Un sacerdote genuino sirve a Dios cuando disfruta a Dios en Cristo

En la entrada anterior compartimos una relación abreviada de lo que es -y hace- un sacerdote auténtico. Lo primero que debe hacer un sacerdote es disfrutar a Dios en Cristo mediante el Espíritu en su espíritu regenerado. Esto es lo normal. A veces parece que ser sacerdote es algo muy complejo. En términos de lo profundo y elevado que este asunto es, debemos admitir que es complejo, sin embargo, como toda revelación de Dios, el punto central y práctico es nuestra experiencia.

Somos sacerdotes

Somos sacerdotes para experimentar a Dios y experimentamos a Dios para ser sacerdotes. Dios necesita sacerdotes que edifiquen. Cuando esto ocurre, ellos son edificados como Casa espiritual, que es la morada mutua y eterna de Dios y los hombres.

¿Cómo saber si soy llamado para servir?

Todos los creyentes deben servir a Dios. ¿Cómo servirlo? Primeramente yendo a Dios, contactando a Dios y disfrutando a Dios para estar lleno de Dios y que Dios rebose en nosotros. Entonces Dios llegará a ser nuestra constitución, nuestra vida y nuestra expresión. Todos debemos aprender esta «habilidad espiritual básica», para que Dios pueda expresarse mediante nosotros.

Dios nuestra imagen, nuestra expresión

Dios se expresará a través de nosotros cuando pueda fluir desde nosotros. Dios se quiere forjar en nosotros para expresarse en nosotros y así nosotros llegamos a ser la expresión de Dios. Es crucial para Dios forjarse en el hombre para la edificación de Su Casa. Espero que muchos de nosotros recibamos esta carga y nos abramos al Señor de manera urgente para que Dios nos revele lo que está en Su corazón.

Disfrutar a Dios en Cristo

Un sacerdote es alguien que sirve a Dios cuando disfruta a Dios en Cristo. No es casual que el primer punto del desempeño práctico de un sacerdote que abordamos aquí sea el disfrute de Dios. Toda la experiencia, naturaleza, condición y función sacerdotal dependen directamente de nuestro disfrute de Dios. Disfrutamos a Dios cuando lo adoramos, lo recibimos, permanecemos con Él, sentimos Su presencia, somos contagiados de Su persona maravillosa cuando somos infundidos por Él, llenos de Él.

Pablo servía en su espíritu

En Romanos 1:9 vemos que Pablo servía a Dios en su espíritu, en el evangelio de Su Hijo. Notemos que nunca dice que lo servía de acuerdo a la idea bíblica del evangelio, o siguiendo el plan doctrinal del evangelio a través de muchos esfuerzos. Tampoco dice que él servía en el Espíritu Santo. La palabra griega “servir” significa servir en adoración. «Esta palabra está también usada en Mt 4:10; 2 Ti 1:3; Fil 3:3; Lc 2:37.

La predicación de Pablo era su adoración a Dios

Pablo consideraba su predicación del evangelio como adoración y servicio a Dios, no meramente como una obra”. Pablo servía en su espíritu en el evangelio. Necesitamos leer este versículo con oración, para tener la luz necesaria, y en Su gracia, siendo muy sobrios delante de Dios, recibir la Palabra pura de manera apropiada. Pablo servía en su espíritu, el espíritu regenerado de Pablo, el espíritu humano de Pablo que había sido ocupado por el Espíritu vivificante y mezclado con Él. Aquí no nos referimos al «Espíritu de Dios, sino al espíritu regenerado de Pablo. 

Espíritu, corazón, alma, mente, emoción…

El espíritu es diferente del corazón, del alma, de la mente, de la parte emotiva, de la voluntad y de la vida natural. Cristo y el Espíritu están con los creyentes en el espíritu humano regenerado de ellos (2 Ti. 4:22; Ro. 8:16). En este libro Pablo recalcó que todo lo que somos (2:29; 8:5, 6, 9), todo lo que tenemos (8:10, 16), y todo lo que hacemos para Dios (v.9; 7:6; 8:4, 13; 12:11) debe darse en este espíritu. Él no servía a Dios en su alma por el poder y capacidad del alma, sino en en su espíritu regenerado por medio del Cristo que moraba en él, el Espíritu vivificante. Este es el primer punto importante de su predicación del evangelio.

