La luz dentro del santuario no es natural

La luz del santuario en el Tabernáculo provenía de las lámparas. Allí no había luz natural, como del sol o la luna. La luz era el resultado de las lámparas en el candelero, frente a la mesa de los panes de la Presencia, cerca de la entrada al Lugar Santísimo. Allí no hay luz natural, como del sol o de una tea (Is 50:10-11). Este brillar es producto del ambiente santo, creado por un Dios santo, servido por sacerdotes santos, que es un gran tipo del servicio santo que hoy le damos al Señor en adoración, en nuestro espíritu. Este es el diseño de Dios, revelado por Dios.

Nada natural

En nuestro servicio al Señor tampoco debe haber nada natural. Nada malo que sea natural ni nada bueno que sea natural, nada que nos guste que sea natural ni nada que nos disguste que sea natural. Nada bíblico, pero que sea natural, o no bíblico, también natural. Nada natural debe haber en nuestro servicio a Dios. En algún sitio he leído que eso es difícil. La realidad es que no se trata de difícil ni fácil, porque no lo hacemos por el esfuerzo humano. De hecho es imposible para el hombre, pero es posible para Dios. El hecho es que ese es el único estándar que Dios aceptará. Eso es lo normal desde la perspectiva divina. Es lo único que llevará a cabo Su propósito. Por el esfuerzo humano no hemos producido la encarnación de Dios. Por el esfuerzo humano no hemos traído al Espíritu a nuestro espíritu. Por nuestro esfuerzo no nos santificamos. La obra de los hombres no realiza Su edificación.

Nuestras habilidades naturales, la educación que hemos recibido y nuestras capacidades no deben ser los medios por los que llevamos -o intentamos llevar- a cabo la obra de Dios. El principio no es “hago esto por mí mismo, con buenas intenciones, y lo hago PARA Dios”. El principio general ha de ser: “Experimento a Dios, para que Él me llene y sature, entonces en Su rebosar, Él proporcionará la dirección, los medios y la meta de toda obra, que llevamos a cabo inmersos en Él y por Su causa”.

Dos principios

Necesitamos ver que ambos principios no son similares, ni complementarios. De hecho son absolutamente contrarios y no se parecen en nada. En la práctica, nosotros no servimos a Dios a través de hacer obras para Dios, sino que servimos a Dios, al permanecer en Él, en nuestro espíritu, y en Él y por Él hacemos Su obra, de la cual participamos. En un sentido lo hacemos nosotros pero en otro sentido lo hace Dios. La referencia es el inicio y la esfera de la obra. Se inicia en Cristo y Cristo es la esfera en la que se hace, es decir, tal obra se ha de encontrar en Cristo. Esto es lo que encontramos en la revelación bíblica.

El brillar divino

El brillar de las lámparas es la expresión de Dios, el fluir de Dios entre nosotros, cuando estamos constituidos con Él y hablamos Cristo ministrándolo a otros. Esta es la manera de Dios para el cumplimiento del propósito de Dios. Las lámparas representan nuestro espíritu, el aceite el Espíritu vivificante. Debemos estar llenos del aceite como las vírgenes fieles. Debemos ser aquellas vírgenes fieles, apartadas para Dios y saturadas de Dios, a quienes no les falta el aceite y cuyas lámparas están encendidas para encontrar el camino, disipando las tinieblas. Esta luz es Dios mismo que brilla en nosotros. Nosotros no debemos brillar por nosotros mismos, sino en Dios y por Dios (Jn 1:9; 1Jn 1:5; Ap 21:23-24a). ¡Dios mismo nuestra expresión!

La luz que alumbra el Lugar Santo no es natural ni artificial. Es santa y verdadera. La luz que alumbra el Lugar Santo es Dios mismo (Jn 1:9; 1Jn 1.5; Ap 21:23-24a). La luz divina es verdadera en términos bíblicos, según la revelación en la Palabra. La existencia de otras luces y otras fuentes de iluminación, para Dios, es ausencia de luz, tinieblas. Estas luces varias, que no son Dios expresado y que no provienen de Dios, producen divisiones. Consideremos las notas agrupadas alrededor de los cinco puntos a continuación:

Divisiones

Los cristianos hoy están divididos. Estas divisiones se originan en muchas luces artificiales y naturales. Cada luz artificial o natural produce una división. La luz de Dios conduce a la edificación y la unanimidad, que expresa nuestra unidad, como el sacerdocio único y universal de todos los creyentes genuinos. Las luces varias de los hombres producen estos ghetos estancos, que son exclusivos, y cuyo centro y origen es diferente de Cristo mismo. Su meta es Cristo sólo de manera nominal.

