Regresar a la normalidad como sacerdotes para ser edificados juntos

¿Qué es un sacerdote?

Un sacerdote, según la revelación pura de la Biblia -de ningún modo en términos tradicionales- es un ser humano normal. Por extensión un creyente normal es uno que vive en el espíritu, como Pablo en Romanos 1:11, sirviendo al Señor allí en adoración. 

Primeramente es alguien que comprende «que el plan de Dios consiste en forjarse en un grupo de personas a fin de que Él pueda ser su vida y ellos puedan llegar a ser Su expresión (1P 2:5,9; Ap 1:6). Si no servimos a Dios, no importa ninguna otra cosa, nuestra persona y acciones son anormales desde la perspectiva de Dios. El estándar es nuestra relación con Dios, la naturaleza de la misma y nuestra posición (5:10).

Por otro lado, un sacerdote no es alguien que trabaja para Dios, sino alguien que “recibe a Dios, que está lleno, saturado impregnado de Dios, y de cuyo interior Dios fluye a fin de que él sea una expresión viva de Dios» (1P 2:5,9). Esto significa que sirve a Dios en su espíritu, siendo vivificado por Dios, completamente guiado por Dios (Ro 1.9; 8:11, Ef 3:16-21;). Nuestro concepto debe cambiar. El verdadero sacerdocio debe ser recobrado.

¿Cómo?

Debemos abrirnos primeramente a Dios. Esto significa que debemos ser plenamente receptivos a Dios. Es seguro que Dios desea entrar. Si nosotros le abrimos las puertas de manera amplia, Él entrará para inundarnos consigo mismo. Hay miles de creyentes que han pasado por esta etapa y pueden -podemos- testificar que cuando nos abrimos a Dios, Él entra en nosotros y somos llenos de Dios, esto desde el punto de vista de Dios es uno de los requisitos para que Él llegue a ser nuestra expresión, es decir, para que nosotros lo lleguemos a expresar. Desde nuestro lado esta es una experiencia superior, maravillosa, indescriptible. No hay logro, cumplimiento, entretenimiento, motivación o actividad que iguale a ser lleno de Dios en cuanto a su plenitud y disfrute.
Una vez que nos abrimos a Dios, somos llenos con Él y completamente impregnados (1Ts 5:23). De este modo somos uno con Dios y somos vestidos de Él exteriormente como poder, sino que en nuestro interior Él lo satura todo (Lc 24:45; Ef 5:18).

Una vez llenos y saturados de Dios…

Así, y de manera espontánea, Él fluirá desde nosotros. ¿No quiere usted ser lleno y saturado con Dios? ¿No anhela que Él fluya de usted? Esto es lo máximo, algo absolutamente satisfactorio y fuera de este mundo. Dios es el creador de todas las cosas y el sostenedor de todas las cosas con la Palabra de Su poder. Este Dios maravilloso es único y eterno, sobrepasa cualquier otra cosa en majestad, poder, excelencia, dulzura y perfecciones.
Este Dios inimitable entró en la humanidad y llegó a ser el Espíritu dador de vida, el otro Consolador, para traer todas las riquezas de Dios a nosotros, a nuestros interior, a nuestra limitada y pequeña aldea humana personal. Este Dios puede llenarnos y sólo necesita que nos abramos a Él y llegar a ser unidos con Él (Ef 6:17). Una vez que esto ocurre, comenzamos a ser edificados con otros en este fluir de vida (Jn 7:38; Ef 2:21-22).

Resultados

FluiráAsí que debemos vivir únicamente por los intereses de Dios y servirle a Él, no trabajando para Él, sino recibiéndole, siendo llenos de Dios. Los intereses de Dios consisten en forjarse en un grupo de personas, un sacerdocio santo y real, como Su morada. Para ello, Él debe llenarnos y fluir desde el interior de nosotros. Así Él llega a ser nuestra vida y nosotros obtenemos Su expresión viva, es decir, expresamos a Dios de manera apropiada.
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Señor, Amamos Tu edificación. Nos abrimos a Ti para ser llenos. Sabemos que puedes y quieres saturarnos contigo. Te alabamos por Tu plan. Revélanos Tu plan aún más. Cuánto te necesitamos. Sabemos que quieres impartirte en el hombre para edificar así Tu morada. Guíanos para que podamos ser los creyentes normales, que te sirven abriéndose a Ti, recibiéndote a Ti, siendo saturados contigo, y siendo revestidos contigo como poder, para que Tu edifiques Tu hogar. Gracias, Señor.
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Ref:
  • El recobro del sacerdocio con miras al edificio de Dios”, semana 2, “La definición de lo que es un sacerdocio”
  • Estudio-vida de Éxodo pág 1408, disponible para leer online aquí.

