La adoración y el vivir que son propios del pueblo redimido por Dios

La revelación que tenemos en las Escrituras es progresiva hasta el completamiento con el libro de Apocalipsis. En Génesis vemos la creación del hombre y su caída. Éxodo nos muestra la salvación de Dios y la edificación de Su morada. En Levítico encontramos la adoración y el vivir que son propios del pueblo redimido por Dios. En Éxodo 19:1, cuando el pueblo estuvo con Dios alrededor de once meses en el monte Sinaí (Ex 19:1), Dios los adiestró en cuanto a adorar y participar de Él para que pudieran disfrutarle y llevaran una vida santa, limpia y gozosa. En el libro de Levíticos vemos tres asuntos: El tabernáculo, las ofrendas y los sacerdotes. A través de ellos, el pueblo redimido puede tener comunión con Dios, servir a Dios, llevando una vida santa en una posición de santidad. Esta vida santa de los redimidos expresa a Dios.

Cristo como el todo del pueblo de Dios

Todas las cosas, elementos, asuntos, hechos y personas en el Antiguo Testamento son sombras, figuras, símbolos, representaciones y tipos de la realidad que tenemos en el Nuevo testamento y la experiencia neotestamentaria de Dios. Cristo lo es todo en la comunión, el servicio y la vida del pueblo de Dios.

El significado espiritual y la realidad de la adoración que encontramos en Levíticos es que el pueblo de Dios, redimido por la sangre derramada por Cristo como ofrenda única y efectiva permanentemente, tiene contacto con Dios al disfrutarle, juntamente con Dios, y los unos con los otros, como nuestra porción común (ref: Jn 4:24 y las notas), lo que produce un vivir santo.

Cristo es el alimento del sacerdote del Nuevo testamento, es Su vestimenta y es Su morada. Cristo como nuestro alimento nos sustenta, es nuestro suministro diario. Como vestimenta, nos cubre, protege y constituye el símbolo externo de lo que somos en Él. Como nuestra morada es nuestra casa, nuestra familia. Él es el sitio de nuestra morada eterna, que está siendo edificada hoy.

Cristo como nuestro alimento

Cristo es el alimento de los sacerdotes. En Levítico vemos cómo los sacerdotes comían de las ofrendas. Las ofrendas eran su sustento. Nosotros como sacerdotes hoy comemos a Cristo. Vivimos porque comemos a Cristo (Jn 6:57). Él es nuestro sustento. El Señor es el pan que descendió del cielo. Él es el pan que da vida. Quien coma de ese pan vivirá eternamente (Jn 6:58). Esta es la dieta de todo sacerdote apropiado. Ese Pan es el Espíritu hoy, que da vida a través de Su hablar, Su Palabra (Jn 6:63), que es dulce y agradable, y produce gozo y alegría (Jer 15:16).

Cristo como todas las ofrendas

Cristo sustituye todas las ofrendas antiguotestamentarias consigo mismo. Ellas quedan todas eliminadas y Él viene a ser el todo para nosotros (He 10:5-10).

Cristo nuestra vestimenta

Así como Cristo se puede comer. Él está disponible y es el Pan de vida como el Espíritu. También es nuestra vestimenta. Debemos abrirnos a Él y comerlo, contactándolo y disfrutándolo en nuestro espíritu. Cristo está en nuestro interior. Es nuestro contenido real. Él ha sido introducido en nosotros. ¡Cristo en nosotros, aleluya!

Así también Él nuestro vestido, nuestro exterior. Gálatas 3:27 nos muestra  que hemos sido introducidos, es decir, bautizados en Cristo. Entramos en Cristo al creer (Jn 3:16) y por medio del bautismo hemos sido colocados en Él. Por la fe y el bautismo hemos entrado en Cristo. ¡Nosotros en Cristo, aleluya!

Cuando estamos en Cristo, estamos revestidos de Él e identificados con Él. En nuestro bautismo somos introducidos en Su nombre (Mt 28:19), en Su persona viviente (Ga 3:27), en Su muerte (Ro 6:3) y en Su Cuerpo (1Co 12:13). Esta es una introducción única en esencia (en Cristo) y cuádruple en función y efecto (En Su nombre/Persona viviente/muerte/Cuerpo). ¡Es maravilloso!

Vestirse de Cristo es vivir por Cristo (Ro 13:14; Ef 4:24; Col 3:10) y así magnificar a Cristo (Fil 1:20), expresándolo en nuestro vivir (Fil 1:21).

Cristo nuestra morada

Vemos que en el Antiguo Testamento las vestimentas sacerdotales eran del mismo material que el tabernáculo. ¡Estaban hechas de lo mismo que el tabernáculo! El material de las cortinas, el velo y el lienzo a la entrada del tabernáculo consistía el hilos de varios colores y lino fino torcido… igual que las vestiduras (Ex 26:1, 5-6, 31, 36, 28:8). Otro materiales como el oro y las piedras preciosas formaban parte de las vestiduras.