Dios desea edificar Su morada eterna. Él no quiere de ningún modo que nosotros hagamos nuestras propias cabañas, mediante nuestros esfuerzos, y luego se la presentemos diciendo: “Señor, sé que tenías Tus propios planos, Tus materiales, Tu manera para edificar Tu Casa, pero ten en cuenta que hemos laborado incansablemente para fabricar otra cosa, con materiales diferentes y según planes distintos. Aquí tienes. Creímos por nosotros mismos que esto que ahora Te damos es lo mejor para Ti. Señor, cambia de idea y acepta esto que ahora Te imponemos y apruébanos”.

Vayamos a Isaías 50:10-11. Allí se menciona a aquellos que no temen a Jehová, que no oyen a Su profeta, que andan en tinieblas por no tener la luz divina, que no confían en Jehová y no se apoyan en Él, que tienen luz propia hecha, entiéndase hecha por ellos mismos, y se guían por ella. El resultado: Tormento.

Aquí hay una contraposición muy clara. Por un lado ellos andan sin luz, por otro lado tienen luz. La primera se refiere a la luz divina, el brillar de Dios como resultado de temerle, escucharlo, confiar en Él, evitar expresarnos a nosotros mismos, sino experimentar al Señor mismo para que Él llegue a ser nuestra expresión, y así recibir Su dirección para, en obediencia y bajo Su autoridad, seguirlo, según Su voluntad y para el cumplimiento de Su propósito revelado y anunciado por Él mediante Su profeta. La segunda luz debe referirse a lo contrario. Las figuras de encender fuego, rodearse de teas y ser guiados por esa iluminación artificial producirán espontáneamente el abandono de Dios respecto a nuestras obras y por supuesto de nuestras personas, relacionadas con tales obras espúreas, porque son contrarias a Él, no tienen Su origen en Él, y Él mismo no es la esfera dentro de la que ellas están.

En 2Co 11:13-14, Pablo habla de «los falsos apóstoles, obreros fraudulentos», aquellos que se disfrazan de apóstoles y alega que eso no debe sorprendernos porque el mismo Satanás de disfraza de esta manera, es decir, se transfigura de este modo, indicando que Satanás es el origen de los falsos apóstoles, a los que se refiere usando el término superapóstoles (véase también 2Co 12:11).

Andar bajo la luz auténtica

Por causa del deseo en el corazón de Dios, y la edificación del Cuerpo de Cristo, que cumple Su deseo, nosotros tenemos que andar bajo la luz auténtica, que es nuestro Dios que redime y resplandece por medio de la Palabra de Dios. Tenemos que aplicar esta luz a nuestro andar diario. No debemos usar nuestras habilidades naturales, para evitar murmuraciones y razonamientos (Fil 2:14-15). Cuando permanecemos en Dios, seremos llenos de Dios, revestidos de Él, y éste será nuestro brillar.

Apocalipsis 21:23 dice:

«La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lámpara.»

No habrá más noche, ni necesidad de luz de lámpara, ni luz solar porque el Señor iluminará y reinará (Ap 22:5). Aquí encontramos el principio, representado por la luz santa de las lámparas santas en el Lugar Santo en el Tabernáculo, y en Isaías 50. Hay una luz válida, la que proviene de Dios, y otra, que no sólo es innecesaria, sino que es contraria a la luz divina, y sólo produce tinieblas. Las tinieblas son terribles, porque aluden a ausencia de luz. Esta ausencia en realidad es la naturaleza de Satanás en sus obras malignas (1Jn 3:8).

Según la revelación de Dios, cualquier otra luz que no sea la luz santa y divina es ausencia de luz, tinieblas, que producen tormento.

Queridos hermanos y hermanas: La presencia de Dios ilumina porque “Dios es luz y en Él no hay tinieblas (1Jn 1:5). Además, Dios es amor (1Jn 4:8-16) y Dios es Espíritu (Jn 4:24). Su naturaleza es Espíritu, amor y luz. Damos gracias a Dios porque El nos ha librado de las tinieblas satánicas y nos ha llevado a la luz divina (Hch. 26:18; 1 P. 2:9), que es prevaleciente (Jn. 1:4-5). ¡Aleluya!