El Espíritu y el fruto del Espíritu

Por otro lado, Gálatas 5:22 habla del fruto del Espíritu (Espíritu con mayúscula), en nueve aspectos, que son expresiones diferentes del Espíritu, Quien es vida en nosotros. De la misma manera que la carne es la expresión del viejo Adán, el Espíritu es Cristo (1Co 15:45) hecho real para nosotros. En realidad, a Cristo se le vive como el Espíritu en nuestro espíritu.

Los aspectos del fruto del Espíritu presentado por puntos son las misma características de Cristo. Cuando uno disfruta el Espíritu, esto ocurre en nuestro espíritu. Cuando disfruta al Espíritu, disfruta al Hijo, Quien es el Dios completo y el hombre perfecto hecho disponible, accesible y subjetivo para nosotros como el Espíritu. Al Espíritu recibimos cuando creímos y regenera nuestro espíritu. Amén. Pablo servía en su espíritu, en adoración. Nosotros, como sacerdotes hemos de hacer lo mismo. ¡Aleluya!

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Ref:
  • La palabra santa para el avivamiento matutino,“Estudio de cristalización de Éxodo tomo 2″, semana 12: “Un reino de sacerdotes”
  • El avance del recobro del Señor hoy, caps 1-2
  • El sacerdocio, pág 54
  • The Collected Works of Witness Lee, 1965, tomo 2, págs 455, 459 y 461
  • The Collected Works of Witness Lee, tomo 2, “Functioning in Life as Gifts Given to the Body of Christ, caps 7-8.

Pablo era ministro de Dios, según la economía de Dios, para nosotros, para completar la Palabra de Dios

En el artículo anterior hablamos del Dios Triuno, en Cristo, como el Espíritu vivificante que mora en nosotros y que recibimos al oír con fe y no por las obras de la ley, como nuestra mayor bendición.

«De [la iglesia] fui hecho ministro, según la mayordomía de Dios que me fue dada para con vosotros, para completar la palabra de Dios.»

Este es Colosenses 1:25. En este verso Pablo dice que Dios, según Su administración (oikonomia), le había designado y constituido como alguien que sirve. Pablo era alguien que servía. La palabra traducida «ministro» es la misma que se usa en el versículo 23, en Efesios 3:7 y en 2 Corintios 3:6 y es la palabra griega que también se usa para «diácono«, es decir, uno que presta un servicio. Así que Pablo era diácono de Dios para servir a los santos. Este servicio era el resultado de la revelación de Dios en Pablo y su propósito era el completamiento de la palabra de Dios. ¿Qué había de ser completado?

Antes del Nuevo Testamento, la revelación divina no estaba completa según todo aquello que Dios es, todo lo que se propone hacer, todo lo que hace y hará y Su meta. Esta revelación con respecto a Cristo, que es el misterio de Dios (Col 1:26) ha sido dada a conocer mediante los apóstoles, principalmente Pablo, en esta era, a los santos. El cuadro con respecto a la naturaleza de Dios, Su propósito, Su anhelo, Su administración divina, todo lo cual implica un plan, estaba oculto a los hombres. Esta economía, que estaba escondida desde los siglos en Dios fue hablada, finalmente desvelada en Pablo, por eso el versículo dice que él fue hecho ministro según esa economía, para que esa economía fuera abierta y trasmitida, y la palabra fuera completada.

