestó en nosotros y nos salvó, conforme a Su misericordia, mediante el lavamiento de la regeneración y la renovación del Espíritu Santo, que se derramó en nosotros abundantemente. Entonces fuimos hecho justos por Su gracia para ser herederos de acuerdo a la esperanza de  la vida eterna.

¿Por qué una falsa seguridad de parte de los falsos maestros de la ley que enseñan cosas diferentes y la seguridad real y divina de Pablo? Porque estos que se hacen maestros de la ley enseñan lo que hay que hacer y lo que no, lo que es políticamente correcto y lo que no, lo que es conveniente y lo que no, imponen regulaciones externas, llevan a los santos por un camino diferente de Cristo, que exalta algo diferente de Cristo e infunde algo distinto de Cristo… sin embargo, los genuinos ministros de Cristo ministran las riquezas de Cristo a otros (1 Timoteo 4:6).

La ley no fue dada a justos sino a injustos (1Timoteo 1:8-10), que se oponen precisamente a la sana enseñanza (sana doctrina según algunas versiones). Para ellos fue dada la ley, que sólo es buena si se usa con legitimidad. Popularmente se comprende esta frase desde un punto de vista filosófico, griego, como aquello que es formalmente correcto, cierto y acertado según algún sistema previamente establecido de un bien y un mal relativos. No obstante, en el contexto “sana” tiene que ver con la vida. La «sana enseñanza» concuerda con el evangelio de la gloria de Dios, aquel que expresa y trasmite a Dios en las riquezas de Cristo a los hombres, por ello ministra vida, nutriéndolos o sanándolos y llevando a los creyentes a Dios, al centro del propósito de Dios, a la experiencia de Cristo y al disfrute genuino de Cristo. Este es la comisión y el ministerio que el apóstol recibió del Señor. Este evangelio debe ser comúnmente enseñado y predicado en todas las iglesias.

Esta enseñanza sana, que no es vana sino llena de Cristo, que no desvía, sino centra en Dios y Su economía, que no es falsa sino que es la verdad del evangelio, que no divide sino que edifica, que no es la ley (o cierta ley) sino el propósito y meta de Dios expresado, es sana no por correcta (que sin dudas lo es) sino por trasmitir las riquezas de Cristo para ser nuestra salvación completa.

Cualquier enseñanza que sea sana debe trasmitir vida, no métodos ni tradición; debe llevarnos sin vacilaciones al centro y la meta de la economía de Dios y al Cristo todo-inclusivo en nuestro espíritu no a discusiones sobre preferencias, doctrinas específicas, maneras, asuntos culturales y demás enseñanzas divisivas, destructivas y vanas que siembran semillas de muerte y veneno.

Referencias: Estudio- vida de 1 y 2 Timoteo, Tito y Filemón, mensaje 1.