En Efesios 5:8-9, leemos acerca de lo que éramos y lo que somos de una manera que sorprenderá a más de uno. Allí no dice que antes estábamos EN tinieblas, sino que éramos tinieblas. Tampoco vemos que ahora estamos EN luz, sino que somos luz (Mt 5:14) e hijos de luz. ¿Por qué así? Si lo que hemos leído hasta ahora nos daba una sensación posicional, o de relación nada más, es correcto, pero incompleto. Éramos tinieblas porque éramos uno con Satanás en todos los sentidos. Ahora somos luz porque somos uno con Dios en todos los sentidos. Cuando éramos tinieblas, nos conducíamos según nosotros mismos, que equivale a andar de acuerdo a Satanás, que nos quiere alejados de Dios. Éramos nuestra propia gloria. Ahora que hemos creído, hemos nacido de Dios, debemos conducirnos según lo que somos, luz e hijos de luz. Nuestra gloria es Dios mismo expresado en nosotros. 

Comportarse de este modo requiere una identificación con Dios, que sólo es posible cuando Dios es nuestra realidad y nuestro todo. En este caso haremos Sus obras, no las nuestras. Las obras de Dios solamente se hacen en Dios y desde Dios, dirigidos por Dios y para Dios. Nunca por nosotros mismos para Dios. Nunca desde una posición objetiva con respecto a Dios. Es vital que seamos impresionados por esto para que nos santifiquemos de manera apropiada y completa. Necesitamos invertir tiempo con el Señor. No me refiero meramente estudiar Su Palabra para aprender los hechos, para obtener conocimiento, sino pasar tiempo con el Señor, disfrutarlo, recibirlo, ser llenos de Él, conocerlo subjetivamente. No existe otro modo de brillar. No hay otra manera para que Dios sea expresado en nosotros.

Obtener el Santuario de Dios

Los cristianos nos reunimos siempre. Somos el pueblo que se reúne. Son tan habituales las reuniones cristianas que a veces somos identificados por ellas. El verdadero propósito de que los creyentes se reúnan es obtener el santuario de Dios, el santuario apropiado donde la luz divina resplandece, en las lámparas divinas, ante la vista de todo el mobiliario del Lugar Santo y la entrada al Lugar Santísimo. En estas reuniones, cuando encendemos las lámparas podemos ver los muebles que representan los diferentes aspectos de Cristo: 1) La mesa del pan de la proposición (Ex 25:23), 2) el candelero (25:31) y 3) el altar del incienso (30:1). Con la visión adecuada, bajo la luz que asciende, podemos ver a Cristo en sus diferentes aspectos:

  1. Mesa: Cristo como el banquete nutritivo para los creyentes (1P 2:5, 9; Ap 1:6; 5:10) que es continuación, en cuanto a nuestra experiencia y respecto a la secuencia de la revelación, del arca. Nos reunimos con Dios sobre Cristo (la cubierta propiciatoria) para disfrutar de Su comunión y recibir Su hablar.
  2. Candelero: Cristo como el Dios Triuno corporificado y expresado. El oro puro (la sustancia del candelero) representa a Dios el Padre en Su naturaleza divina; la forma a Dios el Hijo, como corporificación de Dios el Padre (Jn 14:9-11; 2Co 4:4; Col 1:15; 2:9) y las siete lámparas representan a Dios el Espíritu, que es los siete Espíritus de Dios para la expresión siete veces intensificada del Padre en el Hijo (Ap 4:5; 5:6).
  3. Altar del incienso: Cristo como el intercesor, que mantiene la relación de Dios con Su pueblo (Ro 8:34; He 7:25; Ap 8:3).

Así que, en las reuniones apropiadas vemos. Si vemos es porque hay luz. Si nuestra vista es celestial y espiritual, es porque la luz santa está prendida. Cuando las lámparas arden y la luz asciende, disfrutamos y experimentamos a Cristo como la corporificación y expresión del Dios Triuno, Quien mantiene la relación de Dios con Su pueblo. ¡Aleluya! Todos necesitamos una reunión así. ¡Todos necesitamos una experiencia genuina de Dios en Su santuario!