La mayordomía de Pablo consistía en el completamiento de la Palabra de Dios. Pablo recibió la revelación de Cristo como el misterio de Dios. Este misterio fue expuesto de esta manera por primera vez por el apóstol y consiste en que el Dios Triuno habita de manera plena, completa (y corporalmente) en Cristo (Col 2:9). Este Cristo, que por ser el Dios completo y el hombre perfecto, es un misterio, puede y debe ser revelado a cada uno de nosotros de manera completa. Hemos de abrirnos a Dios de manera completa para que Él revele a nosotros, no una parte de Cristo, no un Cristo superficial, anecdótico, objetivo o simple, sino de manera completa, en todo lo que Él es, todo cuanto ha logrado, todo lo que está llevando a cabo, todo lo que se propone y hacia dónde se dirige. Hemos de tener la experiencia, el conocimiento íntimo y subjetivo de este Cristo que no es pasado ni es un simple historia, sino que está vivo, es actual, es el Espíritu vivificante para impartirnos vida, es práctico, es suficiente y es absolutamente maravilloso y todo inclusivo. Hemos de permanecer abiertos a Dios para que Él se revele a nosotros y se constituya en nosotros (Col 2:2) como el Cristo completo que hoy cohabita con nosotros y está mezclado con nosotros. ¡Aleluya! Esta era la mayordomía de Pablo, el servicio, la porción importantísima de Pablo según la economía de Dios.

Sin embargo ¿Cómo conocer a Cristo como la corporificación de Dios? ¿Cómo alcanzar este pleno conocimiento? ¿Existe un método de estudio teológico que me lleve a este resultado? ¿Cuánto tiempo debo dedicar a esto cada día para lograr esto? ¿Cuán inteligente debo ser? ¿Cuánto esfuerzo debo emplear? Este definitivamente no es el camino. Oremos en la Palabra para que el Señor nos revele el sitio, la manera, el procedimiento y el camino para finalmente llegar al «pleno conocimiento del misterio de Dios, es decir Cristo».

«Si hemos de conocer a Cristo en realidad como la corporificación de Dios, es necesario que lo experimentemos como el Espíritu vivificante«. En el versículo 2 Pablo menciona tres asuntos previos.

1) Ser consolados en nuestros corazones mediante el cuidado tierno, el pastoreo amoroso de la enseñanza y la revelación del apóstol;

2) Ser entrelazados en amor los unos con los otros

3) Y como resultado o consecuencia el alcanzar el pleno conocimiento de Cristo.

Hemos de ver que en Cristo se encuentran toda la sabiduría y el conocimiento. Cristo es el Espíritu vivificante para impartirnos la vida divina con todas sus riquezas. Fuera de Cristo no existe nada. No busquemos nada fuera de Él. Pablo nos previene en contra de las palabras persuasivas que son engaño, las sutilezas y la filosofía que nunca nos llevarán a Cristo, ni las tradiciones o la ley. Todo esto es el rudimento del mundo. Sin experimentar al Dios Triuno, en Cristo como el Espíritu vivificante en nuestro espíritu (2Corintios 3:17) no llegaremos a cumplir con la carga de la mayordomía de Dios que a Pablo fue asignada según la economía de Dios.

«Si no vemos que Cristo es el Espíritu vivificante, el hecho de que Cristo es la corporificación de Dios será solamente una doctrina o una teoría, será solamente una enseñanza objetiva completamente ajena a nuestra experiencia cristiana. Si este es el caso, la teoría no puede convertirse en realidad. La realidad de Cristo como corporificación de Dios se haya en Cristo como el Espíritu vivificante «.

Señor, no te conozco bien pero me abro a ti. Gracias por la mayordomía asignada a Pablo. Gracias que esta mayordomía es para nosotros y que completa Tu Palabra. Gracias que somos los grandes beneficiarios del servicio de Pablo. Cumple tu voluntad en nosotros. ¡Cuánto te anhelamos! ¡Cuánto te necesitamos! Gracias que eres el Espíritu vivificante. Gracias que podemos acceder a Ti. Amén.

Inspirado por el Estudio-vida de Colosenses. Living Stream Ministry, capítulo 13, completar la Palabra de Dios; Colosenses 1, con sus notas, Nuevo Testamento versión recobro.