El sacerdocio y el reinado producen la imagen y el dominio de Dios

Nuestro Señor es maravilloso. Su plan es maravilloso. Cuando vamos a Él y tenemos comunión con Él, es tan dulce, tan indescriptiblemente satisfactorio. Las personas que prefieren entretenimientos y conductas independientes de Dios es porque no han probado la exquisita y absolutamente superior experiencia de recibirlo, disfrutarlo, ser llenos de Él, sostenidos por Él y guiados por Él. No se trata de explicaciones, ni de religión, ni de hacer cosas u observar determinados preceptos, está relacionado con ser llenos del Dios disponible cada día, para que el nos suministre con todo de una manera tan disfrutable. La comunión interior con Dios, el fluir de Dios en nosotros es simplemente lo más excelente y magnífico que podamos tener, lo cual proporciona la extraña certeza de peso y coherencia que de otra manera no se siente. ¡Señor, e amamos, te recibimos, atesoramos tu presencia y tu comunión! ¡No queremos perder tu comunión en nuestro interior! ¡Sigue fluyendo desde nuestro interior, sigue regándonos y llenándoos durante todo el día! ¡Eres tan precioso para mí! Gracias, Señor.

Ya habiamos compartimos los aspectos principales de Cristo, como renuevo doble, de Jehová y de David, para cumplir el propósito de Dios, siendo nuestro Sumo Sacerdote Real. Vimos que todos los tipos de sacerdocio en el registro bíblico están incluidos en Cristo para llevar a cabo la economía de Dios, comenzando por resolver el asunto de nuestro pecado al ofrecerse como Ofrenda ante Dios, aceptada por Dios, derrotar al enemigo de Dios, y llegar a ser el Espíritu vivificante, al cual recibimos al creer, para ser suministrados con todas las riquezas de Dios, y ser salvos por completo del mundo, el pecado, el yo, la muerte y los resultados de la muerte. En este proceso, que incluye la encarnación, el vivir humano, la crucifixión, la resurrección, la ascensión y el regreso como el Espíritu, para traer al Dios Triuno a nosotros, para poder llenarnos Consigo mismo hasta rebozar, constituirnos, ocupar y poseer todo nuestro ser, para cumplir el deseo del corazón de Dios, para que nosotros seamos los sacerdotes reales hoy y nación santa, y anunciemos las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable, y así muchos puedan recibir a Dios, al ser convictos de pecado y juicio, recibir al Señor y funcionar apropiadamente como los sacerdotes de hoy, con vistas a la edificación de Su Casa.

Imagen y dominio

Fuimos creados a Su imagen para ejercer dominio

«El sacerdocio y el reinado tienen como finalidad la imagen de Dios y Su dominio. El sacerdocio hace que el hombre tenga la imagen de Dios y el reinado hace que el hombre tenga el dominio de Dios” para llevar a cabo la intención original de Dios.

En Génesis 1:26 vemos 2 aspectos principales relacionados con la creación del hombre: Imagen y dominio. «La imagen tiene como objetivo la expresión de Dios y el dominio tiene como objetivo la representación de Dios, a fin de derrotar a Su enemigo”. Cuando el hombre fue creado, a la imagen de Dios fue creado. Dios quiere expresarse a través del hombre. Cuando recibimos al Señor y nos abrimos a Él y lo disfrutamos, Él se expresa en nosotros. «La imagen tiene como objetivo la expresión de Dios».
Fuimos creado para ejercer dominio. Ninguna otra criatura fue creada para ejercer dominio. Cuando Dios nos hizo, esto fue una etapa muy especial de la creación, porque colocó un espíritu dentro de nosotros, lo cual generó un alma, que es la clase de vida superior -más compleja y elevada- en la creación. Fuimos colocadas en el centro del Edén, frente al árbol de la vida, cuyo fruto representa y contiene la vida divina. «[Este ] dominio tiene como objetivo la representación de Dios a fin de derrotar a Su enemigo”.