Además de ver a Cristo, vemos la entrada al Lugar Santísimo. Aunque no nos encontramos exactamente allí, vemos la entrada, y tenemos la esperanza de entrar en contacto con las profundidades de Cristo. Todos los redimidos por la Sangre del Cordero y nacidos de nuevo son sacerdotes. Si todos fuéramos sacerdotes en función, adiestrados y capaces, con la madurez necesaria, la reunión sería un brillar de Dios, en Dios. Todos debemos ser aquellos que mantienen una relación cabal y abierta con Dios, permitiendo a Dios llenarnos, purificarnos y santificarnos.

Entonces cuando abramos nuestra boca y hablamos tendremos la iluminación de las lámparas. ¡La reunión, el santuario, estará llena de luz! Mediante la experiencia apropiada de la tipología de la iluminación de las lámparas, las vestiduras sacerdotales, la función sacerdotal, el candelero tenemos la revelación acerca de las reuniones cristianas. Esperamos que todos podamos verla claramente. Necesitamos ser las personas santas, sacerdotes santos y reales, que encienden la luz santa para ver a Cristo en todos Sus aspectos.

Corporificación del Dios Triuno

¿De dónde proviene esta luz que llena el santuario de Dios? Esta luz divina en la reunión para nuestro disfrute, visión y experiencia apropiadas de Dios proviene de la corporificación del Dios Triuno. El Dios Triuno se ha corporificado en el Señor Jesús (Col 2:9). Esta corporificación contiene e incluye la naturaleza divina, la humanidad de Cristo y del Espíritu de Dios, que llega a ser el Espíritu de Cristo. El Espíritu de Cristo junto con Sus siguientes elementos: La encarnación, el vivir humano, crucifixión y la resurrección. «Todo cuanto hagamos so decimos en la reunión debe incluir estos elementos” (Col 2:9-23; 1P 1:4; Ro 1.3-4; 8:9).

Para experimentar

Para que podamos experimentar todo esto necesitamos ser santos, no sólo separados para Dios, sino llenos y constituidos con Dios. Necesitamos estar vestidos con Cristo como nuestra expresión, las vestiduras sacerdotales. Necesitamos reunirnos de manera apropiada para encender las lámparas. Esto requiere todos los aspectos de nuestra experiencia espiritual en nuestra vida espiritual, incluyendo a Cristo como la corporificación del Dios Triuno como el candelero: La naturaleza divina como el oro, la humanidad elevada de Cristo como el pábilo, el espíritu de Cristo como el aceite, que incluyen todas las etapas del proceso experimentado por Cristo. 

Debemos tener a Cristo como el todo y ser santos para experimentar al Señor apropiadamente en la reuniones de la iglesia, como el santuario de Dios hoy.

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Ref:

  • La palabra santa para el avivamiento matutino “El recobro del sacerdocio con miras al edificio de Dios”, semana 4, “Hacer arder las lámparas y quemar el incienso”
  • Estudio-vida de Éxodo, págs 1272, 1278, 1283-1284
  • El sacerdocio, cap 17
  • The Conclusion of the New Testament, pág 4406-4407, mens 431

Un sacerdote genuino sirve a Dios cuando disfruta a Dios en Cristo

En la entrada anterior compartimos una relación abreviada de lo que es -y hace- un sacerdote auténtico. Lo primero que debe hacer un sacerdote es disfrutar a Dios en Cristo mediante el Espíritu en su espíritu regenerado. Esto es lo normal. A veces parece que ser sacerdote es algo muy complejo. En términos de lo profundo y elevado que este asunto es, debemos admitir que es complejo, sin embargo, como toda revelación de Dios, el punto central y práctico es nuestra experiencia.

Somos sacerdotes

Somos sacerdotes para experimentar a Dios y experimentamos a Dios para ser sacerdotes. Dios necesita sacerdotes que edifiquen. Cuando esto ocurre, ellos son edificados como Casa espiritual, que es la morada mutua y eterna de Dios y los hombres.

¿Cómo saber si soy llamado para servir?

Todos los creyentes deben servir a Dios. ¿Cómo servirlo? Primeramente yendo a Dios, contactando a Dios y disfrutando a Dios para estar lleno de Dios y que Dios rebose en nosotros. Entonces Dios llegará a ser nuestra constitución, nuestra vida y nuestra expresión. Todos debemos aprender esta «habilidad espiritual básica», para que Dios pueda expresarse mediante nosotros.