El tabernáculo era las vestimentas. Los mismos materiales. Ellos estaban vestidos del tabernáculo. ¡Esto es importante e impactante! En el Nuevo Testamento los creyentes que son los sacerdotes moran en Cristo y la iglesia.

“El nuevo hombre es el Cuerpo de Cristo, y vestirse del nuevo hombre significa vestirse de Cristo como Cuerpo, lo cual equivale a estar vestido del Cuerpo; en otras palabras, debemos “vestirnos” del Cuerpo. El Cuerpo es nuestra vestimenta y nuestra cubierta (Ef 4:22-24; 2:15-16).»

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Ref:
  • La palabra santa para el avivamiento matutino, titulada “El recobro del sacerdocio con miras al edificio de Dios″, semana 3: “Cristo como alimento, vestimenta y morada de los sacerdotes”
  • Estudio-vida de Éxodo, págs 118-119
  • El sacerdocio, disponible para leer online aquí
  • The Priesthood and God’s Building caps 9-10
  • The Collected Works of Witness Lee, tomo 2, “Functioning in Life as Gifts Given to the Body of Christ, caps 7

Revelación cuádruple de la economía de Dios con respecto a la iglesia en 1 Timoteo 3

Muchos cristianos, cuando se les pregunta acerca del tercer capítulo de la primera epístola a Timoteo dicen que…

«Es un capítulo que trata de las características de los ancianos, los que vigilan en la iglesia, o que es sobre la moralidad de los líderes, o que contiene disposiciones eclesiales, requisitos sacerdotales…»

En cierta medida y cada una de las descripciones, en sus contextos, es cierta, pero no tocan el corazón de la revelación de Dios en esta epístola y en este capítulo. En 1 Timoteo 3 se revela la economía de Dios en cuatro frases «Grande es el misterio de la piedad»; «Dios fue manifestado en la carne»; «la iglesia es la casa del Dios viviente» y «la iglesia es columna y fundamento de la verdad». Aquí vemos la función de la iglesia, ser casa del Dios viviente, y ser columna y fundamento de la verdad.

La iglesia es la casa de Dios. «Casa» se refiere a familia. Casa y familia aquí son lo mismo. La familia de Dios es la casa de Dios. Dios tiene Su casa en la asamblea de los creyentes (Ef 2:19; He 3:6). La realidad de que esta casa es la morada, la habitación de Dios está en nuestro espíritu (Ef 2:22). Tenemos que ejercitar nuestro espíritu para aumentar nuestra capacidad de ir a y permanecer en nuestro espíritu, vivir en él, actuar en él y por él, para que en esta casa, Dios sea manifestado como el Dios viviente.

Hemos de ver que Dios es un Dios viviente. No es una abstracción mental, no es el resultado de una derivación filosófica. No es el Dios tradicional, del cual sabemos por lejanas historias en el Antiguo Testamento. Dios es un Dios viviente y subjetivo. Hemos de tocarlo, contactarlo, experimentarlo y conocerlo en nuestro espíritu para que pueda manifestarse. El Dios morador, de Quien somos familia y habitación, habita en nosotros, quiere manifestarse en nosotros. La familia de Dios, Su casa, es viviente en el Dios viviente, y es viviente porque Él lo es. ¡Aleluya! ¡Proclamemos esto con alegría, triunfalmente! ¡Somos vivientes porque el Dios viviente vive en nosotros! ¡Soy verdaderamente viviente porque el Dios viviente vive en mí! ¡Alabado sea el Señor!

Cuando disfrutamos al Dios viviente en nosotros, Él se manifiesta en nosotros. Cuando la iglesia disfruta y experimenta al Dios viviente, Dios se manifiesta en la iglesia. Por ello, la iglesia es la manifestación del Dios viviente. La iglesia es la manifestación del Dios viviente en la carne. Somos la manifestación del Dios viviente en la carne. Somos la manifestación del Dios viviente no por causa de nuestra carne sino a pesar de ella. ¡Dios se ha manifestado en la carne! Cuando proclamamos esto, estamos anunciando algo acerca de nosotros mismos también». ¡Esto es maravilloso! El hombre en Dios y Dios en el hombre es la maravilla más grande del universo.

La casa de Dios, la iglesia, es columna y fundamento de la verdad. Con esta metáfora se muestra que, como columna sostiene el edificio de Dios, donde habita Dios, y como fundamento, sostiene las columnas. Todo edificio se sostiene sobre un buen fundamento y con fuertes columnas. La verdad, la realidad del Dios Triuno hoy, es sostenida por la iglesia, donde está la realidad del Dios Triuno. Dios yace en Su casa, la iglesia. Esta es la manifestación de Dios en la carne, por ello es columna y fundamento de la verdad. La verdad se sostiene, se valida y es constatable en la realidad de la iglesia. Aquí verdad se refiere a todas las cosas verdaderas acerca de Cristo y la iglesia reveladas en el Nuevo Testamento, según la economía neotestamentaria de Dios. ¡Amén!