Imagen y sacerdocio

“El sacerdocio tiene como objetivo la imagen -la expresión- de Dios”. ¿Cómo es esto? Es probable que algunos ni siquiera han visto nunca esta relación entre el sacerdocio y la imagen de Dios. Un sacerdote es aquella persona elegida y escogida por Dios para intermediar entre Dios y los hombres, y servir. Esta intermediación, siguiendo el registro bíblico, tiene 2 órdenes diferentes, el de Aarón y el de Melquisedec. El sacerdote de Aarón presenta las ofrendas de los hombres frente a Dios para resolver el pecado de los hombres. El de Melquisedec, más elevado, consiste en venir de parte de Dios, con la autoridad y el poder de Dios, para impartirnos Dios a nosotros.
El sacerdote que va a Dios en representación de los hombres resuelve el problema del pecado de los hombres y es para beneficio de los hombres. El sacerdote que ha ido a Dios y que ha sido lleno de Dios, saturado de Dios y rebozando de Dios, adquiere el poder y la autoridad de Dios, la autoridad real que tiene que ver con el reinado, para suplir al hombre. Recordemos a Melquisedec, cuando sale al encuentro de Abram. Él era un rey y sacerdote del altísimo, es un tipo de Cristo y representa el sacerdocio divino, que -a diferencia del de Aarón- no está relacionado con las ofrendas de los pecadores hacia Dios, sino con el suministro de Dios a los hombres para la salvación completa de ellos. ¡Aleluya!
¡Todos, en la práctica, debemos ser estos sacerdotes! Dios sólo puede ser apropiadamente expresado cuando el hombre va a Dios y le permite fluir por medio de él. Esto ocurre cuando contactamos a Dios, nos mezclamos con Dios y somos así transformados y conformados a la imagen de Cristo. Como un reino de sacerdotes, o un sacerdocio real, somos la expresión de Dios, Su manifestación hoy, Su habitación y morada. «Somos Su Casa espiritual como el sacerdocio santo». Por ello el sacerdocio tiene como objetivo la expresión de Dios, lo que está relacionado con Su imagen.

Reinado y dominio

Después de considerar el sacerdocio como la vía que usa Dios para alcanzar Su expresión -la línea del sacerdocio es la de la de la imagen-, veamos que “El reinado tiene como objetivo la autoridad del Señor, Su dominio. Los reyes representan a Dios junto con Su autoridad y poder para derrotar a Su enemigo (Mt 28:19-20; Ro 16:20)». Así que la línea del reinado es la del dominio.
Un rey recibe poder y autoridad para reinar de parte de Dios. Los creyentes que reinan en la vida de Dios, son aquellos que han recibido de Dios el poder y la autoridad, al ir a Dios, mezclarse con Dios, ser llenos de Dios, aún repletos de Dios hasta rebozar, y más todavía, constituidos con Dios, regidos completamente por Dios, siendo absolutamente uno con Dios y de este modo poseen la autoridad y el poder de Dios. Esto no ocurre por nuestros esfuerzos heroicos sino por la gracia de Dios que nos ha sido designada e impartida (Ro 5:17, 21).

La redención, el milenio y los creyentes derrotados

La sangre de Cristo nos redimió e “hizo de nosotros un reino, sacerdotes para Su Dios y Padre” (Ap 1:5-6).
En el milenio los vencedores serán sacerdotes que se acercan a Dios y a Cristo. Ellos serán reyes también, gobernando sobre las naciones juntamente con Cristo (Ap 2:26-27; 20:4, 6).
Por otro lado, aquellos creyentes que sean derrotados perderán esta maravillosa recompensa. Aún queda esperanza para ellos: Después del castigo en el milenio, en la Nueva Jerusalén, en los cielos nuevos y la tierra nueva, servirán a Dios como sacerdotes y representarán a Dios en el reinado (22: 3, 5). ¡Amén!
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