Dios nuestra imagen, nuestra expresión

Dios se expresará a través de nosotros cuando pueda fluir desde nosotros. Dios se quiere forjar en nosotros para expresarse en nosotros y así nosotros llegamos a ser la expresión de Dios. Es crucial para Dios forjarse en el hombre para la edificación de Su Casa. Espero que muchos de nosotros recibamos esta carga y nos abramos al Señor de manera urgente para que Dios nos revele lo que está en Su corazón.

Disfrutar a Dios en Cristo

Un sacerdote es alguien que sirve a Dios cuando disfruta a Dios en Cristo. No es casual que el primer punto del desempeño práctico de un sacerdote que abordamos aquí sea el disfrute de Dios. Toda la experiencia, naturaleza, condición y función sacerdotal dependen directamente de nuestro disfrute de Dios. Disfrutamos a Dios cuando lo adoramos, lo recibimos, permanecemos con Él, sentimos Su presencia, somos contagiados de Su persona maravillosa cuando somos infundidos por Él, llenos de Él.

Pablo servía en su espíritu

En Romanos 1:9 vemos que Pablo servía a Dios en su espíritu, en el evangelio de Su Hijo. Notemos que nunca dice que lo servía de acuerdo a la idea bíblica del evangelio, o siguiendo el plan doctrinal del evangelio a través de muchos esfuerzos. Tampoco dice que él servía en el Espíritu Santo. La palabra griega “servir” significa servir en adoración. «Esta palabra está también usada en Mt 4:10; 2 Ti 1:3; Fil 3:3; Lc 2:37.

La predicación de Pablo era su adoración a Dios

Pablo consideraba su predicación del evangelio como adoración y servicio a Dios, no meramente como una obra”. Pablo servía en su espíritu en el evangelio. Necesitamos leer este versículo con oración, para tener la luz necesaria, y en Su gracia, siendo muy sobrios delante de Dios, recibir la Palabra pura de manera apropiada. Pablo servía en su espíritu, el espíritu regenerado de Pablo, el espíritu humano de Pablo que había sido ocupado por el Espíritu vivificante y mezclado con Él. Aquí no nos referimos al «Espíritu de Dios, sino al espíritu regenerado de Pablo. 

Espíritu, corazón, alma, mente, emoción…

El espíritu es diferente del corazón, del alma, de la mente, de la parte emotiva, de la voluntad y de la vida natural. Cristo y el Espíritu están con los creyentes en el espíritu humano regenerado de ellos (2 Ti. 4:22; Ro. 8:16). En este libro Pablo recalcó que todo lo que somos (2:29; 8:5, 6, 9), todo lo que tenemos (8:10, 16), y todo lo que hacemos para Dios (v.9; 7:6; 8:4, 13; 12:11) debe darse en este espíritu. Él no servía a Dios en su alma por el poder y capacidad del alma, sino en en su espíritu regenerado por medio del Cristo que moraba en él, el Espíritu vivificante. Este es el primer punto importante de su predicación del evangelio.

El Espíritu y el fruto del Espíritu

Por otro lado, Gálatas 5:22 habla del fruto del Espíritu (Espíritu con mayúscula), en nueve aspectos, que son expresiones diferentes del Espíritu, Quien es vida en nosotros. De la misma manera que la carne es la expresión del viejo Adán, el Espíritu es Cristo (1Co 15:45) hecho real para nosotros. En realidad, a Cristo se le vive como el Espíritu en nuestro espíritu.

Los aspectos del fruto del Espíritu presentado por puntos son las misma características de Cristo. Cuando uno disfruta el Espíritu, esto ocurre en nuestro espíritu. Cuando disfruta al Espíritu, disfruta al Hijo, Quien es el Dios completo y el hombre perfecto hecho disponible, accesible y subjetivo para nosotros como el Espíritu. Al Espíritu recibimos cuando creímos y regenera nuestro espíritu. Amén. Pablo servía en su espíritu, en adoración. Nosotros, como sacerdotes hemos de hacer lo mismo. ¡Aleluya!

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Ref:
  • La palabra santa para el avivamiento matutino,“Estudio de cristalización de Éxodo tomo 2″, semana 12: “Un reino de sacerdotes”
  • El avance del recobro del Señor hoy, caps 1-2
  • El sacerdocio, pág 54
  • The Collected Works of Witness Lee, 1965, tomo 2, págs 455, 459 y 461
  • The Collected Works of Witness Lee, tomo 2, “Functioning in Life as Gifts Given to the Body of Christ, caps 7-8.

El sacerdocio y el reinado producen la imagen y el dominio de Dios

Nuestro Señor es maravilloso. Su plan es maravilloso. Cuando vamos a Él y tenemos comunión con Él, es tan dulce, tan indescriptiblemente satisfactorio. Las personas que prefieren entretenimientos y conductas independientes de Dios es porque no han probado la exquisita y absolutamente superior experiencia de recibirlo, disfrutarlo, ser llenos de Él, sostenidos por Él y guiados por Él. No se trata de explicaciones, ni de religión, ni de hacer cosas u observar determinados preceptos, está relacionado con ser llenos del Dios disponible cada día, para que el nos suministre con todo de una manera tan disfrutable. La comunión interior con Dios, el fluir de Dios en nosotros es simplemente lo más excelente y magnífico que podamos tener, lo cual proporciona la extraña certeza de peso y coherencia que de otra manera no se siente. ¡Señor, e amamos, te recibimos, atesoramos tu presencia y tu comunión! ¡No queremos perder tu comunión en nuestro interior! ¡Sigue fluyendo desde nuestro interior, sigue regándonos y llenándoos durante todo el día! ¡Eres tan precioso para mí! Gracias, Señor.

Ya habiamos compartimos los aspectos principales de Cristo, como renuevo doble, de Jehová y de David, para cumplir el propósito de Dios, siendo nuestro Sumo Sacerdote Real. Vimos que todos los tipos de sacerdocio en el registro bíblico están incluidos en Cristo para llevar a cabo la economía de Dios, comenzando por resolver el asunto de nuestro pecado al ofrecerse como Ofrenda ante Dios, aceptada por Dios, derrotar al enemigo de Dios, y llegar a ser el Espíritu vivificante, al cual recibimos al creer, para ser suministrados con todas las riquezas de Dios, y ser salvos por completo del mundo, el pecado, el yo, la muerte y los resultados de la muerte. En este proceso, que incluye la encarnación, el vivir humano, la crucifixión, la resurrección, la ascensión y el regreso como el Espíritu, para traer al Dios Triuno a nosotros, para poder llenarnos Consigo mismo hasta rebozar, constituirnos, ocupar y poseer todo nuestro ser, para cumplir el deseo del corazón de Dios, para que nosotros seamos los sacerdotes reales hoy y nación santa, y anunciemos las virtudes de Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable, y así muchos puedan recibir a Dios, al ser convictos de pecado y juicio, recibir al Señor y funcionar apropiadamente como los sacerdotes de hoy, con vistas a la edificación de Su Casa.

Imagen y dominio

Fuimos creados a Su imagen para ejercer dominio

«El sacerdocio y el reinado tienen como finalidad la imagen de Dios y Su dominio. El sacerdocio hace que el hombre tenga la imagen de Dios y el reinado hace que el hombre tenga el dominio de Dios” para llevar a cabo la intención original de Dios.

En Génesis 1:26 vemos 2 aspectos principales relacionados con la creación del hombre: Imagen y dominio. «La imagen tiene como objetivo la expresión de Dios y el dominio tiene como objetivo la representación de Dios, a fin de derrotar a Su enemigo”. Cuando el hombre fue creado, a la imagen de Dios fue creado. Dios quiere expresarse a través del hombre. Cuando recibimos al Señor y nos abrimos a Él y lo disfrutamos, Él se expresa en nosotros. «La imagen tiene como objetivo la expresión de Dios».
Fuimos creado para ejercer dominio. Ninguna otra criatura fue creada para ejercer dominio. Cuando Dios nos hizo, esto fue una etapa muy especial de la creación, porque colocó un espíritu dentro de nosotros, lo cual generó un alma, que es la clase de vida superior -más compleja y elevada- en la creación. Fuimos colocadas en el centro del Edén, frente al árbol de la vida, cuyo fruto representa y contiene la vida divina. «[Este ] dominio tiene como objetivo la representación de Dios a fin de derrotar a Su enemigo”.

Imagen y sacerdocio

“El sacerdocio tiene como objetivo la imagen -la expresión- de Dios”. ¿Cómo es esto? Es probable que algunos ni siquiera han visto nunca esta relación entre el sacerdocio y la imagen de Dios. Un sacerdote es aquella persona elegida y escogida por Dios para intermediar entre Dios y los hombres, y servir. Esta intermediación, siguiendo el registro bíblico, tiene 2 órdenes diferentes, el de Aarón y el de Melquisedec. El sacerdote de Aarón presenta las ofrendas de los hombres frente a Dios para resolver el pecado de los hombres. El de Melquisedec, más elevado, consiste en venir de parte de Dios, con la autoridad y el poder de Dios, para impartirnos Dios a nosotros.
El sacerdote que va a Dios en representación de los hombres resuelve el problema del pecado de los hombres y es para beneficio de los hombres. El sacerdote que ha ido a Dios y que ha sido lleno de Dios, saturado de Dios y rebozando de Dios, adquiere el poder y la autoridad de Dios, la autoridad real que tiene que ver con el reinado, para suplir al hombre. Recordemos a Melquisedec, cuando sale al encuentro de Abram. Él era un rey y sacerdote del altísimo, es un tipo de Cristo y representa el sacerdocio divino, que -a diferencia del de Aarón- no está relacionado con las ofrendas de los pecadores hacia Dios, sino con el suministro de Dios a los hombres para la salvación completa de ellos. ¡Aleluya!
¡Todos, en la práctica, debemos ser estos sacerdotes! Dios sólo puede ser apropiadamente expresado cuando el hombre va a Dios y le permite fluir por medio de él. Esto ocurre cuando contactamos a Dios, nos mezclamos con Dios y somos así transformados y conformados a la imagen de Cristo. Como un reino de sacerdotes, o un sacerdocio real, somos la expresión de Dios, Su manifestación hoy, Su habitación y morada. «Somos Su Casa espiritual como el sacerdocio santo». Por ello el sacerdocio tiene como objetivo la expresión de Dios, lo que está relacionado con Su imagen.

Reinado y dominio

Después de considerar el sacerdocio como la vía que usa Dios para alcanzar Su expresión -la línea del sacerdocio es la de la de la imagen-, veamos que “El reinado tiene como objetivo la autoridad del Señor, Su dominio. Los reyes representan a Dios junto con Su autoridad y poder para derrotar a Su enemigo (Mt 28:19-20; Ro 16:20)». Así que la línea del reinado es la del dominio.
Un rey recibe poder y autoridad para reinar de parte de Dios. Los creyentes que reinan en la vida de Dios, son aquellos que han recibido de Dios el poder y la autoridad, al ir a Dios, mezclarse con Dios, ser llenos de Dios, aún repletos de Dios hasta rebozar, y más todavía, constituidos con Dios, regidos completamente por Dios, siendo absolutamente uno con Dios y de este modo poseen la autoridad y el poder de Dios. Esto no ocurre por nuestros esfuerzos heroicos sino por la gracia de Dios que nos ha sido designada e impartida (Ro 5:17, 21).

La redención, el milenio y los creyentes derrotados

La sangre de Cristo nos redimió e “hizo de nosotros un reino, sacerdotes para Su Dios y Padre” (Ap 1:5-6).
En el milenio los vencedores serán sacerdotes que se acercan a Dios y a Cristo. Ellos serán reyes también, gobernando sobre las naciones juntamente con Cristo (Ap 2:26-27; 20:4, 6).
Por otro lado, aquellos creyentes que sean derrotados perderán esta maravillosa recompensa. Aún queda esperanza para ellos: Después del castigo en el milenio, en la Nueva Jerusalén, en los cielos nuevos y la tierra nueva, servirán a Dios como sacerdotes y representarán a Dios en el reinado (22: 3, 5). ¡Amén!
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Ref:

¡Por la sangre de Cristo somos redimidos, perdonados y disfrutamos a Dios en el lugar Santísimo!

Esta mañana he valorado mucho más la sangre de Cristo Jesús – ¡una sangre eterna(ya que Él se ofreció a Dios mediante el Espíritu eterno), una sangre eficaz, una sangre prevaleciente! Su sangre habla mucho más que la sangre de Abel (la cual clamó desde el suelo por venganza) – ¡Su sangre habla de “perdón” y “purificación”! Cuando el Señor Jesús murió en la cruz, Él cumplió los tipos de todas las ofrendas – Él se ofreció a Dios como sacrificio todo-inclusivo en la cruz para hacer frente a las cosas negativas en el mundo. En la cruz Él derramó Su sangre – la cual es para nuestra redención, para nuestro perdón y para tantas cosas más. A continuación, algunos aspectos que he disfrutado acerca de la sangre derramada por el Señor Jesús en la cruz: … Leer más en «Un Dios-hombre es un cristiano normal»

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